La esperanza y el deseo

20 mayo 2006

 

 

Salterio

(Según la numeración litúrgica,

que corresponde con la Vulgata)

 

 

 

 

Salmo 1

Los dos caminos del hombre

 

Dichoso el hombre

  que no sigue el consejo de los impíos,

  ni entra por la senda de los pecadores,

  ni se sienta en la reunión de los cínicos;

  sino que su gozo es la ley del Señor,

  y medita su ley día y noche.

 

Será como un árbol

  plantado al borde de la acequia:

  da fruto en su sazón

  y no se marchitan sus hojas;

  y cuanto emprende tiene buen fin.

 

No así los impíos, no así;

  serán paja que arrebata el viento.

  En el juicio los impíos no se levantarán,

  ni los pecadores en la asamblea de los justos;

  porque el Señor protege el camino de los justos,

  pero el camino de los impíos acaba mal.

 

 

 

 

 

Salmo 2

¿Por qué se amotinan las naciones?

 

¿Por qué se amotinan las naciones,

  y los pueblos planean un fracaso?

 

Se alían los reyes de la tierra,

  los príncipes conspiran

  contra el Señor y contra su Mesías:

  "rompamos sus coyundas,

  sacudamos su yugo".

 

El que habita en el cielo sonríe,

  el Señor se burla de ellos.

  Luego les habla con ira,

  los espanta con su cólera:

  "yo mismo he establecido a mi Rey

  en Sión, mi monte santo".

 

Voy a proclamar el decreto del Señor;

  El me ha dicho:

  "Tú eres mi hijo:

  yo te he engendrado hoy.

  Pídemelo:

  te daré en herencia las naciones,

  en posesión, los confines de la tierra:

 

los gobernarás con cetro de hierro,

  los quebrarás como jarro de loza".

 

Y ahora, reyes, sed sensatos;

  escarmentad, los que regís la tierra:

  servid al Señor con temor,

  rendidle homenaje temblando;

  no sea que se irrite, y vayáis a la ruina,

  porque se inflama de pronto su ira.

  ¡Dichosos los que se refugian en él!

 

 

 

Salmo 3

Confianza en medio de la angustia.

 

Señor, cuántos son mis enemigos,

  cuántos se levantan contra mí;

  cuántos dicen de mí:

  "ya no lo protege Dios".

 

Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria,

  tú mantienes alta mi cabeza.

  Si grito invocando al Señor,

  El me escucha desde su monte santo.

 

Puedo acostarme y dormir y despertar:

  el Señor me sostiene.

  No temeré al pueblo innumerable

  que acampa a mi alrededor.

 

Levántate, Señor;

  sálvame, Dios mío:

  tú golpeaste a mis enemigos en la mejilla,

  rompiste los dientes de los malvados.

 

De ti, Señor, viene la salvación

  y la bendición sobre tu pueblo.

 

 

 

Salmo 4

Acción de gracias

 

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;

  tú que en el aprieto me diste anchura,

  ten piedad de mí y escucha mi oración.

 

Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,

  amaréis la falsedad y buscaréis el engaño?

  Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,

  y el Señor me escuchará cuando lo invoque.

 

Temblad y no pequéis,

  reflexionad en el silencio de vuestro lecho;

  ofreced sacrificios legítimos

  y confiad en el Señor.

 

Hay muchos que dicen: "¿Quién nos hará ver la dicha,

  si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?"

 

Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría

  que si abundara en trigo y en vino.

 

En paz me acuesto y en seguida me duermo,

  porque tú sólo, Señor, me haces vivir tranquilo.

 

 

 

 

 

 

 

Salmo 5

Oración de la mañana de un justo perseguido

 

Señor, escucha mis palabras,

  atiende a mis gemidos,

  haz caso de mis gritos de auxilio,

  Rey mío y Dios mío.

 

A ti te suplico, Señor;

  por la mañana escucharás mi voz,

  por la mañana te expongo mi causa,

  y me quedo aguardando.

 

Tú no eres un Dios que ame la maldad,

  ni el malvado es tu huésped,

  ni el arrogante se mantiene en tu presencia.

 

Detestas a los malhechores,

  destruyes a los mentirosos;

  al hombre sanguinario y traicionero

  lo aborrece el Señor.

 

Pero yo, por tu gran bondad,

  entraré en tu casa,

  me postraré ante tu templo santo

  con toda reverencia.

 

Señor, guíame con tu justicia,

  porque tengo enemigos;

  alláname tu camino.

 

En su boca no hay sinceridad,

  su corazón es perverso;

  su garganta es un sepulcro abierto,

  mientras halagan con la lengua.

 

Que se alegren los que se acogen a ti,

  con júbilo eterno;

  protégelos, para que se llenen de gozo

  los que aman tu nombre.

 

Porque tú, Señor, bendices al justo,

  y como un escudo lo rodea tu favor.

 

 

 

 

 

 

 

Salmo 6

Oración del afligido que acude a Dios

 

Señor, no me corrijas con ira,

  no me castigues con cólera.

  Misericordia, Señor, que desfallezco;

  cura, Señor, mis huesos dislocados.

  Tengo el alma en delirio,

  y tú, Señor, ¿hasta cuando?

 

Vuélvete, Señor, liberta mi alma,

  sálvame por tu misericordia.

 

Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,

  y en el abismo, ¿quién te alabará?

 

Estoy agotado de gemir:

  de noche lloro sobre el lecho,

  riego mi cama con lágrimas.

  Mis ojos se consumen irritados,

  envejecen por tantas contradicciones.

 

Apartaos de mí, los malvados,

  porque el Señor ha escuchado mis sollozos;

  el Señor ha escuchado mi súplica,

  el Señor ha aceptado mi oración.

 

Que la vergüenza abrume a mis enemigos,

  que avergonzados huyan al momento.

 

 

 

Salmo 7

Oración del justo calumniado

 

Señor, Dios mío, a ti me acojo,

  líbrame de mis perseguidores y sálvame,

  que no me atrapen como leones

  y me desgarren sin remedio.

 

Señor, Dios mío: si soy culpable,

  si hay crímenes en mis manos,

  si he causado daño a mi amigo,

  si he protegido a un opresor injusto,

  que el enemigo me persiga y me alcance,

  que me pisotee vivo por tierra,

  apretando mi vientre contra el polvo.

 

Levántate, Señor, con tu ira,

  álzate contra el furor de mis adversarios,

  acude, Dios mío, a defenderme

  en el juicio que has convocado.

  Que te rodee la asamblea de las naciones,

  y pon tu asiento en lo más alto de ella.

  El Señor es juez de los pueblos.

 

Júzgame, Señor, según mi justicia,

  según la inocencia que hay en mí.

  Cese la maldad de los culpables,

  y apoya tú al inocente,

  tú que sondeas el corazón y las entrañas,

  tú, el Dios justo.

 

Mi escudo es Dios,

  que salva a los rectos de corazón.

  Dios es un juez justo,

  Dios amenaza cada día:

  si no se convierten, afilará su espada,

  tensará el arco y apuntará.

  Apunta sus armas mortíferas,

  prepara sus flechas incendiarias.

 

Mirad: concibió el crimen, está preñado de maldad,

  y da a luz el engaño.

  Cavó y ahondó una fosa,

  caiga en la fosa que hizo,

  recaiga su maldad sobre su cabeza,

  baje su violencia sobre su cráneo.

 

Yo daré gracias al Señor por su justicia,

  tañendo para el nombre del Señor altísimo.

 

 

 

Salmo 8

SEÑOR, DIOS NUESTRO

 

Señor, Dios nuestro,

  que admirable es tu nombre en toda la tierra,

  en toda la tierra.

 

Cuando contemplo el cielo,

  obra de tus dedos,

  la luna y las estrellas que has creado.

  Qué es el hombre para que te acuerdes de él;

  el ser humano, para darle poder.

  Qué es el hombre para que te acuerdes de él;

  el ser humano, para darle poder.

 

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

  lo coronaste de gloria y dignidad,

  le diste el mando sobre las obras de tus manos,

  todo lo sometiste bajo sus pies.

 

Rebaños de ovejas y toros,

  y hasta las bestias del campo,

  las aves del cielo, los peces del mar,

  todo lo sometiste bajo sus pies.

 

 

 

Salmo 9

Acción de gracias por la victoria

 

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,

  proclamando todas tus maravillas;

  me alegro y exulto contigo,

  y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo.

 

Porque mis enemigos retrocedieron,

  cayeron y perecieron ante tu rostro.

  Defendiste mi causa y mi derecho,

  sentado en tu trono como juez justo.

 

Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío

  y borraste para siempre su apellido.

  El enemigo acabó en ruina perpetua,

  arrasaste sus ciudades y se perdió su nombre.

 

Dios está sentado por siempre

  en el trono que ha colocado para juzgar.

  El juzgará el orbe con justicia

  y regirá las naciones con rectitud.

 

El será refugio del oprimido,

  su refugio en los momentos de peligro.

  Confiarán en ti los que conocen tu nombre,

  porque no abandonas a los que te buscan.

 

Tañed en honor del Señor, que reside en Sión;

  narrad sus hazañas a los pueblos;

  él venga la sangre, él recuerda

  y no olvida los gritos de los humildes.

 

Piedad, Señor; mira como me afligen mis enemigos;

  levántame del umbral de la muerte,

  para que pueda proclamar tus alabanzas

  y gozar de tu salvación en las puertas de Sión.

 

Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron,

  su pie quedó prendido en la red que escondieron.

  El Señor apareció para hacer justicia,

  y se enredó el malvado en sus propias acciones.

 

Vuelvan al abismo los malvados,

  los pueblos que olvidan a Dios.

  El no olvida jamás al pobre,

  ni la esperanza del humilde perecerá.

 

Levántate, Señor, que el hombre no triunfe:

  sean juzgados los gentiles en tu presencia.

  Señor, infúndeles terror,

  y aprendan los pueblos que no son más que hombres.

 

 

 

Salmo 10

El Señor, esperanza del justo.

 

Al Señor me acojo, ¿por qué me decís:

  "escapa como un pájaro al monte,

  porque los malvados tensan el arco,

  ajustan las saetas a la cuerda,

  para disparar en la sombra contra los buenos?

  Cuando fallan los cimientos,

  ¿qué podrá hacer el justo?"

 

Pero el Señor está en su templo santo,

  el Señor tiene su trono en el cielo,

  sus ojos están observando,

  sus pupilas examinan a los hombres.

 

El Señor examina a inocentes y culpables,

  y al que ama la violencia El lo odia.

  Hará llover sobre los malvados ascuas y azufre,

  les tocará en suerte un viento huracanado.

 

Porque el Señor es justo y ama la justicia:

  los buenos verán su rostro.

 

 

 

Salmo 11

Invocación a la fidelidad de Dios contra los enemigos mentirosos

 

Sálvanos, Señor, que se acaban los buenos,

  que desaparece la lealtad entre los hombres:

  no hacen más que mentir a su prójimo,

  hablan con labios embusteros

  y con doblez de corazón.

 

Extirpe el Señor los labios embusteros

  y la lengua fanfarrona

  de los que dicen: "la lengua es nuestra fuerza,

  nuestros labios nos defienden,

  ¿quién será nuestro amor?"

 

El Señor responde: "por la opresión del humilde,

  por el gemido del pobre,

  yo me levantaré,

  y pondré a salvo al que lo ansía".

 

Las palabras del Señor son palabras auténticas,

  como plata limpia de ganga,

  refinada siete veces.

 

Tú nos guardarás, Señor,

  nos librarás para siempre de esa gente:

  de los malvados que merodean

  para chupar como sanguijuelas sangre humana.

 

 

 

Salmo 12

Súplica del justo que confía en el Señor.

 

¿Hasta cuando, Señor, seguirás olvidándome?

  ¿Hasta cuando me esconderás tu rostro?

  ¿Hasta cuando he de estar preocupado,

  con el corazón apenado todo el día?

  ¿Hasta cuando va a triunfar mi enemigo?

 

Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío;

  da luz a mis ojos

  para que no me duerma en la muerte,

  para que no diga mi enemigo: "le he podido",

  ni se alegre mi adversario de mi fracaso.

 

Porque yo confío en tu misericordia:

  alegra mi corazón con tu auxilio,

  y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.

 

 

 

 

 

 

 

 

Salmo 13

Corrupción y necedad del impío.

 

Dice el necio para sí:

  "No hay Dios".

  Se han corrompido cometiendo execraciones,

  no hay quien obre bien.

 

El Señor observa desde el cielo

  a los hijos de Adán,

  para ver si hay alguno sensato

  que busque a Dios.

 

Todos se extravían

  igualmente obstinados,

  no hay uno que obre bien,

  ni uno solo.

 

Pero ¿no aprenderán los malhechores,

  que devoran a mi pueblo como pan

  y no invocan al Señor?

 

Pues temblarán de espanto,

  porque Dios está con los justos.

  Podéis burlaros de los planes del desvalido,

  pero el Señor es su refugio.

 

¡Ojalá venga desde Sión

  la salvación de Israel!

  Cuando el Señor cambie la suerte de su pueblos,

  se alegrará Jacob y gozará Israel.

 

 

 

Salmo 14

¿Quién es justo ante el Señor?

 

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda

  y habitar en tu monte santo?

 

El que procede honradamente

  y práctica la justicia,

  el que tiene intenciones leales

  y no calumnia con su lengua,

 

  el que no hace mal a su prójimo

  ni difama al vecino,

  el que considera despreciable al impío

  y honra a los que temen al Señor,

 

el que no retracta lo que juró

  aún en daño propio,

  el que no presta dinero a usura

  ni acepta soborno contra el inocente.

 

El que así obra nunca fallará.

 

 

 

Salmo 15

El Señor es el lote de mi heredad

 

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;

  yo digo al Señor: "Tú eres mi bien".

  Los dioses y señores de la tierra

  no me satisfacen.

 

Multiplican las estatuas

  de dioses extraños;

  no derramaré sus libaciones con mis manos,

  ni tomaré sus nombres en mis labios.

 

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;

  mi suerte está en tu mano:

  me ha tocado un lote hermoso,

  me encanta mi heredad.

 

Bendeciré al Señor, que me aconseja,

  hasta de noche me instruye internamente.

  Tengo siempre presente al Señor,

  con él a mi derecha no vacilaré.

 

Por eso se me alegra el corazón,

  se gozan mis entrañas,

  y mi carne descansa serena.

  Porque no me entregarás a la muerte,

  ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

 

Me enseñarás el sendero de la vida,

  me saciarás de gozo en tu presencia,

  de alegría perpetua a tu derecha.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Salmo 16

Dios, esperanza del inocente perseguido

 

Señor, escucha mi apelación

  atiende a mis clamores,

  presta oído a mi súplica,

  que en mis labios no hay engaño:

  emane de ti la sentencia,

  miren tus ojos la rectitud.

 

Aunque sondees mi corazón,

  visitándolo de noche,

  aunque me pruebes al fuego,

  no encontrarás malicia en mí.

