Echar raíces

11 diciembre 2006

 

 

Los Reyes Magos 

 

 

Nacido Jesús en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes, unos Magos llegaron de Oriente a Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle. (…) Ellos, después de oír al rey se pusieron en marcha. Y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta pararse sobre el sitio donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Y entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrados le adoraron; luego, abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra (Mt 2, 1-11).

 

 

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¿Dónde está el Rey de los Judíos que acaba de nacer? (Mt 2, 2).— Con esta pregunta los Reyes demuestran buscar, en el fondo, a una madre. Pues el lugar de un bebé es siempre un regazo. ¿Y qué es el Portal sino su símbolo material y su ampliación en el espacio?

 

El lugar de Jesús tiene un rostro y un nombre: María.

 

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¡Hemos visto su estrella!— Estrella itinerante e intermitente, la vocación avanza sin cesar pero no cambia nunca; se oculta a veces, pero permanece siempre.

 

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Llegaron del oriente  preguntando “¿dónde está el rey?” (Mt 2, 1).— Oriente viene de oriens, que significa “amanecer”. Estos Magos, por tanto, parecen algo des-orientados.

 

Hemos visto su estrella en oriente y venimos a adorarle; aunque caminamos hacia Occidente lo que buscamos es el Oriente; nos dirigimos al ocaso, pero buscando la Aurora…

 

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Paradoja: para conocer la tierra hay que mirar al cielo. Cuanto más alto se mira más firme se camina. Sólo quien sabe de Dios conoce al hombre. El auténtico realista es el que reza.

 

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Mejor una estrella clara que un camello fuerte. Prefiero saber adónde que tener con qué.

 

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Naciendo, Jesús ilumina esta tierra donde llevamos siglos moviéndonos a tientas, dando golpes de ciego. El recién llegado nos introduce en nuestra propia casa, a nosotros, que nos creíamos sus dueños.

 

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De tanto mirarla, la estrella se les metió dentro. La señal indicadora acabó convirtiéndose en impulso interior. La vocación-estrella se torna, para el caminante fiel, en vocación-motor.

 

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Buscad lo de arriba, gustad lo de arriba (Colosenses 3, 1-2).— Si quieres gustar tienes que buscar. Y eso hicieron los Magos. Al final de su periplo, aquel astro frío y lejano se mudó en cálida dulzura: Les precedía y vino a pararse justo encima de donde yacía el niño (Mt 2, 9). Rindiéndose piadosamente ante el Niño, la estrella parecía humanizarse; agachándose sobre el Portal les convidaba al calor del pesebre y al mimo de esa carne, tierna y desvalida.

 

Así la oración: lo que empiezas buscando arriba lo acabas gustando abajo.

 

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Recorreré el camino de tus mandatos, porque has ensanchado mi corazón, (Viam mandatorum tuorum curram, quia dilatasti cor meum, Sal 118, 32) .— Cada Mago avanza con su camello y con su ilusión. Los camellos se cansan, acaso mueren y hay que reponerlos, pero la ilusión renace a cada paso y se afianza. La esperanza crece según se acerca a su objeto.

 

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Hemos visto su estrella y por eso venimos…— Orar es descifrar los signos de Dios, desplegar su mapa, seguir su pista. En el libro del cielo leemos la tierra.

 

 

 

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