Colaboraciones

17 diciembre 2006

 

 

Hago zapping y me duermo

 

 

 

El otro día estuvo un matrimonio en  casa y se quedaron escandalizados,  porque de las cinco o seis cadenas que se pueden  ver desde nuestro televisor, dos de ellas se veían con rayas, a las otras tres no llegaba con nitidez la señal, parece ser debido a la mala orientación de la antena. De casualidad, sólo se podía ver la 2 de T.V.E. Más sorprendidos se quedaron cuando les dijimos que, habitualmente, casi nunca la encendíamos, a no ser algún día que mi mujer se sentara después de comer para quedarse dormida viendo algún reportaje de la dos, que tienen muy buena fotografía y una música agradable y muy sedante. O que retransmitieran alguna corrida de toros, aunque casi siempre la grabamos para ver el domingo por la tarde, así nos hacemos la ilusión de que estamos en Las Ventas, la Real Maestranza o que el Parlamento de Canarias ha vuelto a autorizar las corridas de toros.

 

Todo empezó porque después de comer, cuando nos sentamos a tomar café en el salón y charlar un rato, me di cuenta de que el marido estaba como intranquilo, inquieto o nervioso, como buscando algo, hasta que vio un mando a distancia, lo cogió, lo acarició, lo estuvo mirando. Le pregunté si le apetecía ver la televisión que podía encenderla, aunque nosotros no teníamos costumbre ni tiempo de verla. Encendió la tele y a pesar del desastre de sintonización que teníamos en las cadenas, les vi más tranquilos y relajados, tanto a él como a su mujer, con más afabilidad o interés por el diálogo, con aquel ruido del televisor de fondo. Aquello me resultó curioso. Entonces fue cuando me dijo, que él veía por televisión todos los partidos que podía, dos o tres telediarios y algún que otro programa-concurso, pero como no podía llegar a todo, por la noche, cuando venía cansado del despacho encendía el televisor y se relajaba, y como padecía insomnio “hacía zapping y se dormía”. A mí esto sí que me sorprendió y me di cuenta de que podía ser cierto lo que dice el profesor Enrique Rojas, “el mando a distancia es un chupete para adultos”.

 

Aquella tarde cuando se fueron nuestros amigos que, por otro lado, son encantadores, quedé un poco desmoralizado por mi escasa cultura en temas de televisión. No soy de los que pienso que la televisión, en el momento actual, es el origen de todos los males y que el sociólogo francés, Pierre Bourdieu,  exagera,  cuando dice, “la televisión es el medio más malvado y corrupto que existe en este momento”. De la televisión he oído de todo y hay, como a veces en las corridas de toros, división de opiniones.

 

Según los expertos, hay más insomnio del que se piensa y que las causas pueden ser múltiples, variadas y variopintas –cuando aparece es mejor consultar al médico-. De la televisión pienso como los gallegos, “depende”. A las personas muy mayores, que apenas pueden salir de casa, les entretiene y les distrae bastante; a la vez que, gracias a ella, se pueden conocer países,  culturas y eventos, de los que antes uno ni  se podía imaginar, a no ser a través de un libro o de la prensa escrita, que también tenía su encanto.

 

Yo veo muy poca televisión y duermo bien. Si algún día me despierto temprano, que suelen ser los festivos, aprovecho para ver amanecer, que me apasiona, me tomo un café, enciendo un pitillo -consciente del riesgo que corro- y escribo una columna para Índice Siete. Después me dedico a pasear por Santa Cruz, que a pesar de las obras del tranvía, del tráfico, del Ayuntamiento, y de que “ya no es lo que era”, cada día está más bonita, entrañable y acogedora. Santa Cruz tiene alma.

 

Francisco-M. González. Orientador Familiar y profesor del CEOFT

 

 

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