Escribiendo en cristiano

19 de marzo de 2011

 

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Artículos de Guillermo Urbizu

 

Innumerables veces Juan Pablo II ha exhortado a los cristianos a que, unidos a toda persona de buena voluntad, intervengan en todos aquellos ámbitos donde se debaten las graves cuestiones que preocupan a la humanidad. Estos “nuevos areópagos”, dice el santo Padre, “son hoy el mundo de la ciencia, de la cultura, de los medios de comunicación; son los ambientes en que se crean las elites intelectuales, los ambientes de los escritores y de los artistas” (Cruzando el umbral de la esperanza, cap XVIII). Mediante esta Sección, DARFRUTO se propone asumir este gran reto con creatividad y sentido crítico.

 

(Como es lógico, las opiniones sobre cuestiones meramente sociales, políticas o culturales vertidas en estos artículos son exclusiva responsabilidad del autor).

 

 

 

 

Escritorio de Guillermo Urbizu

 

 

La mala educación. Damos vueltas y más vueltas al trasiego de nosotros mismos, tratándonos entre demasiados algodones, ignorando las necesidades de los demás. Guillermo Urbizu.

 

Vale la pena querer amar. El matrimonio debe estar unido hasta en la separación. Esto, que puede parecer una perogrullada, en realidad no lo es. El vínculo sigue presente, y la oración y el amor pueden obrar el milagro de lo que parecía imposible: del perdón. Guillermo Urbizu.

 

 

Fieles para siempre. Sí, es posible ser fiel, y serlo para siempre. Porque es posible ser santo. No nos podemos conformar con menos. Guillermo Urbizu.

 

Enseñar a rezar a nuestros hijos. Hoy es más necesario que nunca que los niños recen. Para que su alma madure, para que salven al mundo de la mediocridad espiritual que a todos nos aturde, para que nos ayuden a salir de las arenas movedizas de un tedio al que jamás podremos acostumbrarnos. Guillermo Urbizu.

 

Carta a una mujer desesperada. Una esposa que sufre debe saber que ningún sacrificio se pierde, que ninguna lágrima es inútil. Guillermo Urbizu.  

 

¿Qué significa hacer el amor? El amor más que hacerse se dice. En un continuo diálogo que se demora a lo largo de nuestra existencia. El amor es la comunión de dos almas y de dos cuerpos que en el olvido de sí encuentran la felicidad más allá de cualquier contratiempo y fatiga. Guillermo Urbizu.

 

 

La raíz de la familia. Desde el principio Dios ha querido esta específica común unión entre los hombres. Y sus lazos van mucho más allá del parentesco, pues se anudan en un abrazo de Amor que abarca nuestro anhelo de felicidad absoluta. Guillermo Urbizu.

 

Se escribe mejor de aquello que se ama. Sonríes a la belleza interior de lo invisible. Todavía niña, perspicaz, inquieta maravilla. Tus manos trenzan mis sueños a tus días, y eres el sentido de mi vida.

 

Las jaculatorias de cada día. Son recordatorios, llamadas que nos sirven para vivir con más ahínco la intimidad divina. A veces no es fácil mantener un diálogo fluido con el Señor, pero Él sigue estando ahí, a nuestro lado, esperando apenas un gesto o una palabra para precipitarse en las almas.

 

Carta a Dios. Cuida del hombre y del mundo que nos regalaste. Y concédenos el don de la paz, de la conversión constante. Ah, y gracias por escucharme, por estar siempre a mi lado. G.U.

 

La bondad de mi suegra. No exagero si digo que es una mujer piadosa y equilibrada (pienso que esto último es fruto de lo primero), que desprecia los prejuicios y las mentiras como si fueran la misma peste. Una mujer sensata, que jamás se mete en donde no la llaman. G.U.

 

Oración de un escritor. Señor, Tú me das las palabras y yo las ordeno como buenamente puedo. Quisiera que cada línea me acercara un poco más a Ti. G.U.

 

El Papa y las familias. La familia educa las veinticuatro horas del día durante los siete días de la semana. Es iglesia doméstica, escuela de virtudes y universidad donde los padres y abuelos son libros abiertos. G.U.

 

Una carta de amor. Te quiero con locura. Para mí, vivir es seguirte viendo. Cada palabra que escribo, cada libro que leo (y leo muchos), me hablan sólo de ti. Y de Dios por ti. G.U.

