Escribiendo en cristiano

13 enero 2007

 

 

 

Oración por nuestros hijos

                                                                         Para Fernando Navas

 

 

Señor mío y Dios mío, soy padre, a imagen Tuya. Soy padre porque Tú lo quisiste, y sufro. Contemplo a mis hijos mientras juegan, o mientras estudian. Y sufro. Imagino su futuro como si Tú no existieras, como si Tú no fueras también su Padre. Su más real y verdadero Padre. De sobra sabes que me falta fe, que no me acabo de creer del todo que Tú jamás los abandonas. Y sufro. Y mis hijos me producen un vértigo extraordinario. ¡Los quiero tanto! Y me hace sufrir su futuro Jesús mío, lleno de tentaciones y peligros. Quisiera tenerlos siempre a mi lado, en un abrazo sin fin, pero comprendo que al único lado que deben estar es al Tuyo. Sin excusas.

 

Líbrame Señor de este inútil desasosiego, y no dejes que mime en exceso a mis hijos, que estropee la gracia de Tu amor en sus almas. Si flojeo mis hijos serán flojos, si consiento saldrán unos consentidos. Por eso rezo esta oración. Para que me ayudes más todavía. Lo necesito. Ser padre no es tarea fácil, de sobra lo sabes. Agota la paciencia de cualquiera. Tantas y tantas veces en que te preguntas qué actitud tomar ante la enésima trastada, o la desobediencia como premisa, o el capricho que acaba inevitablemente en desvarío. Y me acuerdo de Ti, mientras ibas educando con sabiduría a Tu pueblo elegido.

 

En la educación el amor requiere la misericordia de la disciplina. Eso está claro. Sin embargo a la hora de la verdad cuesta mucho ser constante, decirles que no a todo lo que no les conviene. Por agotamiento cedes en lo que no hay que ceder. Y después vienen las amargas consecuencias. Señor, mis hijos necesitan un horario, necesitan tiempo, necesitan hacer deporte, necesitan leer, necesitan muchas cosas. Pero lo que más necesitan es verte a Ti como referencia absoluta de mi familia y del mundo. Métete en su corazón, sé su mejor amigo. Que no se avergüencen de Ti. Hazlos Tuyos para siempre, que “la mies es mucha y los obreros pocos”.

 

Bendice a mis hijos Dios mío, tómalos de Tu mano. Yo -cada día que pasa soy más y más indigno- procuraré secundarte con humildad, pero a la vez con sano orgullo. Y con alegría. Y cuando me ponga a jugar con ellos, o cuando les corrija, o cuando vayamos al cine, o cuando recemos juntos, pensaré que en realidad eres Tú el que hablas y actúas a través mío. Es la única manera de hacerlo un poco mejor. De esta forma seré un padre cristiano con todas las de la ley. Contigo afrontaré borrascas, miedos, incertidumbres y sufrimientos. Ya nada temeré.

 

Que al final de esta oración yo ya no sea el mismo. Soy padre, y sufro. Es verdad. Pero también gozo. Y mucho. A contracorriente y con mil dificultades gozo de Tu infinita ternura Dios mío, que eres Padre nuestro y me consuelas en mis cotidianos afanes. Mira a mis hijos, mira a sus ojos. Haz que descubran la extraordinaria aventura de la santidad.

 

 

GUILLERMO URBIZU

 

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