 

Mi boca no ha faltado

  como suelen los hombres;

  según tus mandatos, yo me he mantenido

  en la senda establecida.

  Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,

  y no vacilaron mis pasos.

 

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;

  inclina el oído y escucha mis palabras.

  Muestra las maravillas de tu misericordia,

  tú que salvas de los adversarios

  a quien se refugia a tu derecha.

 

Guárdame como a las niñas de tus ojos,

  a la sombra de tus alas escóndeme

  de los malvados que me asaltan,

  del enemigo mortal que me cerca.

 

Han cerrado sus entrañas

  y hablan con boca arrogante;

  ya me rodean sus pasos,

  se hacen guiños para derribarme,

  como un león ávido de presa,

  como un cachorro agazapado en su escondrijo.

 

Levántate, Señor, hazle frente, doblégalo,

  que tu espada me libre del malvado,

  y tu mano, Señor, de los mortales;

  mortales de este mundo:

  sea su lote esta vida;

  de tu despensa les llenarás el vientre,

  se saciarán sus hijos

  y dejarán a sus pequeños lo que sobra.

 

Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia,

  y al despertar me saciaré de tu semblante.

 

 

 

Salmo 17

Acción de gracias después de la victoria

 

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;

  Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.

  Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,

  mi fuerza salvadora, mi baluarte.

  Invoco al Señor de mi alabanza

  y quedo libre de mis enemigos.

 

Me cercaban olas mortales,

  torrentes destructores me aterraban,

  me envolvían las redes del abismo,

  me alcanzaban los lazos de la muerte.

 

En el peligro invoqué al Señor,

  grité a mi Dios:

  desde su templo él escuchó mi voz,

  y mi grito llegó a sus oídos.

 

Entonces tembló y retembló la tierra,

  vacilaron los cimientos de los montes,

  sacudidos por su cólera;

  de su nariz se alzaba una humareda,

  de su boca un fuego voraz.

  y lanzaba carbones ardiendo.

 

Inclinó el cielo y bajó

  con nubarrones debajo de sus pies;

  volaba a caballo de un querubín

  cerniéndose sobre las alas del viento,

  envuelto en un manto de oscuridad;

 

Como un toldo, lo rodeaban

  oscuro aguacero y nubes espesas;

  al fulgor de su presencia, las nubes

  se deshicieron en granizo y centellas;

 

y el Señor tronaba desde el cielo,

  el Altísimo hacía oír su voz:

  disparando sus saetas,  los dispersaba,

  y sus contínuos relámpagos los enloquecían.

 

El fondo del mar apareció,

  y se vieron los cimientos del orbe,

  cuando tú, Señor, lanzaste un bramido,

  con tu nariz resoplando de cólera.

 

Desde el cielo alargó la mano y me agarró,

  me sacó de las aguas caudalosas,

  me libró de un enemigo poderoso,

  de adversarios más fuertes que yo.

 

Me acosaban el día funesto,

  pero el Señor fue mi apoyo:

  me sacó a un lugar espacioso,

  me libró porque me amaba.

 

El Señor retribuyó mi justicia,

  retribuyó la pureza de mis manos,

  porque seguí los caminos del Señor

  y no me rebelé contra mi Dios;

  porque tuve presentes sus mandamientos

  y no me aparté de sus preceptos;

 

Le fui enteramente fiel,

  guardándome de toda culpa;

  el Señor retribuyó mi justicia,

  la pureza de mis manos en su presencia.

 

Con el fiel, tú eres fiel;

  con el íntegro, tú eres íntegro;

  con el sincero, tú eres sincero;

  con el astuto, tú eres sagaz.

  Tú salvas al pueblo afligido

  y humillas los ojos soberbios.

 

Señor, tú eres mi lámpara;

  Dios mío, tú alumbras mis tinieblas.

  Fiado en ti, me meto en la refriega,

  fiado en mi Dios, asalto la muralla.

 

Perfecto es el camino de Dios,

  acendrada es la promesa del Señor;

  El es escudo para los que a El se acogen.

 

¿Quién es dios fuera del Señor?

  ¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios?

  Dios me ciñe de valor

  y me enseña un camino perfecto;

 

El me da pies de ciervo,

  y me coloca en las alturas;

  El adiestra mis manos para la guerra,

  y mis brazos para tensar la ballesta.

 

Me dejaste tu escudo protector,

  tu diestra me sostuvo,

  multiplicaste tus cuidados conmigo.

  Ensanchaste el camino a mis pasos,

  y no flaquearon mis tobillos;

 

yo perseguía al enemigo hasta alcanzarlo,

  y no me volvía sin haberlo aniquilado:

  los derroté, y no pudieron rehacerse,

  cayeron bajo mis pies.

 

Me ceñiste de valor para la lucha,

  doblegaste a los que me resistían;

  hiciste volver a la espalda a mis enemigos,

  rechazaste a mis adversarios.

 

Pedían auxilio, pero nadie los salvaba;

  gritaban al Señor, pero no les respondía.

  Los reduje a polvo, que arrebataba el viento;

  los pisoteaba como barro de las calles.

 

Me libraste de las contiendas de mi pueblo,

  me hiciste cabeza de naciones,

  un pueblo extraño fue mi vasallo.

 

Los extranjeros me adulaban,

  me escuchaban y me obedecían.

  Los extranjeros palidecían

  y salían temblando de sus baluartes.

 

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,

  sea ensalzado mi Dios y Salvador:

  el Dios que me dió el desquite

  y me sometió los pueblos;

 

que me libró de mis enemigos,

  me levantó sobre los que resistían

  y me salvó del hombre cruel.

 

Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor,

  y tañeré en honor de tu nombre:

  tu diste gran victoria a tu rey,

  tuviste misericordia de tu Ungido,

  de David y su linaje por siempre.

 

 

 

 

 

 

 

 

Salmo 18

El cielo proclama la gloria de Dios

 

El cielo proclama la gloria de Dios,

  el firmamento pregona

  la obra de sus manos:

  el día al día le pasa el mensaje,

  la noche a la noche se lo susurra.

 

Sin que hablen, sin que pronuncien,

  sin que resuene su voz,

  a toda la tierra alcanza su pregón

  y hasta los límites del orbe su lenguaje.

 

Allí le ha puesto su tienda al sol:

  él sale como el esposo de su alcoba,

  contento como un héroe,

  a recorrer su camino.

 

Asoma por un extremo del cielo,

  y su órbita llega al otro extremo:

  nada se libra de su calor.

 

 

 

Salmo 19

Oración por la victoria del Rey

 

Que te escuche el Señor el día del peligro,

  que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;

  que te envíe auxilio desde el santuario,

  que te apoye desde el monte de Sión.

 

Que se acuerde de todas tus ofrendas,

  que le agraden tus sacrificios;

  que cumpla el deseo de tu corazón,

  que dé éxito a todos tus planes.

 

Que podamos celebrar tu victoria

  y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes;

  que el Señor te conceda todo lo que pides.

 

Ahora reconozco que el Señor

  da la victoria a su ungido,

  que lo ha escuchado desde su santo cielo,

  con los prodigios de su mano victoriosa.

 

Unos confían en sus carros,

  otros en su caballería;

  nosotros invocamos el nombre

  del Señor, Dios nuestro.

 

Ellos cayeron derribados,

  nosotros nos mantenemos en pie.

  Señor, da la victoria al Rey

  y escúchanos cuando te invocamos.

 

 

 

Salmo 20

Acción de gracias por la victoria del rey

 

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,

  ¡y cuánto goza con tu victoria!

  Le has concedido el deseo de su corazón,

  no le has negado lo que pedían sus labios.

 

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,

  y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.

  Te pidió vida, y se la has concedido,

  años que se prolongan sin término.

 

Tu victoria ha engrandecido su fama,

  lo has vestido de honor y majestad.

  Le concedes bendiciones incesantes,

  lo colmas de gozo en tu presencia;

  porque el rey confía en el Señor,

  y con la gracia del Altísimo no fracasará.

 

Levántate, Señor, con tu fuerza,

  y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

 

 

 

Salmo 21

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

 

Dios mío, Dios mío,

  ¿por qué me has abandonado?

  a pesar de mis gritos,

  mi oración no te alcanza.

  Dios mío, de día te grito,

  y no respondes;

  de noche, y no me haces caso;

  aunque tú habitas en el santuario,

  esperanza de Israel.

 

En ti confiaban nuestros padres;

  confiaban, y los ponías a salvo;

  a ti gritaban, y quedaban libres;

  en ti confiaban, y no los defraudaste.

 

Pero yo soy un gusano, no un hombre,

  vergüenza de la gente,

  desprecio del pueblo;

  al verme, se burlan de mí,

  hacen visajes, menean la cabeza:

  "acudió al Señor, que lo ponga a salvo;

  que lo libre si tanto lo quiere".

 

Tú eres quien me sacó del vientre,

  me tenías confiado

  en los pechos de mi madre;

  desde el seno pasé a tus manos,

  desde el vientre materno tú eres mi Dios.

  No te quedes lejos,

  que el peligro está cerca

  y nadie me socorre.

 

Me acorrala un tropel de novillos,

  me cercan toros de Basán;

  abren contra mí las fauces

  leones que descuartizan y rugen.

 

Estoy como agua derramada,

  tengo los huesos descoyuntados;

  mi corazón, como cera,

  se derrite en mis entrañas;

 

mi garganta está seca como una teja,

  la lengua se me pega al paladar;

  me aprietas

  contra el polvo de la muerte.

 

Me acorrala una jauría de mastines,

  me cerca una banda de malhechores;

  me taladran las manos y los pies,

  puedo contar mis huesos.

 

Ellos me miran triunfantes,

  se reparten mi ropa,

  echan a suerte mi túnica.

 

Pero tú, Señor, no te quedes lejos;

  fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.

  líbrame a mí de la espada,

  y a mí única vida de la garra del mastín;

  sálvame de las fauces del león;

  a éste pobre, de los cuernos del búfalo.

 

Contaré tu fama a mis hermanos,

  en medio de la asamblea te alabaré.

 

 

 

Salmo 22

El Buen Pastor

 

El Señor es mi Pastor, nada me falta:

  en verdes praderas me hace recostar;

 

me conduce hacia fuentes tranquilas

  y repara mis fuerzas;

  me guía por el sendero justo,

  por el honor de su nombre.

 

Aunque camine por cañadas oscuras,

  nada temo, porque tu vas conmigo:

  tu vara y tu cayado me sosiegan.

 

Preparas una mesa ante mí,

  enfrente de mis enemigos;

  me unges la cabeza con perfume,

  y mi copa rebosa.

 

Tu bondad y tu misericordia me acompañan

  todos los días de mi vida,

  y habitaré en la casa del Señor

  por años sin término.

 

 

 

Salmo 23

Entrada solemne de Dios en su templo

 

Del Señor es la tierra y cuanto lo llena,

  el orbe y todos sus habitantes:

  El la fundó sobre los mares,

  El la afianzó sobre los ríos.

 

- ¿Quién puede subir al monte del Señor?

  ¿Quién puede estar en el recinto sacro?

 

- El hombre de manos inocentes

  y puro corazón,

  que no confía en los ídolos

  ni jura contra el prójimo en falso.

  Ese recibirá la bendición del Señor,

  le hará justicia el Dios de salvación.

 

- Este es el grupo que busca al Señor,

  que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

 

¡Portones!, alzad los dinteles,

  que se alcen las antiguas compuertas:

  va a entrar el Rey de la gloria.

 

- ¿Quién ese Rey de la gloria?

- El Señor, Dios de los ejércitos.

  El es el Rey de la gloria.

 

 

 

Salmo 24

Oración por toda clase de necesidades

 

A ti, Señor, levanto mi alma;

  Dios mío, en ti confío

  no quede yo defraudado,

  que no triunfen de mí mis enemigos,

  pues los que esperan en ti no quedan defraudados,

  mientras que el fracaso malogra a los traidores.

 

Señor, enséñame tus caminos,

  instrúyeme en tus sendas:

  haz que camine con lealtad;

  enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,

  y todo el día te estoy esperando.

 

Recuerda, Señor, que tu ternura

  y tu misericordia son eternas;

  no te acuerdes de los pecados

  ni de las maldades de mi juventud;

  acuérdate de mí con misericordia,

  por tu bondad, Señor.

 

El Señor es bueno y es recto,

  y enseña el camino a los pecadores;

  hace caminar a los humildes con rectitud,

  enseña su camino a los humildes.

 

Las sendas del Señor son misericordia y lealtad

  para los que guardan su alianza y sus mandatos.

  Por el honor de tu nombre, Señor,

  perdona mis culpas, que son muchas.

 

¿Hay alguien que tema al Señor

  El le enseñará el camino escogido:

  su alma vivirá feliz,

  su descendencia poseerá la tierra.

 

El Señor se confía con sus fieles,

  y les da a conocer su alianza.

  Tengo los ojos puestos en el Señor,

  porque El saca mis pies de la red.

 

Mírame, oh Dios, y ten piedad de mí,

  que estoy solo y afligido.

  Ensancha mi corazón oprimido

  y sácame de mis tribulaciones.

 

Mira mis trabajos y mis penas

  y perdona todos mis pecados;

  mira cuántos son mis enemigos,

  que me detestan con odio cruel.

 

Guarda mi vida y líbrame,

  no quede yo defraudado de haber acudido a ti.

  La inocencia y la rectitud me protegerán,

  porque espero en ti.

 

Salva, oh Dios, a Israel

  de todos sus peligros.

 

 

 

Salmo 25

Oración confiada del inocente

 

Hazme justicia, Señor, que camino en la inocencia;

  confiando en el Señor, no me he desviado.

 

Escrútame, Señor, ponme a prueba,

  sondea mis entrañas y mi corazón,

  porque tengo ante los ojos tu bondad,

  y camino en tu verdad.

 

No me siento con gente falsa,

  no me junto con mentirosos;

  detesto las bandas de malhechores,

  no tomo asiento con los impíos.

 

Lavo en la inocencia mis manos,

  y rodeo tu altar, Señor,

  proclamando tu alabanza,

  enumerando tus maravillas.

 

Señor, yo amo la belleza de tu casa,

  el lugar donde reside tu gloria.

 

No arrebates mi alma con los pecadores,

  ni mi vida con los sanguinarios,

  que en su izquierda llevan infamias,

  y su derecha está llena de sobornos.

 

Yo, en cambio, camino en la integridad;

  sálvame, ten misericordia de mí.

  Mi pie se mantiene en el camino llano;

  en la asamblea bendeciré al Señor.

 

 

 

Salmo 26

Confianza ante el peligro

 

El Señor es mi luz y mi salvación,

  ¿a quién temeré?

  El Señor es la defensa de mi vida,

  ¿quién me hará temblar?

 

Cuando me asaltan los malvados

  para devorar mi carne,

  ellos, enemigos y adversarios,

  tropiezan y caen.

 

Si un ejército acampa contra mí,

  mi corazón no tiembla;

  si me declaran la guerra,

  me siento tranquilo.