 

Oración por nuestros hijos. Bendice a mis hijos Dios mío, tómalos de Tu mano. Yo procuraré secundarte con humildad, pero a la vez con sano orgullo. Y con alegría. G.U.

 

Mi mujer está enferma. Uno no sabe lo que es el amor hasta que no conoce el dolor. La ansiedad cerca en su devaneo y desafío, pero, aunque no lo comprendamos del todo, es indispensable para su santidad. Y para la mía.

 

Saber vivir y el placer de releer. La relectura es volver a vivir, pero con un sesgo distinto. Mirar con pausa los márgenes de nuestro alrededor. Releer significa amar de nuevo, aventurarse en lo imprevisto de unos signos que nos sugieren furor y misterio.

 

La teoría conyugal es lo más fácil.  Desconfiemos de nosotros mismos y volvamos a contemplar, con enamorada fascinación, el amor de Dios. Un Amor que nos pondrá sobre la pista de la verdadera belleza de nuestra mujer, o de la verdadera bondad de nuestro marido.

 

Carta a Benedicto XVI. El amor al Papa es un signo que caracteriza al cristiano. En una filiación tan misteriosa como necesaria. Mi fidelidad a Dios pasa por mi fidelidad al Papa. Necesariamente. Y esto no es una exageración fundamentalista o un culto extremo. Se trata de un querer divino. G.U.

 

Oración de una madre. Quiero darme sin resquicios a mi marido, darme sin nervios a mis hijos, darme por entero a todos los que llevo en mi corazón. Pero quisiera hacerlo con un cariño más profundo, más delicado, más sosegado y, sobre todo, más sobrenatural.

 

Una biblioteca en condiciones. Nuestra biblioteca nos define. Es autorretrato certero. Pero no vivimos solos. Poco a poco los hijos o los nietos irán fisgoneando.Y eso es lo mejor de todo.

 

Amor a la lectura. Leer es no cansarse de mirar. Es como sumergirse en el sueño de una fotografía y su profundidad. Desde su fondo otra mirada nos observa, en una lengua que se adivina curiosa y llena de delicados secretos. G.U.

 

Oración para los momentos difíciles. Señor, ya está aquí la cruz. Y yo me desoriento, y experimento una vez más la impotencia de ser hombre. La oscuridad me rodea, mientras voy buscando a tientas Tu rostro…

 

La importancia de un partido de fútbol (Segunda carta a un padre de familia). Con afectación presumimos de un trabajo que utilizamos muchas veces a conveniencia. El caso es que andamos equivocados de dimensión. No se trata de tiempo, se trata de amor.

 

Invertir en la educación de los hijos. Habría que cerciorarse de si es verdad que en casa nos ocupamos de nuestros hijos y no los dejamos al albur del ordenador, de la televisión o de terceras  personas. Es decir, si actuamos como padres responsables.

 

La vocación sobrenatural de los hijos. Cada uno de nuestros hijos está llamado por Dios a una específica vocación. Si vivimos en cristiano, y actuamos con coherencia, lo normal es que recemos por esa vocación divina, que deseemos que el Señor los llame a Su lado de una manera o de otra.

 

La amistad de María Vallejo-Nágera. La verdadera amistad es un acontecimiento humano, pero también lo es sobrenatural. Un suceso que nos conmueve en lo más íntimo de nuestro destino por medio de la revelación de su confidencia.

 

Carta a mi madre. El recuerdo de la madre surge constantemente, es algo que el hombre necesita. Pero se trata de mucho más que un recuerdo. Es la realidad de un amor que nos guía de por vida.

 

Cine infantil en familia.“La niñera mágica” me gustó. En aquellos momentos me pareció una de las historias más bonitas jamás contadas. Esa familia era mi propia familia, con sus cuitas y alborotos, con su desorden y cariño. Una pandilla de locos que se quieren de verdad.

 

El síndrome Código da Vinci. El síndrome Código da Vinci consiste, principalmente, en escupir doblones. En forrarse a costa de los crédulos de siempre, capaces de engullir cualquier tipo de paranoia pueril.

 

¿Qué es la literatura? Es una historia de amor que no termina nunca (por nuestro propio bien). La literatura alcanza su cenit después de leída la última página, en la meditación de su despedida.

 

Elogio de la fidelidad conyugal. El amor conyugal requiere un mimo constante, un arte; una íntima perseverancia en la gracia de Dios. El amor es lucha, brega, ímpetu, delicadeza.

 

 

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Este sitio se actualizó por última vez el 19 de marzo de 2011