Escribiendo en cristiano

04 junio 2006

 

 

¿Qué es la literatura?

 

 

 

 

¿Literatura? Son los sueños que se reflejan en el brillo de tus verdes ojos de niña. Es la biblioteca del alma que expone nuestras miradas por estricto orden de desconcierto. Es aquella carta de amor que todavía no encuentra palabras ni tiempo. Es lo que está mucho más allá de la Academia y su doctorada cofradía. Literatura son los recuerdos de un incierto resplandor futuro. Es el suave tacto de un abecedario imposible. Es la lectura que José de Espronceda hizo de Jaime Gil de Biedma, o la que Dante hizo de T.S. Eliot. Literatura es la combinación infinita de tus gestos, y mi desasosiego. Literatura es pensarte, sin afeites ni amanerados remilgos.  

 

Literatura es releer en tu voz el cuerpo de todas las demás palabras que han sido. Es el deseo urgente de tu presencia. Es cada uno de los sauces que habitan tu mansedumbre. Es el milagro que nos lleva de uno a otro confín. Literatura es la suma de cada uno de nuestros elocuentes silencios. Es coger la poesía al vuelo, e ir cobrando paulatinamente más altura. Es la gramática de nuestras vidas. O es aquel paseo a orillas del río Duero, flanqueados por la proeza de la luz entre los olmos.

 

Literatura es tomarte de la mano y sentir, absorto, el amparo de la  belleza. Es conjugar el verbo creer en sus diversos tiempos y modos. Es el catálogo de los siglos, la Historia universal de su prodigio. Literatura es un instante infinito. Es la inspiración de la experiencia. Literatura es, incluso, el fútbol de los domingos. Es no acostumbrarse a la vida, ni a sus argucias o exequias. Literatura significa interiorizar el meollo de una realidad demasiado propensa al fetichismo y a la patología. Es memoria y magisterio, en su  líquida nostalgia de tinta.

 

La literatura es el cauce por el que discurre la reflexión del sentimiento y el sentido de la razón. Es una historia de amor que no termina nunca (por nuestro propio bien). La literatura alcanza su cenit después de leída la última página, en la meditación de su despedida. Es la certidumbre del espíritu, testimonio de una realidad en constante ebullición. Es un lenguaje escrito en el remolino del olvido. La literatura  es la desgarradura del dolor, su mordedura. Es verso y prosa, maravilla y amargor, entretenimiento y sublimación.

 

Que no pretendan hacer de ella -de la literatura- conciliábulo de feriantes, encaje de servidumbres, exhibicionismo de alcahuetes, mojiganga ornamental, furor mercantil. En definitiva, follón y fullería. Negocio y viento. Algo que tiene que ver muy poco con la soledad del lector y su libro, en un rincón del tiempo y del asombro.

 

  

GUILLERMO URBIZU

 

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