 

Una cosa pido al Señor,

  eso buscaré:

  habitar en la casa del Señor

  por los días de mi vida;

  gozar de la dulzura del Señor,

  contemplando su templo.

 

El me protegerá en su tienda

  el día del peligro;

  me esconderá

  en lo escondido de su morada,

  me alzará sobre la roca;

 

y así levantaré la cabeza

  sobre el enemigo que me cerca;

  en su tienda sacrificaré

  sacrificios de aclamación:

  cantaré y tocaré para el Señor.

 

Escúchame, Señor, que te llamo;

  ten piedad, respóndeme.

  Oigo en mi corazón:

  "Buscad mi rostro".

  Tu rostro buscaré, Señor,

  no me escondas tu rostro.

 

No rechaces con ira a tu siervo,

  que tú eres mi auxilio;

  no me deseches, no me abandones,

  Dios de mi salvación.

 

Si mi padre y mi madre me abandonan,

  el Señor me recogerá.

  Señor, enséñame tu camino,

  guíame por la senda llana,

  porque tengo enemigos.

 

No me entregues

  a la saña de mi adversario,

  porque se levantan contra mí

  testigos falsos,

  que respiran violencia.

 

Espero gozar de la dicha del Señor

  en el país de la vida.

  Espera en el Señor, sé valiente,

  ten ánimo, espera en el Señor.

 

 

 

Salmo 27

Súplica y acción de gracias

 

A tí, Señor, te invoco;

  Roca mía, no seas sordo a mi voz;

  que, si no me escuchas, seré igual

  que los que bajan a la fosa.

 

Escucha mi voz suplicante

  cuando te pido auxilio,

  cuando alzo las manos

  hacia tu santuario.

 

No me arrebates con los malvados

  ni con los malhechores,

  que hablan de paz con el prójimo,

  pero llevan la maldad en el corazón.

 

Bendito el Señor, que escuchó

  mi voz suplicante;

  el Señor es mi fuerza y mi escudo:

  en él confía mi corazón;

  me socorrió, y mi corazón se alegra

  y le canta agradecido.

 

El Señor es fuerza para su pueblo,

  apoyo y salvación para su Ungido.

  Salva a tu pueblo y bendice tu heredad,

  sé su pastor y llévalos siempre.

 

 

 

Salmo 28

Manifestación de Dios en la tempestad.

 

Hijos de Dios, aclamad al Señor,

  aclamad la gloria y el poder del Señor,

  aclamad la gloria del nombre del Señor,

  postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

 

La voz del Señor sobre las aguas,

  el Dios de la gloria ha tronado,

  el Señor sobre las aguas torrenciales.

 

La voz del Señor es potente,

  la voz del Señor es magnífica,

  la voz del Señor descuaja los cedros,

  el Señor descuaja los cedros del Líbano.

 

Hace brincar al Líbano como un novillo,

  al Sarión como a una cría de búfalo.

  La voz del Señor lanza llamas de fuego,

  la voz del Señor sacude el desierto,

  el Señor sacude el desierto de Cadés.

 

La voz del Señor retuerce los robles,

  el Señor descorteza las selvas.

  En su templo un grito unánime: "¡gloria!"

 

El Señor se sienta por encima del aguacero,

  el Señor se sienta como rey eterno.

  El Señor da fuerza a su pueblo,

  El Señor bendice a su pueblo con la paz.

 

 

 

 

 

 

 

 

Salmo 29

Acción de gracias

por la curación de un enfermo en peligro de muerte

 

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

  y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

 

Señor, Dios mío, a ti grité,

  y tú me sanaste.

  Señor, sacaste mi vida del abismo,

  me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

 

Tañed para el Señor, fieles suyos,

  dad gracias a su nombre santo;

  su cólera dura un instante;

  su bondad, de por vida;

  al atardecer nos invita el llanto;

  por la mañana, el júbilo.

 

Yo pensaba muy seguro:

  "no vacilaré jamás".

  Tu bondad, Señor, me aseguraba

  el honor y la fuerza;

  pero escondiste tu rostro,

  y quedé desconcertado.

 

A ti, Señor, llamé, supliqué a mi Dios:

  "¿qué ganas con mi muerte,

  con que yo baje a la fosa?

 

¿Te va a dar gracias el polvo,

  o va a proclamar tu lealtad?

  Escucha, Señor, y ten piedad de mí;

  Señor, socórreme".

 

Cambiaste mi luto en danzas,

  me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;

  te cantará mi alma sin callarse.

  Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

 

 

 

Salmo 30

Súplica confiada de un afligido

 

A ti, Señor, me acojo:

  no quede yo nunca defraudado;

  tú, que eres justo, ponme a salvo,

  inclina tu oído hacia mí;

 

ven aprisa a librarme,

  sé la roca de mi refugio,

  un baluarte donde me salve,

  tú que eres mi roca y mi baluarte;

 

por tu nombre dirígeme y guíame:

  sácame de la red que me han tendido,

  porque tú eres mi amparo.

 

A tus manos encomiendo mi espíritu:

  Tú, el Dios leal, me librarás

 

 

 

Salmo 31

Acción de gracias de un pecador perdonado

 

Dichoso el que está absuelto de su culpa,

  a quien le han sepultado su pecado;

  dichoso el hombre a quien el Señor

  no le apunta el delito.

 

Mientras callé se consumían mis huesos,

  rugiendo todo el día,

  porque día y noche tu mano

  pesaba sobre mí;

  mi savia se había vuelto un fruto seco.

 

Había pecado, lo reconocí,

  no te encubrí mi delito;

  propuse: "confesaré al Señor mi culpa",

  y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

 

Por eso, que todo fiel te suplique

  en el momento de la desgracia:

  la crecida de las aguas caudalosas

  no lo alcanzará.

 

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,

  me rodeas de cantos de liberación.

 

- Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,

  fijaré en ti mis ojos.

  No seáis irracionales como caballos y mulos,

  cuyo brío hay que domar con freno y brida;

  si no, no puedes acercarte.

 

Los malvados sufren muchas penas;

  al que confía en el Señor,

  la misericordia lo rodea.

 

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;

  aclamadlo, los de corazón sincero.

 

 

 

Salmo 32

Himno al poder y a la providencia de Dios

 

Aclamad, justos, al Señor,

  que merece la alabanza de los buenos.

 

Dad gracias al Señor con la cítara,

  tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;

  cantadle un cántico nuevo,

  acompañando los vítores con bordones:

 

Que la palabra del Señor es sincera,

  y todas sus acciones son leales;

  el ama la justicia y el derecho,

  y su misericordia llena la tierra.

 

La palabra del Señor hizo el cielo;

  el aliento de su boca, sus ejércitos;

  encierra en un odre las aguas marinas,

  mete en un depósito el océano.

 

Tema al Señor la tierra entera,

  tiemblen ante El los habitantes del orbe:

  porque El lo dijo, y existió,

  El lo mandó y surgió.

 

El Señor deshace los planes de las naciones,

  frustra los proyectos de los pueblos;

  pero el plan del Señor subsiste por siempre,

  los proyectos de su corazón, de edad en edad.

 

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,

  el pueblo que El se escogió como heredad.

 

El Señor mira desde el cielo,

  se fija en todos los hombres;

  Desde su morada observa

  a todos los habitantes de la tierra:

  El modeló cada corazón,

  y comprende todas sus acciones.

 

No vence el rey por su gran ejército,

  no escapa el soldado por su mucha fuerza,

  nada valen sus caballos para la victoria,

  ni por su gran ejército se salvan.

 

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,

  en los que esperan su misericordia,

  para librar sus vidas de la muerte

  y reanimarlos en tiempo de hambre.

 

Nosotros aguardamos al Señor:

  El es nuestro auxilio y escudo;

  con El se alegra nuestro corazón,

  en su santo nombre confiamos.

 

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,

  como lo esperamos de ti.

 

 

 

Salmo 33

El Señor, salvación de los justos

 

Bendigo al Señor en todo momento,

  su alabanza está siempre en mi boca;

  mi alma se gloría en el Señor:

  que los humildes lo escuchen

  y se alegren.

 

Proclamad conmigo

  la grandeza del Señor,

  ensalcemos juntos su nombre.

  Yo consulté al Señor, y me respondió,

  me libró de todas mis ansias.

 

Contempladlo, y quedaréis radiantes,

  vuestro rostro no se avergonzará.

  Si el afligido invoca al Señor,

  El lo escucha

  y lo salva de sus angustias.

 

El ángel del Señor acampa

  en torno a sus fieles y los protege.

  Gustad y ved que bueno es el Señor,

  dichoso el que se acoge a El.

 

Todos sus santos, temed al Señor,

  porque nada les falta

  a los que le temen;

  los ricos empobrecen y pasan hambre,

  los que buscan al Señor

  no carecen de nada.

 

Venid, hijos, escuchadme:

  os instruiré en el temor del Señor;

  ¿Hay alguien que ame la vida

  y desee días de prosperidad?

 

Guarda tu lengua del mal,

  tus labios de la falsedad;

  apártate del mal, obra el bien,

  busca la paz y corre tras ella.

 

Los ojos del Señor miran a los justos,

  sus oídos escuchan sus gritos;

  pero el Señor se enfrenta

  con los malhechores,

  para borrar de la tierra su memoria.

 

Cuando uno grita, el Señor lo escucha

  y lo libra de sus angustias;

  el Señor está cerca de los atribulados,

  salva a los abatidos.

 

Aunque el justo sufra muchos males,

  de todos lo libra el Señor;

  El cuida de todos sus huesos,

  y ni uno sólo se quebrará.

 

La maldad da muerte al malvado,

  los que odian al justo serán castigados.

  El Señor redime a sus siervos,

  no será castigado quien se acoge a El.

 

 

 

Salmo 34

Súplica contra los perseguidores injustos

 

Pelea, Señor, contra los que me atacan,

  guerrea contra los que me hacen guerra;

  empuña el escudo y la adarga,

  levántate y ven en mi auxilio;

  di a mi alma:

  "yo soy tu victoria".

 

Y yo me alegraré con el Señor,

  gozando de su victoria;

  todo mi ser proclamará:

  "Señor, ¿quién como tú,

  que defiendes al débil del poderoso,

  al pobre y humilde del explotador?".

 

Se presentaban testigos violentos:

  me acusaban de cosas que ni sabía,

  me pagaban mal por bien,

  dejándome desamparado.

 

Yo, en cambio, cuando estaban enfermos,

  me vestía de saco,

  me mortificaba con ayunos

  y desde dentro repetía mi oración.

 

Como por un amigo o por un hermano,

  andaba triste;

  cabizbajo y sombrío,

  como quien llora a su madre.

 

Pero, cuando yo tropecé, se alegraron,

  se juntaron contra mí

  y me golpearon por sorpresa;

  me laceraban sin cesar.

 

Cruelmente se burlaban de mí,

  rechinando los dientes de odio.

 

Señor, ¿cuándo vas a mirarlo?

  Defiende mi vida de los que rugen,

  mi único bien, de los leones,

 

y te daré gracias en la gran asamblea,

  te alabaré entre la multitud del pueblo.

 

Que no canten victoria mis enemigos traidores,

  que no hagan guiños a mi costa

  los que me odian sin razón.

 

Señor, tú lo has visto, no te calles,

  Señor, no te quedes a distancia;

  despierta, levántate, Dios mío,

  Señor mío, defiende mi causa.

 

Que canten y se alegren

  los que desean mi victoria,

  que repitan siempre: "Grande es el Señor"

  los que desean la paz a tu siervo.

 

Mi lengua anunciará tu justicia,

  todos los días te alabará.

 

 

 

 

 

Salmo 35

Depravación del malvado y bondad de Dios

 

El malvado escucha en su interior

  un oráculo del pecado:

  "No tengo miedo a Dios,

  ni en su presencia".

  Porque se hace la ilusión de que su culpa

  no será descubierta ni aborrecida.

 

Las palabras de su boca son maldad y traición,

  renuncia a ser sensato y a obrar bien;

  acostado medita el crimen,

  se obstina en el mal camino,

  no rechaza la maldad.

 

Señor, tu misericordia llega al cielo,

  tu fidelidad hasta las nubes;

  tu justicia hasta las altas cordilleras,

  tus sentencias son como el océano inmenso.

 

Tú socorres a hombres y animales;

  ¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!,

  los humanos se acogen a la sombra de tus alas;

 

se nutren de lo sabroso de tu casa,

  les das a beber del torrente de tus delicias,

  porque en ti está la fuente viva,

  y tu luz nos hace ver la luz.

 

Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,

  tu justicia con los rectos de corazón;

  que no me pisotee el pie del soberbio,

  que no me eche fuera la mano del malvado.

 

Han fracasado los malhechores;

  derribados, no se pueden levantar.

 

 

 

Salmo 36

La verdadera y la falsa felicidad

 

No te exasperes por los malvados,

  no envidies a los que obran el mal:

  se secarán pronto, como la hierba,

  como el césped verde se agotarán.

 

Confía en el Señor y haz el bien,

  habita tu tierra y practica la lealtad;

  sea el Señor tu delicia,

  y él te dará lo que pide tu corazón.

 

Encomienda tu camino al Señor,

  confía en él, y él actuará:

  hará tu justicia como el amanecer,

  tu derecho como el mediodía.

 

Descansa en el Señor y espera en él,

  no te exasperes por el hombre que triunfa

  empleando la intriga:

 

cohibe la ira, reprime el coraje,

  no te exasperes, no sea que obres mal;

  porque los que obran mal son excluídos,

  pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.

 

Aguarda un momento: desapareció el malvado,

  fíjate en su sitio: ya no está;

  en cambio, los sufridos poseen la tierra

  y disfrutan de paz abundante.

 

El malvado intriga contra el justo,

  rechina sus dientes contra él;

  pero el Señor se ríe de él,

  porque ve que le llega su hora.

 

Los malvados desenvainan la espada,

  asestan el arco,

  para abatir a los pobres y humildes,

  para asesinar a los honrados;

  pero su espada les atravesará el corazón,

  sus arcos se romperán.

 

Mejor es ser honrado con poco

  que ser malvado en la opulencia;

  pues al malvado se le romperán los brazos,

  pero al honrado lo sostiene el Señor.

 

El Señor vela por los días de los buenos,

  y su herencia durará siempre;

  no se agotarán en tiempo de sequía,

  en tiempo de hambres se saciarán;

 

pero los malvados perecerán,

  los enemigos del Señor

  se marchitarán como la belleza de un prado,

  en humo se disiparán.

 

El malvado pide prestado y no devuelve,

  el justo se compadece y perdona.

  Los que el Señor bendice poseen la tierra,

  los que él maldice son excluídos.

 

El Señor asegura los pasos del hombre,

  se complace en sus caminos;

  si tropieza, no caerá,

  porque el Señor lo tiene de la mano.

 

Fui joven, ya soy viejo:

  nunca he visto a un justo abandonado,

  ni a su linaje mendigando el pan.

