Escribiendo en cristiano

06 julio 2006

 

 

 

LA AMISTAD DE MARÍA VALLEJO-NÁGERA

(Un testimonio)

 

 

En la existencia de cada uno hay ocasiones en que la Providencia se manifiesta con especial ternura. Por ejemplo cuando Dios nos invita a seguirle más de cerca. O cuando conocemos al hombre o a la mujer de nuestra vida. O cuando nacen los hijos. Pero no menos importante es cuando tenemos la dicha de conocer a un nuevo amigo. O amiga. Alguien que parece que hubiéramos tratado desde siempre. Alguien que de pronto -en un recodo de la prisa- nos escucha y pronuncia las palabras exactas que nos definen.

 

La verdadera amistad es un acontecimiento humano, pero también lo es sobrenatural. Precisamente de tan humano. Un suceso que nos conmueve en lo más íntimo de nuestro destino por medio de la revelación de su confidencia. Y digo que es sobrenatural porque el amor que lo sustenta regenera la naturaleza de nuestra propia alma. Algunos podrán decirme que exagero, o quizá que idealizo. Pues yo les contesto que nones. Porque yo tengo amigas y amigos así, personas que poseen el don maravilloso del cariño. Personas  que me ayudan a ser mejor. Sin afectación, sin jactancia. Y sin ningún mérito por mi parte.

 

Una de esas personas se llama María Vallejo-Nágera. Escribe. Quiero decir que se dedica a escribir profesionalmente. Nada mal por cierto. Hagan la prueba y lean Un mensajero en la noche o La nodriza (las dos publicadas por ediciones B). Pero María engaña. Sin remedio. Quiero decir que puede deslumbrarnos con el espejismo de su apellido, con el frenesí de su literatura, o con el estupor de su belleza. Todo ello, con ser importante, apenas es nada cuando se la conoce. Cuando sus labios pronuncian el amor de Dios y su mirada es un acto de creencia.

 

Lo más profundo de su personalidad la trasciende por completo. Porque es su fe.  Cuando estás con ella sientes el contorno de una alegría que es plenitud de vida. En la conversación no hay chismes ni críticas, desánimos o fingimiento. Hablamos con naturalidad de las cosas que a los dos nos importan: -Dios, nuestras familias, las almas. Y de tantas y tantas personas a las que ronda el Señor en lo más profundo de su corazón. Incluidos algunos de los más impertinentes escritores. Que no siempre son los más importantes.

 

Se abre el ascensor con una sonrisa. Aparece María, con su  elegancia innata. Esbelta, pulcra, y un poco más delgada. Se lo digo. Apenas tiempo para hablar, rodeados de novelistas que acechan. Pero quiero ir al grano: el objetivo último -y primero- de nuestra amistad es ayudarnos a ser santos. Dicho así puede parecer algo estrambótico, un desafío a la razón, una “beatería” impropia de nuestro tiempo, donde lo que llaman amistad es una desdibujada conjetura. Sin embargo así es. Por ello la amistad de María Vallejo-Nágera no deja de sorprenderme nunca en su privilegio. Gracias amiga mía. Y me da absolutamente igual lo que puedan pensar los demás.

 

Posdata: Pasa el tiempo, pasan los años. Cada vez soy más consciente de mi nulidad y medianía. Pero para mi sorpresa los amigos crecen en número y fundamento. Son los centinelas de mi felicidad.

 

 

GUILLERMO URBIZU   

 

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