Estudios

23 marzo 2007

 

 

La sociedad espectáculo

 

 

En el contexto de la globalización, la cultura se presenta como una brillante galería de ideas, opiniones y obras, pero todas igualmente válidas, sin significado ético. Es el predominio del eclecticismo y el relativismo cultural, en el cual también está incluida la religión. Pablo Prieto.

 

 

Si la Modernidad es la época inaugurada por la revolución industrial y marcada por el desarrollo tecnológico, la posmodernidad, es decir nuestra época, tiene por centro los medios de comunicación. Estamos verdaderamente en la sociedad de la información. Entre las características de esta nueva cultura podríamos destacar las siguientes:

 

En primer lugar, como decimos, la influencia social no depende tanto del poder político o económico como de la posesión y uso de la información, que está al alcance de todos. Esto significa que la polaridad Estado/mercado (poder político / poder económico), o lo que es lo mismo, el binomio público/privado, pierde fuerza, dando paso a una realidad más compleja, en la que tiene más cabida la iniciativa y creatividad personal. Como dice Alejandro Llano, el Estado ha dejado de ser el centro y vértice de la vida social. Vale la pena señalarlo ya que tradicionalmente se ha planteado la Doctrina social de la Iglesia en función de estos binomios Estado/mercado, público/privado.

 

Paradójicamente esta gran fuente de poder que es la información se desarrolla según una forma marcadamente lúdica. Internet, televisión, prensa, etc hasta tal punto se orientan al entretenimiento que la sociedad misma se configura como un gran espectáculo. La ventaja es que cobra fuerza la componente estética de la cultura, después de un siglo de hipertrofia tecnicista, ahora bien, fácilmente se cae en un esteticismo vacío que lejos de contrarrestar el pragmatismo desencarnado, lo acentúa.

 

Además de reducir la belleza al arte, el esteticismo pretende sustituir la ética con la estética, es decir, vaciar de significado humano las manifestaciones culturales y reducirlas a pura pose decorativa y a satisfacción consumista. En el contexto de la globalización, la cultura se convierte así en un brillante galería de ideas, opiniones y obras, pero todas igualmente válidas, sin significado ético. Es el predominio del eclecticismo y el relativismo cultural, en el cual también está incluida la religión.

 

A la mencionada sociedad-espectáculo corresponde un ciudadano-espectador. Este fenómeno no sólo se debe al auge de las nuevas tecnologías sino también a que las vanguardias del siglo pasado han disuelto la distinción entre artista y espectador. Hoy más que nunca, en efecto, la persona debe adoptar una actitud crítica y creativa frente a la cultura, en concreto el mundo audiovisual. De otro modo corre peligro de acabar manipulado, o simplemente embotarse su sensibilidad entre tanto reclamo mediático. Ello requiere una exigente formación ética y estética.

 

Los responsables de los medios de comunicación –que en cierto modo somos todos- también deben asumir sus responsabilidades éticas, como viene recordando frecuentemente el Magisterio de la Iglesia. A este respecto, sin embargo, no basta con evitar los contenidos manifiestamente inmorales (pornografía, violencia, etc), sino que es necesario mejorar la calidad formal de cada medio. Cada medio posee su ethos peculiar, su modo específico de manifestar lo humano y modelarlo, según un lenguaje que es diverso en el cine, la televisión, la publicidad, el diseño gráfico, la moda o las revistas. Lo cual significa que, para llevar a la práctica las directrices del Magisterio es necesario un esfuerzo de comprensión acerca de los aspectos técnicos, lo cual no siempre es fácil.

 

La inspiración cristiana en este ámbito debería conducir a que  lo que hemos llamado sociedad de la información se convierta, como dice A. Llano, en sociedad del saber. “Tener datos”, en efecto, por  verdaderos que sean, no es todavía saber. Saber significa abrirse a la verdad, adoptar una actitud decidida respecto a ella.

 

Entre los documentos del Magisterio sobre medios de comunicación destacamos los siguientes:

 

●  Decreto del Concilio Ecuménico Vaticano II Inter mirifica, promulgado el 4 de diciembre de 1963.

●  Carta de apostólica de Juan Pablo II El rápido desarrollo, sobre las comunicaciones sociales, 24 de enero de 2005.

● Documentos del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales: Pornografía y violencia en las Comunicaciones Sociales. Una respuesta pastoral (7 de mayo de 1989); Ética en la publicidad (22 de febrero de 1997); Ética en las Comunicaciones Sociales (2 de junio de 2000); La Iglesia e Internet, (22 de febrero de 2002); Ética en Internet (22 de febrero de 2002).

 

pabloprieto100@hotmail.com

 

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