  A diario se compadece y da prestado;

  bendita será su descendencia.

 

Apártate del mal y haz el bien,

  y siempre tendrás una casa;

  porque el Señor ama la justicia

  y no abandona a sus fieles.

 

Los inicuos son exterminados,

  la estirpe de los malvados se extinguirá;

  pero los justos poseen la tierra,

  la habitarán por siempre jamás.

 

La boca del justo expone la sabiduría,

  su lengua explica el derecho;

  porque lleva en el corazón la ley de su Dios,

  y sus pasos no vacilan.

 

El malvado espía al justo

  e intenta darle muerte;

  pero el Señor no lo entrega en sus manos,

  no deja que lo condenen en el juicio.

 

Confía en el Señor, sigue su camino;

  él te levantará a poseer la tierra,

  y verás la expulsión de los malvados.

 

Vi a un malvado que se jactaba,

  que prosperaba como un cedro frondoso;

  volví a pasar, y ya no estaba;

  lo busqué, y no lo encontré.

 

Observa al honrado, fíjate en el bueno:

  su porvenir es la paz;

  los impíos serán totalmente aniquilados,

  el porvenir de los malvados quedará truncado.

 

El Señor es quien salva a los justos,

  él es su alcázar en el peligro;

  el Señor los protege y los libra,

  los libra de los malvados y los salva

  porque se acogen a él.

 

 

 

Salmo 37

Señor, no me corrijas con ira

 

Señor, no me corrijas con ira,

  no me castigues con cólera;

  tus flechas se me han clavado,

  tu mano pesa sobre mí;

 

no hay parte ilesa en mi carne

  a causa de tu furor,

  no tienen descanso mis huesos

  a causa de mis pecados;

 

mis culpas sobrepasan mi cabeza,

  son un peso superior a mis fuerzas;

  mis llagas están podridas y supuran

  por causa de mi insensatez;

  voy encorvado y encogido,

  todo el día camino sombrío.

 

Tengo las espaldas ardiendo,

  no hay parte ilesa en mi carne;

  estoy agotado, deshecho del todo;

  rujo con más fuerza que un león.

 

Señor mío,

  todas mis ansias están en tu presencia,

  no se te ocultan mis gemidos;

  siento palpitar mi corazón,

  me abandonan las fuerzas,

  y me falta hasta la luz de los ojos.

 

Mis amigos y compañeros

  se alejan de mí,

  mis parientes se quedan a distancia;

  me tienden lazos

  los que atentan contra mí,

  los que desean mi daño

  me amenazan de muerte,

  todo el día murmuran traiciones.

 

Pero yo, como un sordo, no oigo;

  como un mudo no abro la boca;

  soy como uno que no oye

  y no puede replicar.

 

En tí, Señor, espero,

  y tú me escucharás, Señor, Dios mío;

  esto pido:

  que no se alegren por mi causa,

  que, cuando resbale mi pié,

  no canten triunfo.

 

Porque yo estoy a punto de caer,

  y mi pena no se aparta de mí:

  yo confieso mi culpa,

  me aflige mi pecado.

 

Mis enemigos mortales son poderosos,

  son muchos

  los que me aborrecen sin razón,

  los que me pagan males por bienes,

  los que me atacan

  cuando procuro el bien.

 

No me abandones, Señor;

  Dios mío, no te quedes lejos;

  ven aprisa a socorrerme,

  Señor mío, mi salvación.

 

 

 

Salmo 38

Súplica de un enfermo

 

Yo me dije: "vigilaré mi proceder,

  para que no se me vaya la lengua;

  pondré una mordaza a mi boca

  mientras el impío esté presente".

 

Guardé silencio resignado,

  no hablé con ligereza;

  pero mi herida empeoró,

  y el corazón me ardía por dentro;

  pensándolo me requemaba,

  hasta que solté la lengua.

 

Señor, dame a conocer mi fin

  y cuál es la medida de mis años,

  para que comprenda lo caduco que soy".

 

Me concediste un palmo de vida,

  mis días son nada ante ti;

  el hombre no dura más que un soplo,

  el hombre pasa como una sombra,

  por un soplo se afana,

  atesora sin saber para quien.

 

Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda?

  Tú eres mi confianza.

  Líbrame de mis inquietudes,

  no me hagas la burla de los necios.

 

Enmudezco, no abro la boca,

  porque eres tú quien lo ha hecho.

  Aparta de mí tus golpes,

  que el ímpetu de tu mano me acaba.

 

Escarmientas al hombre

  castigando su culpa;

  como una polilla roes sus tesoros;

  el hombre no es más que un soplo.

 

Escucha, Señor, mi oración,

  haz caso de mis gritos,

  no seas sordo a mi llanto;

 

porque yo soy huésped tuyo,

  forastero como todos mis padres.

  Aplácate, dame respiro,

  antes de que pase y no exista.

 

 

 

Salmo 39

El justo espera en el Señor

 

Yo esperaba con ansia al Señor;

  él se inclinó y escuchó mi grito:

 

me levantó de la fosa fatal,

  de la charca fangosa;

  afianzó mis pies sobre roca,

  y aseguró mis pasos;

 

me puso en la boca un cántico nuevo,

  un himno a nuestro Dios.

  Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos

  y confiaron en el Señor.

 

Dichoso el hombre que ha puesto

  su confianza en el Señor,

  y no acude a los idólatras,

  que se extravían con engaños.

 

Cuántas maravillas has hecho,

  Señor, Dios mío,

  cuántos planes en favor nuestro;

  nadie se te puede comparar.

  Intento proclamarlas, decirlas,

  pero superan todo número.

 

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,

  y, en cambio, me abriste el oído;

  no pides sacrificio expiatorio,

  entonces yo digo: "Aquí estoy

  -como está escrito en mi libro-

  para hacer tu voluntad".

 

  Dios mío, lo quiero,

  y llevo tu ley en las entrañas.

 

 

He proclamado tu salvación

  ante la gran asamblea;

  no he cerrado los labios:

  Señor, tú lo sabes.

 

No me he guardado en el pecho tu defensa,

  he contado tu fidelidad y tu salvación,

  no he negado tu misericordia y tu lealtad

  ante la gran asamblea.

 

Tú, Señor, no me cierres tus entrañas,

  que tu misericordia y tu lealtad

  me guarden siempre,

  porque me cercan desgracias sin cuento.

 

Se me echan encima mis culpas,

  y no puedo huir;

  son más que los pelos de mi cabeza,

  y me falta el valor.

 

Señor, dígnate librarme;

  Señor, date prisa en socorrerme.

 

Alégrense y gocen contigo

  todos los que te buscan;

  digan siempre: "Grande es el Señor"

  los que desean tu salvación.

 

Yo soy pobre y desgraciado,

  pero el Señor se cuida de mí;

  tú eres mi auxilio y mi liberación:

  Dios mío, no tardes.

 

 

 

Salmo 40

Oración de un enfermo

 

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;

  en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

 

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,

  para que sea dichoso en la tierra,

  y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

 

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,

  calmará los dolores de su enfermedad.

 

Yo dije: "Señor, ten misericordia,

  sáname, porque he pecado contra ti".

 

Mis enemigos me desean lo peor:

  "a ver si se muere, y se acaba su apellido".

 

El que viene a verme habla con fingimiento,

  disimula su mala intención,

  y, cuando sale afuera, la dice.

 

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,

  hacen cálculos siniestros:

  "Padece un mal sin remedio,

  se acostó para no levantarse".

 

Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,

  que compartía mi pan,

  es el primero en traicionarme.

 

Pero tú, Señor, apiádate de mí,

  haz que pueda levantarme,

  para que yo les dé su merecido.

 

En esto conozco que me amas:

  en que mi enemigo no triunfa de mí.

 

A mí, en cambio, me conservas la salud,

  me mantienes siempre en tu presencia.

 

Bendito el Señor, Dios de Israel,

  ahora y por siempre. Amén, amén.

 

 

 

Salmo 41

Deseo del Señor

 

Como busca la cierva

  corrientes de agua,

  así mi alma te busca

  a ti, Dios mío;

 

tiene Sed de Dios,

  del Dios vivo:

  ¿cuándo entraré a ver

  el rostro de Dios?

 

Las lágrimas son mi pan

  noche y día.

  mientras todo el día me repiten:

  "¿Dónde está tu Dios?"

 

Recuerdo otros tiempos,

  y desahogo mi alma conmigo:

  cómo marchaba a la cabeza del grupo,

  hacia la casa de Dios,

  entre cantos de júbilo y alabanza,

  en el bullicio de la fiesta.

 

¿Por qué te acongojas, alma mía,

  por qué te me turbas?

  Espera en Dios que volverás a alabarlo:

  "Salud de mi rostro, Dios mío".

 

Cuando mi alma se acongoja,

  te recuerdo

  desde el Jordán y el Hermón

  y el Monte Menor.

 

Una sima grita a otra sima

  con voz de cascadas:

  tus torrentes y tus olas

  me han arrollado.

 

De día el Señor

  me hará misericordia,

  de noche cantaré la alabanza

  del Dios de mi vida.

 

Diré a Dios: "Roca mía,

  ¿por qué me olvidas?

  ¿Por qué voy andando, sombrío,

  hostigado por mi enemigo?"

 

Se me rompen los huesos

  por las burlas del adversario;

  todo el día me preguntan:

  "¿Dónde está tu Dios?"

 

¿Por qué te acongojas, alma mía,

  por qué te me turbas?

  Espera en Dios que volverás a alabarlo:

  "Salud de mi rostro, Dios mío".

 

 

 

Salmo 42

Deseo del templo

 

Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa

  contra gente sin piedad,

  sálvame del hombre traidor y malvado.

 

Tú eres mi Dios y protector,

  ¿por qué me rechazas?,

  ¿por qué voy andando sombrío,

  hostigado por mi enemigo?

 

Envía tu luz y tu verdad:

  que ellas me guíen

  y me conduzcan hasta tu monte santo,

  hasta tu morada.

 

Que yo me acerque al altar de Dios,

  al Dios de mi alegría;

  que te dé gracias al son de la cítara,

  Dios, Dios mío.

 

¿Por qué te acongojas, alma mía,

  por qué te me turbas?

  Espera en Dios, que volverás a alabarlo:

  "Salud de mi rostro, Dios mío".

 

 

 

Salmo 43

Oración del pueblo en las calamidades

 

Oh Dios, nuestros oídos lo oyeron,

  nuestros padres nos lo han contado:

  la obra que realizaste en sus días,

  en los años remotos.

 

Tú mismo con tu mano desposeíste a los gentiles,

  y los plantaste a ellos;

  trituraste a las naciones,

  y los hiciste crecer a ellos.

 

Porque no fue su espada la que ocupó la tierra,

  ni su brazo el que le dió la victoria,

  sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu rostro,

  porque tú lo amabas.

 

Mi rey y mi Dios eres tú,

  que das la victoria a Jacob:

  con tu auxilio embestimos al enemigo,

  en tu nombre pisoteamos al agresor.

 

Pues yo no confío en mi arco,

  ni mi espada me da la victoria;

  tú nos das la victoria sobre el enemigo

  y derrotas a nuestros adversarios.

 

Dios ha sido siempre nuestro orgullo,

  y siempre damos gracias a tu nombre.

 

Ahora, en cambio, nos rechazas y nos avergüenzas,

  y ya no sales, Señor, con nuestras tropas:

  nos haces retroceder ante el enemigo,

  y nuestro adversario nos saquea.

 

Nos entregas como ovejas a la matanza

  y nos has dispersado por las naciones;

  vendes a tu pueblo por nada,

  no lo tasas muy alto.

 

Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,

  irrisión y burla de los que nos rodean;

  nos has hecho el refrán de los gentiles,

  nos hacen muecas las naciones.

 

Tengo siempre delante mi deshonra,

  y la vergüenza me cubre la cara

  al oír insultos e injurias,

  al ver a mi rival y a mi enemigo.

 

Todo esto nos viene encima,

  sin haberte olvidado

  ni haber violado tu alianza,

  sin que se volviera atrás nuestro corazón

  ni se desviaran de tu camino nuestros pasos;

  Y tú nos arrojaste a un lugar de chacales

  y nos cubriste de tinieblas.

 

Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios

  y extendido las manos a un dios extraño,

  el Señor lo habría averiguado,

  pues él penetra los secretos del corazón.

 

Por tu causa nos degüellan cada día,

  nos tratan como a ovejas de matanza.

  Despierta, Señor, ¿por qué duermes?

  Levántate, no nos rechaces más.

  ¿Por qué nos escondes tu rostro

  y olvidas nuestra desgracia y opresión?

 

Nuestro aliento se hunde en el polvo,

  nuestro vientre está pegado al suelo.

  Levántate a socorrernos,

  redímenos por tu misericordia.

 

 

 

Salmo 44

Las nupcias del Rey

 

Me brota del corazón un poema bello,

  recito mis versos a un rey;

  mi lengua es ágil pluma de escribano.

 

Eres el más bello de los hombres,

  en tus labios se derrama la gracia,

  el Señor te bendice eternamente.

 

Cíñete al flanco la espada, valiente:

  es tu gala y tu orgullo;

  cabalga victorioso por la verdad y la justicia,

  tu diestra te enseñe a realizar proezas.

  Tus flechas son agudas, los pueblos se te rinden,

  se acobardan los enemigos del rey.

 

Tu trono, oh Dios, permanece para siempre,

  cetro de rectitud es tu cetro real;

  has amado la justicia y odiado la impiedad:

  por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido

  con aceite de júbilo

  entre todos tus compañeros.

 

A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,

  desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas.

  Hijas de reyes salen a tu encuentro,

  de pie a tu derecha está la reina,

  enjoyada con oro de Ofir.

 

Escucha, hija, mira: inclina el oído,

  olvida tu pueblo y la casa paterna;

  prendado está el rey de tu belleza:

  póstrate ante él, que él es tu señor.

  La ciudad de Tiro viene con regalos,

  los pueblos más ricos buscan tu favor.

 

Ya entra la princesa, bellísima,

  vestida de perlas y brocado;

  la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,

  la siguen sus compañeras:

  las traen entre alegría y algazara,

  van entrando en el palacio real.

 

"A cambio de tus padres tendrás hijos,

  que nombrarás príncipes por toda la tierra".

 

Quiero hacer memorable tu nombre

  por generaciones y generaciones,

  y los pueblos te alabarán

  por los siglos de los siglos.

 

 

 

Salmo 45

Dios, refugio y fortaleza de su pueblo

 

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,

  poderoso defensor en el peligro.

 

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,

  y los montes se desplomen en el mar.

 

Que hiervan y brame sus olas,

  que sacudan a los montes con su furia:

 

el Señor de los ejércitos está con nosotros,

  nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

 

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,

  el Altísimo consagra su morada.

 

Teniendo a Dios en medio, no vacila;

  Dios lo socorre al despuntar la aurora.

 

Los pueblos se amotinan,  los reyes se rebelan;

  pero él lanza su trueno, y se tambalea la tierra.

