Escribiendo en cristiano

06 octubre 2006

 

 

Fundada sobre roca

 

 

Fundada sobre roca, de Louis de Wohl

(Historia breve de la Iglesia)

Traducción de Joaquín Esteban Perruna

Ediciones Palabra. Madrid. 236 págs.

 

 

 

Las palabras de evangelista San Mateo que sirven de título al libro ya nos anticipan el milagro constante que es la historia de la Iglesia. Eso y la sucesión en el tiempo -engarce con la eternidad- de los  sucesores de Pedro, de los Papas. La verdad es que leer el libro que Pío XII encargó al magnífico escritor Louis de Wohl (1903-1961) es un ejercicio muy gratificante. Para el intelecto por una parte, pero también para el alma. Quiero decir que Pío XII sabía lo que pedía y a quien se lo pedía.

 

Historias de la Iglesia hay unas cuantas. Uno puede leer con curiosidad y provecho, por ejemplo, la decimonónica del abad V. Postel, pese a todas sus pegas y carencias. O puede leer la más reciente escrita por Llorca, García Villoslada y Montalbán (publicada en la BAC), que quizá sea la mejor, o de las mejores. Pero lo que se le encomendó al autor de La luz apacible -maestro del género de la novela histórica- era algo más accesible y narrativo. Un libro que dotara al rigor histórico de un ritmo “novelesco”.

 

Y lo consiguió, sin ninguna duda. La lectura no puede resultar más atractiva. Sus páginas imantan nuestra atención de principio a fin -desde los primeros cristianos hasta el inicio del Concilio Vaticano II-, hace que nos sintamos protagonistas de una acción estremecedora, de unos hechos que se desenvuelven en el misterio de la libertad humana y de la voluntad divina. (“Una religión sin misterio se convierte en una religión sin un Dios personal”). Lo divino y lo humano trenzan el maravilloso argumento de la salvación del hombre. El amor de Dios que se encarna en la historia, en su vertiginoso transcurrir.

 

La primera gran virtud de este libro es la sencillez de su estilo -que la multitud de datos no logra desbaratar- y su difícil síntesis. La segunda es que siendo un libro de historia no deja de transmitir un profundo poso de espiritualidad. Y no sólo por la materia de la que trata. Luis de Wohl, por encima de calamidades, herejías, corrupción o violencia -“Dios, de los males saca bienes”-, es muy consciente de que se las está viendo con la Providencia, de que la santidad de muchas personas -reflejo de un único modelo: Cristo-  ha hecho posible que la barca de Pedro no zozobre. Napoleón, que tanto combatió a la Iglesia, lo supo ver al final de su vida, cuando dijo: “Jesucristo era algo más que un hombre”. Y desde luego cada Papa también. A pesar de los pesares.

 

Lectura muy aconsejable para todos. Sobre todo para los cristianos, tan necesitados de combatir la inopia, de formarnos en un criterio claro, en una fe viva.

 

 

GUILLERMO URBIZU

 

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