 

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

  nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

 

Venid a ver las obras del Señor,

  las maravillas que hace en la tierra:

 

Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,

  rompe los arcos, quiebra las lanzas,

  prende fuego a los escudos.

 

"Rendíos, reconoced que yo soy Dios:

  más alto que los pueblos,

  más alto que la tierra".

 

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

  nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

 

 

 

Salmo 46

El Señor es rey de todas las cosas

 

Pueblos todos, batid palmas,

  aclamad a Dios con gritos de júbilo;

  porque el Señor es sublime y terrible,

  emperador de toda la tierra.

 

El nos somete los pueblos

  y nos sojuzga las naciones;

  El nos escogió por heredad suya:

  gloria de Jacob, su amado.

 

Dios asciende entre aclamaciones;

  el Señor, al son de trompetas:

  tocad para Dios, tocad,

  tocad para nuestro Rey, tocad.

 

Porque Dios es el rey del mundo:

  tocad con maestría.

  Dios reina sobre las naciones,

  Dios se sienta en su trono sagrado.

 

Los príncipes de los gentiles se reúnen

  con el pueblo del Dios de Abrahán;

  porque de Dios son los grandes de la tierra,

  y El es excelso.

 

 

 

Salmo 47

Himno a la gloria de Dios en Jerusalén

 

Grande es el Señor y muy digno de alabanza

  en la ciudad de nuestro Dios,

  su monte santo, altura hermosa,

  alegría de toda la tierra:

 

el monte Sión, vértice del cielo,

  ciudad del gran rey;

  entre sus palacios,

  Dios descuella como un alcázar.

 

Mirad: los reyes se aliaron

  para atacarla juntos;

  pero, al verla, quedaron aterrados

  y huyeron despavoridos;

 

Allí los agarró un temblor

  y dolores como de parto;

  como un viento del desierto,

  que destroza las naves de Tarsis.

 

Lo que habíamos oído lo hemos visto

  en la ciudad del Señor de los ejércitos,

  en la ciudad de nuestro Dios:

  que Dios la ha fundado para siempre.

 

Oh Dios, meditamos tu misericordia

  en medio de tu templo:

  como tu renombre, oh Dios, tu alabanza

  llega al confín de la tierra;

 

Tu diestra está llena de justicia:

  el monte Sión se alegra,

  las ciudades de Judá se gozan

  con tus sentencias.

 

Dad la vuelta en torno a Sión,

  contando sus torreones;

  fijaos en sus baluartes,

  observad sus palacios,

 

para poder decirle a la próxima generación:

  "Este es el Señor, nuestro Dios."

   El nos guiará por siempre jamás.

 

 

 

Salmo 48

Vanidad de las riquezas

 

Oíd esto, todas las naciones;

  escuchadlo, habitantes del orbe:

  plebeyos y nobles, ricos y pobres;

 

mi boca hablará sabiamente,

  y serán muy sensatas mis reflexiones;

  prestaré oído al proverbio

  y propondré mi problema al son de la cítara.

 

¿Por qué habré de temer los días aciagos,

  cuando me cerquen y acechen los malvados,

  que confían en su opulencia

  y se jactan de sus inmensas riquezas,

  si nadie puede salvarse

  ni dar a Dios un rescate?

 

Es tan caro el rescate de la vida,

  que nunca les bastará para vivir perpetuamente

  sin bajar a la fosa.

 

Mirad: los sabios mueren,

  lo mismo que perecen los ignorantes y necios,

  y legan sus riquezas a extraños.

 

El sepulcro es su morada perpetua

  y su casa de edad en edad,

  aunque hayan dado nombre a países.

 

El hombre no perdurará en la opulencia,

  sino que perece como los animales.

 

Este es el camino de los confiados,

  el destino de los hombres satisfechos:

  son un rebaño para el abismo,

  la muerte es su pastor,

  y bajan derechos a la tumba;

  se desvanece su figura,

  y el abismo es su casa.

 

Pero a mí, Dios me salva,

  me saca de las garras del abismo

  y me lleva consigo.

 

No te preocupes si se enriquece un hombre

  y aumenta el fasto de su casa:

  cuando muera, no se llevará nada,

  su fasto no bajará con él.

 

Aunque en vida se felicitaba:

  "Ponderan lo que lo pasas",

  irá a reunirse con sus antepasados,

  que no verán nunca la luz.

 

El hombre rico e inconsciente

  es como un animal que perece.

 

 

 

Salmo 49

El verdadero culto a Dios

 

El Dios de los dioses, el Señor, habla:

  convoca la tierra de oriente a occidente.

  Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece:

  viene nuestro Dios, y no callará.

 

Lo precede fuego voraz,

  lo rodea tempestad violenta.

  Desde lo alto convoca cielo y tierra

  para juzgar a su pueblo:

 

"Congregadme a mis fieles,

  que sellaron mi pacto con un sacrificio".

  Proclame el cielo su justicia;

  Dios en persona va a juzgar.

 

"Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;

  Israel, voy a dar testimonio contra ti;

  -yo Dios, tu Dios-.

 

No te reprocho tus sacrificios,

  pues siempre están tus holocaustos ante mí.

  Pero no aceptaré un becerro de tu casa,

  ni un cabrito de tus rebaños;

 

Pues las fieras de la selva son mías,

  y hay miles de bestias en mis montes;

  conozco todos los pájaros del cielo,

  tengo a mano cuanto se agita en los campos.

 

Si tuviera hambre, no te lo diría;

  pues el orbe y cuanto lo llena es mío.

  ¿Comeré yo carne de toros,

  beberé sangre de cabritos?

 

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,

  cumple tus votos al Altísimo

  e invócame el día del peligro:

  yo te libraré, y tú me darás gloria".

 

Dios dice al pecador:

  "¿por qué recitas mis preceptos

  y tienes siempre en la boca mi alianza,

  tú que detestas mi enseñanza

  y te echas a la espalda mis mandatos?

 

Cuando ves un ladrón, corres con él;

  te mezclas con los adúlteros;

  sueltas tu lengua para el mal,

  tu boca urde el engaño;

 

te sientas a hablar contra tu engaño,

  deshonras al hijo de tu madre;

  esto haces, ¿y me voy callar?

  ¿Crees que soy como tú?

  Te acusaré, te lo echaré en cara.

 

Atención los que olvidáis a Dios,

  no sea que os destroce sin remedio.

 

El que me ofrece acción de gracias,

  ese me honra;

  al que sigue buen camino

  le haré ver la salvación de Dios".

 

 

 

Salmo 50

Misericordia, Dios MIO

 

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

  por tu inmensa compasión borra mi culpa;

  lava del todo mi delito,

  limpia mi pecado.

 

Pues yo reconozco mi culpa,

  tengo siempre presente mi pecado:

  contra tí, contra ti sólo pequé,

  cometí la maldad que aborreces.

 

En la sentencia tendrás razón,

  en el juicio resultarás inocente.

  Mira, en la culpa nací,

  pecador me concibió mi madre.

 

Te gusta un corazón sincero,

  y en mi interior me inculcas sabiduría.

  Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;

  lávame: quedaré más blanco que la nieve.

 

Hazme oír el gozo y la alegría,

  que se alegren los huesos quebrantados.

  Aparta de mi pecado tu vista,

  borra en mí toda culpa.

 

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,

  renuévame por dentro con espíritu firme;

  no me arrojes lejos de tu rostro,

  no me quites tu santo espíritu.

 

Devuélveme la alegría de tu salvación,

  afiánzame con espíritu generoso:

  enseñaré a los malvados tus caminos,

  los pecadores volverán a ti.

 

Líbrame de la sangre, oh Dios,

  Dios, Salvador mío,

  y cantará mi lengua tu justicia.

  Señor, me abrirás los labios,

  y mi boca proclamará tu alabanza.

 

Los sacrificios no te satisfacen:

  si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

  Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;

  un corazón quebrantado y humillado,

  tú no lo desprecias.

 

Señor, por tu bondad,  favorece a Sión,

  reconstruye las murallas de Jerusalén:

  entonces aceptarás los sacrificios rituales,

  ofrendas y holocaustos,

  sobre tu altar se inmolarán novillos.

 

 

 

 

 

Salmo 51

Contra la violencia de los calumniadores

 

¿Por qué te glorías de la maldad

  y te envalentonas contra el piadoso?

  Estás todo el día maquinando injusticias,

  tu lengua es navaja afilada,

  autor de fraudes;

 

prefieres el mal al bien,

  la mentira a la honradez;

  prefieres las palabras corrosivas,

  lengua embustera.

 

Pues Dios te destruirá para siempre,

  te abatirá y te barrerá de tu tienda;

  arrancará tus raíces

  del suelo vital.

 

Lo verán los justos, y temerán,

  y se reirán de él:

  "mirad al valiente

  que no puso en Dios su apoyo,

  confió en sus muchas riquezas,

  se insolentó en sus crímenes".

 

Pero yo, como verde olivo,

  en la casa de Dios,

  confío en la misericordia de Dios

  por siempre jamás.

 

Te daré siempre gracias

  porque has actuado;

  proclamaré delante de tus fieles:

  "Tu nombre es bueno".

 

 

 

Salmo 52

Necedad de los pecadores

 

Dice el necio para sí:

  "No hay Dios".

  Se han corrompido cometiendo execraciones,

  no hay quien obre bien.

 

Dios observa desde el cielo

  a los hijos de Adán,

  para ver si hay alguno sensato

  que busque a Dios.

 

Todos se extravían

  igualmente obstinados,

  no hay uno que obre bien,

  ni uno solo.

 

Pero ¿no aprenderán los malhechores

  que devoran a mi pueblo como pan

  y no invocan al Señor?

 

Pues temblarán de espanto,

  porque Dios esparce los huesos del agresor,

  y serán derrotados,

  porque Dios los rechaza.

 

¡Ojalá venga desde Sión

  la salvación de Israel!

  Cuando el Señor cambie la suerte de su pueblo,

  se alegrará Jacob y gozará Israel.

 

 

 

Salmo 53

Petición de auxilio

 

Oh Dios, sálvame por tu nombre,

  sal por mí con tu poder.

  Oh Dios, escucha mi súplica,

  atiende a mis palabras;

 

porque unos insolentes se alzan contra mí,

  y hombres violentos me persiguen a muerte,

  sin tener presente a Dios.

 

Pero Dios es mi auxilio,

  el Señor sostiene mi vida.

 

Te ofreceré un sacrificio voluntario,

  dando gracias a tu nombre, que es bueno;

  porque me libraste del peligro,

  y he visto la derrota de mis enemigos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Salmo 54

Oración ante la traición de un amigo

 

Dios mío, escucha mi oración,

  no te cierres a mi súplica;

  hazme caso y respóndeme,

  me agitan mis ansiedades.

 

Me turba la voz del enemigo,

  los gritos del malvado:

  descargan sobre mí calamidades

  y me atacan con furia.

 

Se me retuercen dentro las entrañas,

  me sobrecoge un pavor mortal,

  me asalta el temor y el terror,

  me cubre el espanto,

 

y pienso: "¡Quién me diera alas de paloma

  para volar y posarme!

  Emigraría lejos,

  habitaría en el desierto,

 

me pondría en seguida a salvo de la tormenta,

  del huracán que devora, Señor;

  del torrente de sus lenguas".

 

Violencia y discordia veo en la ciudad:

  día y noche hacen la ronda

  sobre sus murallas;

 

en su recinto, crimen e injusticia;

  dentro de ella, calamidades;

  no se apartan de su plaza

  la crueldad y el engaño.

 

Si mi enemigo me injuriase,

  lo aguantaría;

  si mi adversario se alzase contra mí,

  me escondería de él;

 

pero eres tú, mi compañero,

  mi amigo y confidente,

  a quien me unía una dulce intimidad:

  Juntos íbamos entre el bullicio

  por la casa de Dios.

 

Pero yo invoco a Dios,

  y el Señor me salva:

  por la tarde, en la mañana, al mediodía,

  me quejo gimiendo.

 

Dios escucha mi voz:

  su paz rescata mi alma

  de la guerra que me hacen,

  porque son muchos contra mí.

 

Dios me escucha, los humilla

  el que reina desde siempre,

  porque no quieren enmendarse

  ni temen a Dios.

 

Levantan la mano contra su aliado,

  violando los pactos;

  su boca es más blanda que la manteca,

  pero desean la guerra;

  sus palabras son más suaves que el aceite,

  pero son puñales.

 

Encomienda a Dios tus afanes,

  que El te sustentará;

  no permitirá jamás que el justo caiga.

 

Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos

  a la fosa profunda.

  Los traidores y sanguinarios

  no cumplirán ni la mitad de sus años.

  Pero yo confío en ti.

 

 

 

Salmo 55

Confianza en la Palabra de Dios

 

Misericordia, Dios mío, que me hostigan,

  me atacan y me acosan todo el día;

  todo el día me hostigan mis enemigos,

  me atacan en masa.

 

Levántate en el día terrible,

  yo confío en ti.

 

En Dios, cuya promesa alabo,

  en Dios confío y no temo:

  ¿qué podrá hacerme un mortal?

 

Todos los días discuten y planean

  pensando sólo en mi daño;

  buscan un sitio para espiarme,

  acechan mis pasos y atentan contra mi vida.

 

Anota en tu libro mi vida errante,

  recoge mis lágrimas en tu orbe, Dios mío.

 

Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco,

  y así sabré que eres mi Dios.

 

En Dios, cuya promesa alabo,

  en el Señor, cuya promesa alabo,

  en Dios confío y no temo;

  ¿qué podrá hacerme un hombre?

 

Te debo, Dios mío, los votos que hice,

  los cumpliré con acción de gracias;

  porque libraste mi alma de la muerte,

  mis pies de la caída;

  para que camine en presencia de Dios

  a la luz de la vida.

 

 

 

Salmo 56

Oración matutina de un afligido

 

Misericordia, Dios mío, misericordia,

  que mi alma se refugia en ti;

  me refugio a la sombra de tus alas

  mientras pasa la calamidad.

 

Invoco al Dios altísimo,

  al Dios que hace tanto por mí:

  desde el cielo me enviará la salvación,

  confundirá a los que ansían matarme,

  enviará su gracia y su lealtad.

 

Estoy echado entre leones

  devoradores de hombres;

  sus dientes son lanzas y flechas,

  su lengua es una espada afilada.

 

Elévate sobre el cielo, Dios mío,

  y llene la tierra tu gloria.

 

Han tendido una red a mis pasos,

  para que sucumbiera;

  me han cavado delante una fosa,

  pero han caído en ella.

 

Mi corazón está firme, Dios mío,

  mi corazón está firme.

  Voy a cantar y a tocar:

  despierta, gloria mía;

  despertad, cítara y arpa;

  despertaré a la aurora.

 

Te daré gracias ante los pueblos, Señor;

  tocaré para ti ante las naciones:

  por tu bondad, que es más grande que los cielos;

  por tu fidelidad, que alcanza las nubes.

 

Elévate sobre el cielo, Dios mío,

  y llene la tierra tu gloria.

 

 

 

Salmo 57

Oración indignada del justo

 

* No aparece en la Liturgia de las Horas *

 

¿Es verdad, poderosos, que dais sentencias justas,

  que juzgáis rectamente a los hombres?

 

¡No! Que ya por dentro cometéis la injusticia

  y calculáis qué violencia ejecutar en la tierra.

 

Se extravían los malvados desde el vientre materno,

  los mentirosos se pervierten desde que nacen:

 

Llevan veneno como las serpientes,

  son víboras sordas que cierran el oído

  para no oír la voz del encantador experto en echar conjuros.

 

Oh Dios, rómpeles los dientes en la boca,

  quiebra, Señor, los colmillos a los leones;

  que se derritan como agua que se escurre,

  que se marchiten como hierba pisoteada;

 

sean como babosa que se deslíe al andar,

  como aborto que no llega a ver el sol.

  Que los arrebaten desprevenidos las breñas,

  las fieras, el incendio.

 

Y goce el honrado viendo la venganza,

  bañe sus pies en la sangre de los malvados;

 

y comenten los hombres: "El honrado cosecha su fruto,

  porque hay un Dios que hace justicia en la tierra".

 

 

 

Salmo 58

Oración pidiendo la protección de Dios

contra los enemigos

 

Líbrame de mi enemigo, Dios mío;

  protégeme de mis agresores,

  líbrame de los malhechores,

  sálvame de los hombres sanguinarios.

 

Mira que me están acechando,

  y me acosan los poderosos:

  sin que yo haya pecado ni faltado, Señor,

  sin culpa mía, avanzan para acometerme.

 

Despierta, ven a mi encuentro, mira:

  tú, el Señor de los ejércitos,

  el Dios de Israel.

 

Estoy velando contigo, fuerza mía,

  porque tú, oh Dios, eres mi alcázar;

  que tu favor se adelante, oh Dios,

  y me haga ver la derrota del enemigo.

 

Pero yo cantaré tu fuerza,

  por la mañana aclamaré tu misericordia;

  porque has sido mi alcázar

  y mi refugio en el peligro.

 

Y tocaré en tu honor, fuerza mía,

  porque tú, oh Dios, eres mi alcázar.

 

 

 

Salmo 59

Oración después de una calamidad

 

Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas;

  estabas airado, pero restáuranos.

  Has sacudido y agrietado el país:

  repara sus grietas, que se desmorona.

 

Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,

  dándole a beber un vino de vértigo;

  diste a tus fieles la señal de desbandada,

  haciéndolos huir de los arcos.

 

Para que se salven tus predilectos,

  que tu mano salvadora nos responda.

 

Dios habló en su santuario:

  "Triunfante ocuparé Siquén,

  parcelaré el valle de Sucot;

 

mío es Galaad, mío Manasés,

  Efraín es yelmo de mi cabeza,

  Judá es mi cetro;

 

Moab, una jofaina para lavarme;

  sobre Edom echo mi sandalia,

  sobre Filistea canto victoria".

 

Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte,

  quién me conducirá a Edom,

  si tú, oh Dios, nos has rechazado

  y no sales ya con nuestras tropas?

 

Auxílianos contra el enemigo,

  que la ayuda del hombre es inútil.

  Con Dios haremos proezas,

  él pisoteará a nuestros enemigos.

 

 

 

Salmo 60

Oración de un desterrado

 

Dios mío, escucha mi clamor,

  atiende a mi súplica;

  te invoco desde el confín de la tierra

  con el corazón abatido:

 

llévame a una roca inaccesible,

  porque tú eres mi refugio

  y mi bastión contra el enemigo.

 

Habitaré siempre en tu morada,

  refugiado al amparo de tus alas;

  porque tú, oh Dios, escucharás mis votos

  y me darás la heredad de los que veneran tu nombre.

 

Añade días a los días del rey,

  que sus años alcancen varias generaciones;

  que reine siempre en presencia de Dios,

  que tu gracia y tu lealtad le hagan guardia.

 

Yo tañeré siempre en tu honor,

  e iré cumpliendo mis votos día tras día.

 

 

 

Salmo 61

La paz en Dios

 

Sólo en Dios descansa mi alma,

  porque de El viene mi salvación;

  sólo El es mi roca y mi salvación,

  mi alcázar: no vacilaré.

 

¿Hasta cuando arremataréis contra un hombre

  todos juntos, para derribarlo

  como a una pared que cede

  o a una tapia ruinosa?

 

Sólo piensan en derribarme de mi altura,

  y se complacen en la mentira:

  con la boca bendicen,

  con el corazón maldicen.

 

Descansa sólo en Dios, alma mía,

  porque El es mi esperanza;

  sólo él es mi roca y mi salvación,

  mi alcázar: no vacilaré.

 

De Dios viene mi salvación y mi gloria,

  él es mi roca firme,

  Dios es mi refugio.

 

Pueblo suyo, confiad en él,

  desahogad ante él vuestro corazón,

  que Dios es nuestro refugio.

 

Los hombres no son más que un soplo,

  los nobles son apariencia:

  todos juntos en la balanza subirían

  mas leves que un soplo.

 

No confiéis en la opresión,

  no pongáis ilusiones en el robo;

  y aunque crezcan vuestras riquezas,

  no les deis el corazón.

 

Dios ha dicho una cosa,

  y dos cosas que he escuchado:

 

"Que Dios tiene el poder

  y el Señor tiene la gracia;

  que tú pagas a cada uno

  según sus obras":

 

 

 

Salmo 62

El alma sedienta de Dios

 

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

  mi alma está sedienta de ti;

  mi carne tiene ansia de ti,

  como tierra reseca, agostada, sin agua.

 

¡Cómo te contemplaba en el santuario

  viendo tu fuerza y tu gloria!

  Tu gracia vale más que la vida,

  te alabarán mis labios.

 

Toda mi vida te bendeciré

  y alzaré las manos invocándote.

  Me saciaré como de enjundia y de manteca,

  y mis labios te alabarán jubilosos.

 

En el lecho me acuerdo de ti

  y velando medito en ti,

  porque fuiste mi auxilio,

  y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

  mi alma está unida a ti,

  y tu diestra me sostiene.

 

 

 

Salmo 63

Súplica contra los enemigos

 

Escucha, oh Dios, la voz de mi lamento,

  protege mi vida del terrible enemigo;

  escóndeme de la conjura de los perversos

  y del motín de los malhechores:

 

afilan sus lenguas como espadas

  y disparan como flechas palabras venenosas,

  para herir a escondidas al inocente,

  para herirlo por sorpresa y sin riesgo.

 

Se animan al delito,

  calculan como esconder trampas,

  y dicen: "¿quién lo descubrirá?"

  Inventan maldades y ocultan sus invenciones,

  porque su mente y su corazón no tienen fondo.

 

Pero Dios los acribilla a flechazos,

  por sorpresa los cubre de heridas;

  su misma lengua los lleva a la ruina,

  y los que lo ven menean la cabeza.

 

Todo el mundo se atemoriza,

  proclama la obra de Dios

  y medita sus acciones.

 

El justo se alegra con el Señor,

  se refugia en El,

  y se felicitan los rectos de corazón.

 

 

 

Salmo 64

Solemne acción de gracias

 

Oh Dios, tú mereces un himno en Sión,

  y a ti se te cumplen los votos,

  porque tú escuchas las súplicas.

 

A ti acude todo mortal

  a causa de sus culpas;

  nuestros delitos nos abruman,

  pero tú los perdonas.

 

Dichoso el que tú eliges y acercas

  para que viva en tus atrios:

  que nos saciemos de los bienes de tu casa,

  de los dones sagrados de tu templo.

 

Con portentos de justicia nos respondes,

  Dios, salvador nuestro;

  tú, esperanza del confín de la tierra

  y del océano remoto;

 

Tú que afianzas los montes con tu fuerza,

  ceñido de poder;

  tú que reprimes el estruendo del mar,

  el estruendo de las olas

  y el tumulto de los pueblos.

 

Los habitantes del extremo del orbe

  se sobrecogen ante tus signos,

  y las puertas de la aurora y del ocaso

  las llenas de júbilo.

 

Tú cuidas la tierra, la riegas

  y la enriqueces sin medida;

  la acequia de Dios va llena de agua,

  preparas los trigales;

 

riegas los surcos,

  igualas los terrones,

  tu llovizna los deja mullidos,

  bendices sus brotes;

  coronas el año con tus bienes,

  tus carriles rezuman abundancia;

 

rezuman los pastos del páramo,

  y las colinas se orlan de alegría;

  las praderas se cubren de rebaños,

  y los valles se visten de mieses,

  que aclaman y cantan.

 

 

 

Salmo 65

Himno para un sacrificio de acción de gracias

 

Aclamad al Señor, tierra entera;

  tocad en honor de su nombre,

  cantad himnos a su gloria.

 

Decid a Dios: "¡Qué temibles son tus obras,

  por tu inmenso poder tus enemigos te adulan!"

 

Que se postre ante ti la tierra entera,

  que toquen en tu honor,

  que toquen para tu nombre.

 

Venid a ver las obras de Dios,

  sus temibles proezas en favor de los hombres:

  transformó el mar en tierra firme,

  a pie atravesaron el río.

 

Alegrémonos con Dios,

  que con su poder gobierna eternamente;

  sus ojos vigilan a las naciones,

  para que no se subleven los rebeldes.

 

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,

  haced resonar sus alabanzas,

  porque él nos ha devuelto la vida

  y no dejó que tropezaran nuestros pies.

 

Oh Dios, nos pusiste a prueba,

  nos refinaste como refinan la plata;

  nos empujaste a la trampa,

  nos echaste a cuestas un fardo:

 

sobre nuestro cuello cabalgaban,

  pasamos por fuego y por agua,

  pero nos has dado respiro.

 

Entraré en tu casa con víctimas,

  para cumplirte mis votos:

  los que pronunciaron mis labios

  y prometió mi boca en el peligro.

 

Te ofreceré víctimas cebadas,

  te quemaré carneros,

  inmolaré bueyes y cabras.

 

Fieles de Dios, venid a escuchar,

  os contaré lo que ha hecho conmigo:

  a El gritó mi boca

  y lo ensalzó mi lengua.

 

Si hubiera tenido yo mala intención,

  el Señor no me habría escuchado;

  pero Dios me escuchó,

  y atendió a mi voz suplicante.

 

Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica

  ni me retiró su favor.

 

 

 

Salmo 66

Que todos los pueblos alaben al Señor

 

El Señor tenga piedad y nos bendiga,

  ilumine su rostro sobre nosotros;

  conozca la tierra tus caminos,

  todos los pueblos tu salvación.

 

Oh Dios, que te alaben los pueblos,

  que todos los pueblos te alaben.

 

Que canten de alegría las naciones,

  porque riges el mundo con justicia,

  riges los pueblos con rectitud

  y gobiernas las naciones de la tierra.

 

Oh Dios, que te alaben los pueblos,

  que todos los pueblos te alaben.

 

La tierra ha dado su fruto,

  nos bendice el Señor, nuestro Dios.

  Que Dios nos bendiga; que le teman

  hasta los confines del orbe.

 

 

 

Salmo 67

Entrada triunfal del Señor

 

Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,

  huyen de su presencia los que lo odian;

 

como el humo se disipa, se disipan ellos;

  como se derrite la cera ante el fuego,

  así perecen los impíos ante Dios.

 

En cambio, los justos se alegran,

  gozan en la presencia de Dios,

  rebosando de alegría.

 

Cantad a Dios,  tocad en su honor,

  alfombrad el camino del que avanza por el desierto;

  su nombre es el Señor:

  alegraos en su presencia.

 

Padre de huérfanos, protector de viudas,

  Dios vive en su santa morada.

 

Dios prepara casa a los desvalidos,

  libera a los cautivos y los enriquece;

  sólo los rebeldes

  se quedan en la tierra abrasada.

 

Oh Dios, cuando salías al frente de tu pueblo

  y avanzabas por el desierto,

  la tierra tembló, el cielo destiló

  ante Dios, el Dios del Sinaí;

  ante Dios, el Dios de Israel.

 

Derramaste en tu heredad, oh Dios una lluvia copiosa,

  aliviaste la tierra extenuada;

  y tu rebaño habitó en la tierra

  que tu bondad, oh Dios, preparó para los pobres.

 

El Señor pronuncia un oráculo,

  millares pregonan la alegre noticia:

  "los reyes, los ejércitos van huyendo, van huyendo;

  las mujeres reparten el botín.

 

Mientras reposabais en los apriscos,

  las palomas batieron sus alas de plata,

  el oro destellaba en sus plumas.

  Mientras el Todopoderoso dispersaba a los reyes,

  la nieve bajaba sobre el Monte Umbrío".

 

Las montañas de Basán son altísimas,

  las montañas de Basán son escarpadas;

  ¿por qué tenéis envidia, montañas escarpadas,

  del monte escogido por Dios para habitar,

  morada perpetua del Señor?

 

Los carros de Dios son miles y miles:

  Dios marcha del Sinaí al santuario.

  Subiste a la cumbre llevando cautivos,

  te dieron tributo de hombres:

  incluso los que se resistían

  a que el Señor Dios tuviera una morada.

 

Bendito el Señor cada día,

  Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación.

  Nuestro Dios es un Dios que salva,

  el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.

 

Dios aplasta las cabezas de sus enemigos,

  los cráneos de los malvados contumaces.

  Dice el Señor: "Los traeré desde Basán,

  los traeré desde el fondo del mar;

  teñirás tus pies en la sangre del enemigo

  y los perros la lamerán con sus lenguas".

 

Aparece tu cortejo, oh Dios,

  el cortejo de mi Dios, de mi Rey,

  hacia el santuario.

 

Al frente, marchan los cantores;

  los últimos, los tocadores de arpa;

  en medio, las muchachas van tocando panderos.

 

"En el bullicio de la fiesta, bendecid a Dios,

  al Señor, estirpe de Israel".

 

Va delante Benjamím, el más pequeño;

  los príncipes de Judá con sus tropeles;

  los príncipes de Zabulón,

  los príncipes de Neftalí.

 

Oh Dios, despliega tu poder,

  tu poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro.

  A tu templo de Jerusalén

  traigan los reyes su tributo.

 

Reprime a la Fiera del Cañaveral,

  al tropel de los Toros,

  a los Novillos de los pueblos.

 

Que se te rindan con lingotes de plata:

  dispersa las naciones belicosas.

  Lleguen los magnates de Egipto,

  Etiopía extienda sus manos a Dios.

 

Reyes de la tierra, cantad a Dios,

  tocad para el Señor,

  que avanza por los cielos,

  los cielos antiquísimos,

  que lanza su voz, su voz poderosa:

  "reconoced el poder de Dios".

 

Sobre Israel resplandece su majestad,

  y su poder sobre las nubes.

  Desde el santuario, Dios impone reverencia:

  es el Dios de Israel

  quien da fuerza y poder a su pueblo.

 

¡Dios sea bendito!

 

 

 

Salmo 68

Me devora el celo de tu templo

 

Dios mío, sálvame,

  que me llega el agua al cuello:

  me estoy hundiendo en un cieno profundo

  y no puedo hacer pie;

  he entrado en la hondura del agua,

  me arrastra la corriente.

 

Estoy agotado de gritar,

  tengo ronca la garganta;

  se me nublan los ojos

  de tanto aguardar a mi Dios.

 

Más que los pelos de mi cabeza

  son los que me odian sin razón;

  más duros que mis huesos,

  los que me atacan injustamente.

  ¿Es que voy a devolver

  lo que no he robado?

 

Dios mío, tú conoces mi ignorancia,

  no se te ocultan mis delitos.

  Que por mi causa no queden defraudados

  los que esperan en ti, Señor de los ejércitos.

 

Que por mi causa no se avergüencen

  los que te buscan, Dios de Israel.

  Por ti he aguantado afrentas,

  la vergüenza cubrió mi rostro.

 

Soy un extraño para mis hermanos,

  un extranjero para los hijos de mi madre;

  porque me devora el celo de tu templo,

  y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí.

 

Cuando me aflijo con ayunos,

  se burlan de mí;

  cuando me visto de saco,

  se ríen de mí;

  sentados a la puerta cuchichean,

  mientras beben vino me sacan coplas.

 

Pero mi oración se dirige a ti,

  Dios mío, el día de tu favor;

  que me escuche tu gran bondad,

  que tu fidelidad me ayude:

 

arráncame del cieno, que no me hunda;

  líbrame de los que me aborrecen,

  y de las aguas sin fondo.

 

Que no me arrastre la corriente,

  que no me trague el torbellino,

  que no se cierre la poza sobre mí.

 

Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;

  por tu gran compasión, vuélvete hacia mí;

  no escondas tu rostro a tu siervo:

  estoy en peligro, respóndeme en seguida.

 

Acércate a mí, rescátame,

  líbrame de mis enemigos:

  estás viendo mi afrenta,

  mi vergüenza y mi deshonra;

  a tú vista están los que me acosan.

 

La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.

  Espero compasión, y no la hay;

  consoladores, y no los encuentro.

  En mi comida me echaron hiel,

  para mi sed me dieron vinagre.

 

Yo soy un pobre malherido;

  Dios mío, tu salvación me levante.

  Alabaré el nombre de Dios con cantos,

  proclamaré su grandeza con acción de gracias;

  le agradará a Dios más que un toro,

  más que un novillo con cuernos y pezuñas.

 

Miradlo, los humildes, y alegraos,

  buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

  Que el Señor escucha a sus pobres,

  no desprecia a sus cautivos.

  Alábenlo el cielo y la tierra,

  las aguas y cuanto bulle en ellas.

 

El Señor salvará a Sión,

  reconstruirá las ciudades de Judá,

  y las habitarán en posesión.

  La estirpe de sus siervos la heredará,

  los que aman su nombre vivirán en ella.

 

 

 

Salmo 69

Dios mío, ven en mi auxilio

 

Dios mío, dígnate a librarme;

  Señor, date prisa en socorrerme.

  Sufran una derrota ignominiosa

  los que me persiguen a muerte;

 

vuelvan la espalda afrentados

  los que traman mi daño;

  que se retiren avergonzados

  los que se ríen de mí.

 

Alégrense y gocen contigo

  todos los que te buscan;

  y digan siempre: "Dios es grande",

  los que desean tu salvación.

 

Yo soy pobre y desgraciado:

  Dios mío, socórreme,

  que tú eres mi auxilio y mi liberación.

  ¡Señor, no tardes!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Salmo 70

Tú, Señor, fuiste mi esperanza desde mi juventud

 

A ti, Señor, me acojo:

  no quede yo derrotado para siempre;

  tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,

  inclina a mí tu oído, y sálvame.

 

Se tú mi roca de refugio,

  el alcázar donde me salve,

  porque mi peña y mi alcázar eres tú.

 

Dios mío, líbrame de la mano perversa,

  del puño criminal y violento;

  porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza

  y mi confianza, Señor, desde mi juventud.

 

En el vientre materno ya me apoyaba en ti,

  en el seno tú me sostenías,

  siempre he confiado en ti.

 

Muchos me miraban como a un milagro,

  porque tú eres mi fuerte refugio.

  Llena estaba mi boca de tu alabanza

  y de tu gloria, todo el día.

 

No me rechaces ahora en la vejez,

  me van faltando las fuerzas, no me abandones;

  porque mis enemigos hablan de mí,

  los que acechan mi vida celebran consejo;

  dicen: "Dios lo ha abandonado;

  perseguidlo, agarradlo, que nadie lo defiende".

 

Dios mío, no te quedes a distancia;

  Dios mío, ven aprisa a socorrerme.

  Que fracasen y se pierdan

  los que atentan contra mi vida,

  queden cubiertos de oprobio y vergüenza

  los que buscan mi daño.

 

Yo, en cambio, seguiré esperando,

  redoblaré tus alabanzas;

  mi boca contará tu auxilio,

  y todo el día tu salvación.

  Contaré tus proezas, Señor mío,

  narraré tu victoria, tuya entera.

 

Dios mío, me instruiste desde mi juventud,

  y hasta hoy relato tus maravillas,

  ahora, en la vejez y las canas,

  no me abandones, Dios mío,

 

hasta que describa tu brazo

  a la nueva generación,

  tus proezas y tus victorias excelsas,

  las hazañas que realizaste:

  Dios mío, ¿quién como tú?

 

Me hiciste pasar por peligros,

  muchos y graves:

  de nuevo me darás la vida,

  me harás subir de lo hondo de la tierra;

 

acrecerás mi dignidad,

  de nuevo me consolarás;

  y yo te daré gracias, Dios mío,

  con el arpa, por tu lealtad;

 

tocaré para ti la cítara,

  Santo de Israel;

  te aclamarán mis labios, Señor,

  mi alma, que tú redimiste;

 

y mi lengua todo el día

  recitará tu auxilio,

  porque quedaron derrotados y afrentados

  los que buscaban mi daño.

 

 

 

Salmo 71

Poder real del Mesías

 

Dios mío, confía tu juicio al rey,

  tu justicia al hijo de reyes,

  para que rija a tu pueblo con justicia,

  a tus humildes con rectitud.

 

Que los montes traigan paz,

  y los collados justicia;

  que él defienda a los humildes del pueblo,

  socorra a los hijos del pobre

  y quebrante al explotador.

 

Que dure tanto como el sol,

  como la luna, de edad en edad;

  que baje como lluvia sobre el césped,

  como llovizna que empapa la tierra.

 

Que en sus días florezca la justicia

  y la paz hasta que falte la luna;

  que domine de mar a mar,

  del Gran Río al confín de la tierra.

 

Que en su presencia se inclinen sus rivales;

  que sus enemigos muerdan el polvo;

  que los reyes de Tarsis y de las islas

  le paguen tributo.

 

Que los reyes de Saba y de Arabia

  le ofrezcan sus dones;

  que se postren ante él todos los reyes,

  y que todos los pueblos le sirvan.

 

El librará al pobre que clamaba,

  al afligido que no tenía protector;

  él se apiadará del pobre y del indigente,

  y salvará la vida de los pobres;

  él rescatará sus vidas de la violencia,

  su sangre será preciosa a sus ojos.

 

Que viva y que le traigan el oro de Saba,

  que recen por él contínuamente

  y lo bendigan todo el día.

 

Que haya trigo abundante en los campos,

  y susurre en lo alto de los montes;

  que den fruto como el Líbano,

  y broten las espigas como hierba del campo.

 

Que su nombre sea eterno,

  y su fama dure como el sol;

  que él sea la bendición de todos los pueblos,

  y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

  el único que hace maravillas;

  bendito por siempre su nombre glorioso;

  que su gloria llene la tierra.

  ¡Amén, amén!

 

 

 

Salmo 72

Por qué sufre el justo

 

¡Qué bueno es Dios para el justo,

  el Señor para los limpios de corazón!

 

Pero yo por poco doy un mal paso,

  casi resbalaron mis pisadas:

  porque envidiaba a los perversos,

  viendo prosperar a los malvados.

 

Para ellos no hay sinsabores,

  están sanos y orondos;

  no pasan las fatigas humanas,

  ni sufren como los demás.

 

Por eso su collar es el orgullo,

  y los cubre un vestido de violencia;

  de las carnes les rezuma la maldad,

  el corazón les rebosa de malas ideas.

 

Insultan y hablan mal,

  y desde lo alto amenazan con la opresión.

  Su boca se atreve con el cielo.

  Y su lengua recorre la tierra.

 

Por eso mi pueblo se vuelve a ellos

  y se bebe sus palabras.

  Ellos dicen: "¿Es que Dios lo va a saber,

  se va a enterar el Altísimo?"

  Así son los malvados:

  siempre seguros, acumulan riquezas.

 

Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón

  y he lavado en la inocencia mis manos?

  ¿Para qué aguanto yo todo el día

  y me corrijo cada mañana?

 

Si yo dijera: "Voy a hablar con ellos",

  renegaría de la estirpe de tus hijos.

 

Meditaba yo para entenderlo,

  porque me resultaba muy difícil;

  hasta que entré en el misterio de Dios,

  y comprendí el destino de ellos.

 

Es verdad: los pones en el resbaladero,

  los precipitas en la ruina;

  en un momento causan horror,

  y acaban consumidos de espanto.

 

Como un sueño al despertar, Señor,

  al despertarte desprecias sus sombras.

 

Cuando mi corazón se agriaba

  y me punzaba mi interior,

  yo era un necio y un ignorante,

  yo era un animal ante ti.

 

Pero yo siempre estaré contigo,

  tu agarrarás mi mano derecha,

  me guías según tus planes,

  y me llevas a un destino glorioso.

 

¿No te tengo a ti en el cielo?

  Y contigo, ¿qué me importa la tierra?

  Se consumen mi corazón y mi carne

  por Dios, mi lote perpetuo.

 

Sí: los que se alejan de ti se pierden;

  tú destruyes a los que te son infieles.

 

Para mí lo bueno es estar junto a Dios,

  hacer del Señor mi refugio,

  y contar todas tus acciones

  en las puertas de Sión.

 

 

 

Salmo 73

Lamentación ante el templo devastado

 

¿Por qué, oh Dios, nos tienes siempre abandonados,

  y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?

 

Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo,

  de la tribu que rescataste para posesión tuya,

  del monte Sión donde pusiste tu morada.

 

Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio;

  el enemigo ha arrasado del todo el santurario.

  Rugían los agresores en medio de tu asamblea,

  levantaron sus propios estandartes.

 

En la entrada superior

  abatieron a hachazos el entramado;

  después, con martillos y mazas,

  destrozaron todas las esculturas.

 

Prendieron fuego a tu santuario,

  derribaron y profanaron la morada de tu nombre.

  Pensaban: "acabaremos con ellos",

  e incendiaron todos los templos del país.

 

Ya no vemos nuestros signos, ni hay profeta:

  nadie entre nosotros sabe hasta cuando.

 

¿Hasta cuando, oh Dios, nos va a afrentar el enemigo?

  ¿No cesará de despreciar tu nombre el adversario?

  ¿Por qué retraes tu mano izquierda

  y tienes tu derecha escondida en el pecho?

 

Pero tú, Dios mío, eres rey desde siempre,

  tú ganaste la victoria en medio de la tierra.

 

Tú hendiste con fuerza el mar,

  rompiste la cabeza del dragón marino;

  tú aplastaste la cabeza del Leviatán,

  se la echaste en pasto a las bestias del mar;

  tú alumbraste manantiales y torrentes,

  tú sacaste ríos inagotables.

 

Tuyo es el día, tuya la noche,

  tú colocaste la luna y el sol;

  tú plantaste los linderos del orbe,

  tú formaste el verano y el invierno.

 

Tenlo en cuenta, Señor, que el enemigo te ultraja,

  que un pueblo insensato desprecia tu nombre;

  no entregues a los buitres la vida de tu tórtola,

  ni olvides sin remedio la vida de los pobres.

 

Piensa en tu alianza: que los rincones del país

  están llenos de violencias.

  Que el humilde no se marche defraudado,

  que pobres y afligidos alaben tu nombre.

 

Levántate, oh Dios, defiende tu causa:

  recuerda los ultrajes contínuos del insensato;

  no olvides las voces de tus enemigos,

  el tumulto creciente de los rebeldes contra ti.

 

 

 

Salmo 74

El Señor, juez supremo

 

Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias,

  invocando tu nombre, contando tus maravillas.

 

"Cuando elija la ocasión,

  yo juzgaré rectamente.

  Aunque tiemble la tierra con sus habitantes,

  yo he afianzado sus columnas".

 

Digo a los jactanciosos: "No jactaros";

  a los malvados: "No alcéis la testuz,

  no alcéis la testuz contra el cielo",

  no digáis insolencias contra la Roca.

 

Ni del oriente ni del occidente,

  ni del desierto ni de los montes,

  sólo Dios gobierna:

  a uno humilla, a otro ensalza.

 

El Señor tiene una copa en la mano,

  un vaso lleno de vino drogado:

  lo da a beber hasta las heces

  a todos los malvados de la tierra.

 

Pero yo siempre proclamaré su grandeza,

  y tañeré para el Dios de Jacob:

  derribaré el poder de los malvados,

  y se alzará el poder del justo.

 

 

 

Salmo 75

Acción de gracias por la victoria

 

Dios se manifesta en Judá,

  su fama es grande en Israel;

  su tabernáculo está en Jerusalén,

  su morada en Sión:

  allí quebró los relámpagos del arco,

  el escudo, la espada y la guerra.

 

Tú eres deslumbrante, magnífico,

  con montones de botín conquistados.

  Los valientes duermen su sueño,

  y a los guerreros no les responden sus brazos.

  Con un bramido, oh Dios de Jacob,

  inmovilizaste carros y caballos.

 

Tú eres terrible: ¿quién resiste frente a tí

  al ímpetu de tu ira?

  Desde el cielo proclamas la sentencia:

  la tierra teme sobrecogida,

  cuando Dios se pone en pie para juzgar,

  para salvar a los humildes de la tierra.

 

La cólera humana tendrá que alabarte,

  los que sobrevivan al castigo de rodearán.

  Haced votos al Señor y cumplidlos,

  y traigan los vasallos tributo al Temible:

  El deja sin aliento a los príncipes,

  y es temible para los reyes del orbe.

 

 

Salmo 76

recuerdo del pasado glorioso de Israel

 

Alzo mi voz a Dios gritando,

  alzo mi voz a Dios para que me oiga.

 

En mi angustia te busco, Señor mío;

  de noche extiendo las manos sin descanso,

  y mi alma rehusa el consuelo.

  Cuando me acuerdo de Dios, gimo,

  y meditando me siento desfallecer.

 

Sujetas los párpados de mis ojos,

  y la agitación no me deja hablar.

  Repaso los días antiguos,

  recuerdo los años remotos;

  de noche lo pienso en mis adentros,

  y meditándolo me pregunto:

 

"¿Es que el Señor nos rechaza para siempre

  y ya no volverá a favorecernos?

  ¿Se ha agotado ya su misericordia,

  se ha terminado para siempre su promesa?

  ¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,

  o la cólera cierra sus entrañas?"

 

Y me digo: "¡Qué pena la mía!

  ¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!"

  Recuerdo las proezas del Señor;

  sí, recuerdo tus antiguos portentos,

  medito todas tus obras

  y considero tus hazañas.

 

Dios mío, tus caminos son santos:

  ¿Qué dios es grande como nuestro Dios?

 

Tú, oh Dios, haciendo maravillas,

  mostraste tu poder a los pueblos;

  con tu brazo rescataste a tu pueblo,

  a los hijos de Jacob  y de José.

 

Te vió el mar, oh Dios,

  te vió el mar y tembló,

  las olas se estremecieron.

 

Las nubes descargaban sus aguas,

  retumbaban los nubarrones,

  tus saetas zigzagueaban.

 

Rodaba el estruendo de tu trueno,

  los relámpagos deslumbraban el orbe,

  la tierra retembló estremecida.

 

Tú te abriste camino por las aguas,

  un vado por las aguas caudalosas,

  y no quedaba rastro de tus huellas:

 

Mientras guiabas a tu pueblo,

  como a un rebaño,

  por la mano de Moisés y de Aarón.

 

 

 

Salmo 77

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza

 

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,

  inclina el oído a las palabras de mi boca:

  que voy a abrir mi boca a las sentencias,

  para que broten los enigmas del pasado.

 

Lo que oímos y aprendimos,

  lo que nuestros padres nos contaron,

  no lo ocultaremos a sus hijos,

  lo contaremos a la futura generación:

 

las alabanzas del Señor, su poder,

  las maravillas que realizó;

  porque él estableció una norma para Jacob,

  dió una ley a Israel.

 

El mandó a nuestros padres

  que lo enseñaran a sus hijos,

  para que lo supiera la generación siguiente,

  los hijos que nacieran después.

 

Que surjan y lo cuenten a sus hijos,

  para que pongan en Dios su confianza

  y no olviden las acciones de Dios,

  sino que guarden sus mandamientos;

 

para que no imiten a sus padres,

  generación rebelde y pertinaz;

  generación de corazón inconstante,

  de espíritu infiel a Dios.

 

Los arqueros de la tribu de Efraín

  volvieron la espalda en la batalla;

  no guardaron la alianza de Dios,

  se negaron a seguir su ley,

 

echando en olvido sus acciones,

  las maravillas que les había mostrado,

  cuando hizo portentos a vista de sus padres,

  en el país de Egipto, en el campo de Soán:

 

hendió el mar para darles paso,

  sujetando las aguas como muros;

  los guiaba de día con una nube,

  la noche con el resplandor del fuego;

 

hendió la roca en el desierto,

  y les dió a beber raudales de agua;

  sacó arroyos de la peña,

  hizo correr las aguas como ríos.

 

Pero ellos volvieron a pecar contra él,

  y en el desierto se rebelaron contra el Altísimo:

  tentaron a Dios en sus corazones,

  pidiendo una comida a su gusto;

 

hablaron contra Dios: "¿podrá Dios

  preparar una mesa en el desierto?

  El hirió la roca, brotó agua

  y desbordaron los torrentes;

  pero ¿podrá también darnos pan,

  proveer de carne a su `pueblo?"

 

Lo oyó el Señor, y se indignó;

  un fuego se encendió contra Jacob,

  hervía su cólera contra Israel,

  porque no tenían fe en Dios

  ni confiaban en su auxilio.

 

Pero dió orden a las altas nubes,

  abrió las compuertas del cielo:

  hizo llover sobre ellos maná,

  les dió un trigo celeste;

  y el hombre comió pan de ángeles,

  les mandó provisiones hasta la hartura.

 

Hizo soplar desde el cielo el levante,

  y dirigió con su fuerza el viento sur;

  hizo llover carne como una polvareda,

  y volátiles como arena del par;

  los hizo caer en mitad del campamento,

  alrededor de sus tiendas.

 

Ellos comieron y se hartaron,

  así satisfizo su avidez;

  pero, con la avidez recién saciada,

  con la comida aún en la boca,

  la ira de Dios hirvió contra ellos:

  mató a los más robustos,

  doblegó a la flor de Israel.

 

Y, con todo, volvieron a pecar,

  y no dieron fe a sus milagros:

  entonces consumió sus días en un soplo,

  sus años en un momento;

 

y, cuando los hacía morir, lo buscaban,

  y madrugaban para volverse hacia Dios;

  se acordaban de que Dios era su roca,

  el Dios Altísimo su redentor.

 

Lo adulaban con sus bocas,

  pero sus lenguas mentían:

  su corazón no era sincero con él,

  ni eran fieles a su alianza.

 

El, en cambio, sentía lástima,

  perdonaba la culpa y no los destruía:

  una y otra vez reprimió su cólera,

  y no despertaba todo su furor;

  acordándose de que eran de carne,

  un aliento fugaz que no torna.

 

 

 

Salmo 78

Lamentación ante la destrucción de Jerusalén

 

Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,

  han profanado tu santo templo,

  han reducido Jerusalén a ruinas.

 

Echaron los cadáveres de tus siervos

  en pasto a las aves del cielo,

  y la carne de tus fieles

  a las fieras de la tierra.

 

Derramaron su sangre como agua

  en torno a Jerusalén,

  y nadie la enterraba.

 

Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,

  la irrisión y la burla de los que nos rodean.

 

¿Hasta cuándo, Señor?

  ¿Vas a estar siempre enojado?

  ¿Arderá como fuego tu cólera?

 

No recuerdes contra nosotros

  las culpas de nuestros padres;

  que tu compasión nos alcance pronto,

  pues estamos agotados.

 

Socórrenos, Dios, Salvador nuestro,

  por el honor de tu nombre;

  líbranos y perdona nuestros pecados

  a causa de tu nombre.

 

¿Por qué han de decir los gentiles:

  "dónde está su Dios"?

  Que a nuestra vista conozcan los gentiles la venganza

  de la sangre de tus siervos derramada.

 

Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:

  con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte.

 

Mientras, nosotros, pueblo tuyo,

  ovejas de tu rebaño,

  te daremos gracias siempre,

  cantaremos tus alabanzas

  de generación en generación.

 

 

 

Salmo 79

Ven, Señor, a visitar tu viña

 

Pastor de Israel, escucha,

  tú que guías a José como a un rebaño;

  tú que te sientas sobre querubines, resplandece

  ante Efraín, Benjamín y Manasés;

  despierta tu poder y ven a salvarnos.

 

Oh Dios, restáuranos,

  que brille tu rostro y nos salve.

 

Señor, Dios de los ejércitos,

  ¿hasta cuando estarás airado

  mientras tu pueblo te suplica?

 

Les diste a comer llanto,

  a beber lágrimas a tragos;

  nos entregaste a las contiendas de nuestros vecinos,

  nuestros enemigos se burlan de nosotros.

 

Dios de los ejércitos, restáuranos,

  que brille tu rostro y nos salve.

 

Sacaste una vid de Egipto,

  expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;

  le preparaste el terreno, y echó raíces

  hasta llenar el país;

 

Su sombra cubría las montañas,

  y sus pámpanos, los cedros altísimos;

  extendió sus sarmientos hasta el mar,

  y sus brotes hasta el Gran Río.

 

¿Por qué has derribado su cerca

  para que la saqueen los viandantes,

  la pisoteen los jabalíes

  y se la coman las alimañas?

 

Dios de los ejércitos, vuélvete:

  mira desde el cielo, fíjate,

  ven a visitar tu viña,

  la cepa que tu diestra plantó

  y que tú hiciste vigorosa.

 

La han talado y le han prendido fuego;

  con un bramido hazlos perecer.

  Que tu mano proteja a tu escogido,

  al hombre que tú fortaleciste.

 

No nos alejaremos de ti:

  danos vida, para que invoquemos tu nombre.

 

Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos,

  que brille tu rostro y nos salve.

 

 

 

Salmo 80

Solemne renovación de la alianza

 

Aclamad a Dios, nuestra fuerza;

  dad vítores al Dios de Jacob:

 

acompañad, tocad los panderos,

  las cítaras templadas y las arpas;

  tocad la trompeta por la luna nueva,

  por la luna llena, que es nuestra fiesta.

 

Porque es una ley de Israel,

  un precepto del Dios de Jacob,

  una norma establecida por José

  al salir de Egipto.

 

Oigo un lenguaje desconocido:

  "retiré sus hombros de la carga,

  y sus manos dejaron la espuerta.

 

Clamaste en la aflicción, y te libré,

  te respondí oculto entre los truenos,

  te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.

 

Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;

  ¡ojalá me escuchases Israel!

 

No tendrás un dios extraño,

  no adorarás un dios extranjero;

  yo soy el Señor, Dios tuyo,

  que saqué del país de Egipto;

  abre la boca que te la llene".

 

Pero mi pueblo no escuchó mi voz,

  Israel no quiso obedecer:

  los entregué a su corazón obstinado,

  para que anduviesen según sus antojos.

 

¡Ojalá me escuchase mi pueblo

  y caminase Israel por mi camino!:

  en un momento humillaría a sus enemigos

  y volvería mi mano contra sus adversarios;

 

Los que aborrecen al Señor te adularían,

  y su suerte quedaría fijada;

  te alimentaría con flor de harina,

  te saciaría con miel silvestre.

 

 

 

Salmo 81

Invectivas contra los jueces inicuos

 

Dios se levanta en la asamblea divina;

  rodeado de ángeles, juzga:

  "¿Hasta cuándo daréis sentencia injusta,

  poniéndoos de parte del culpable?

 

Proteged al desvalido y al huérfano,

  haced justicia al humilde y al necesitado,

  defended al pobre y al indigente,

  sacándolos de las manos del culpable".

 

Ellos, ignorantes e insensatos, caminan a oscuras,

  mientras vacilan los cimientos del orbe.

 

Yo declaro: "Aunque seáis dioses,

  e hijos del Altísimo todos,

  moriréis como cualquier hombre,

  caeréis, príncipes, como uno de tantos".

 

Levántate, oh Dios, y juzga la tierra,

  porque tú eres el dueño de todos los pueblos.

 

 

 

Salmo 82

Oración indignada del justo

 

* No aparece en la Liturgia de las Horas *

 

 

Señor, no te estés callado, en silencio e inmóvil, oh Dios;

  mira que tus enemigos se agitan

  y los que te odian levantan la cabeza;

 

traman planes contra tu pueblo,

  se conjuran contra tus protegidos.

 

Dicen: "Vamos a aniquilarlos como nación,

  que el nombre de Israel no se pronuncie más".

 

Están de acuerdo en la conjura,  hacen liga contra ti:

  los beduinos, idumeos, ismaelitas, moabitas y agarenos,

 

Biblos, Amón, Amalec, los filisteos con los tirios;

  también los asirios se aliaron con ellos

  y prestaron refuerzos a los hijos de Lot.

 

Trátalos como a Madián, como a Sísara,

  como a Yabín, junto al torrente Quisón:

 

que fueron aniquilados en Fuendor

  y sirvieron de estiércol para el campo.

 

Trata a sus príncipes como al Cuervo y al Lobo,

  a sus capitanes como a Zebá y a Salmaná,

  que arengaban: "Conquistemos las vegas fértiles".

 

Dios mío, vuélvelos hojarasca, vilanos frente al vendaval;

  como fuego que prende en la maleza,

 

como incendio que abrasa los montes,

  persíguelos así con tu tormenta,

  atérralos con tu huracán.

 

Cúbreles el rostro de ignominia,

  para que te busquen a ti, Señor;

 

abrumados de vergüenza para siempre,

  perezcan derrotados;

 

y reconozcan que te llamas Señor,

  que tú eres el Soberano de toda la tierra.

 

 

 

Salmo 83

Añoranza del templo

 

¡Qué deseables son tus moradas,

  Señor de los ejércitos!

  Mi alma se consume y anhela

  los atrios del Señor,

  mi corazón y mi carne

  retozan por el Dios vivo.

 

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;

  la golondrina, un nido

  donde colocar sus polluelos:

  tus altares, Señor de los ejércitos,

  Rey mío y Dios mío.

 

Dichosos los que viven en tu casa,

  alabándote siempre.

  Dichosos los que encuentran en ti su fuerza

  al preparar su peregrinación:

 

Cuando atraviesan áridos valles,

  los convierten en oasis,

  como si la lluvia temprana

  los cubriera de bendiciones;

  caminan de baluarte en baluarte

  hasta ver a Dios en Sión.

 

Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;

  atiéndeme, Dios de Jacob.

  Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo,

  mira el rostro de tu Ungido.

 

Vale más un día en tus atrios

  que mil en mi casa,

  y prefiero el umbral de la casa de Dios

  a vivir con los malvados.

 

Porque el Señor es sol y escudo,

  él da la gracia y la gloria;

  el Señor no niega sus bienes

  a los de conducta intachable.

 

¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre

  que confía en tí!

 

 

 

Salmo 84

Nuestra salvación está cerca

 

Señor, has sido bueno con tu tierra,

  has restaurado la suerte de Jacob,

  has perdonado la culpa de tu pueblo,

  has sepultado todos sus pecados,

  has reprimido tu cólera,

  has frenado el incendio de tu ira.

 

Restáuranos, Dios Salvador nuestro;

  cesa en tu rencor contra nosotros.

  ¿Vas a estar siempre enojado,

  o a prolongar tu ira de edad en edad?

 

¿No vas a devolvernos la vida,

  para que tu pueblo se alegre contigo?

  Muéstranos, Señor, tu misericordia,

  y danos tu salvación.

 

Voy a escuchar lo que dice el Señor:

  "Dios anuncia la paz

  a su pueblo y a sus amigos

  y a los que se convierten de corazón".

 

La salvación está ya cerca de sus fieles,

  y la gloria habitará en nuestra tierra;

  la misericordia y la fidelidad se encuentran,

  la justicia y la paz se besan;

 

La fidelidad brota de la tierra,

  y la justicia mira desde el cielo;

  el Señor nos dará la lluvia,

  y nuestra tierra dará su fruto.

 

La justicia marchará ante él,

  la salvación seguirá sus pasos.

 

 

Salmo 85

Oración del pobre ante los problemas

 

Inclina tu oído, Señor, escúchame,

  que soy un pobre desamparado;

  protege mi vida, que soy un fiel tuyo;

  salva a tu siervo, que confía en ti.

 

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,

  que a ti te estoy llamando todo el día;

  alegra el alma de tu siervo,

  pues levanto mi alma hacia tí;

 

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,

  rico en misericordia