El río Veral

Cordillera de los Pirineos

(España)

 

El Veral es un río montaraz, valiente, con rasmia, que se abre paso por el valle de Ansó labrando a la altura de Biniés una hermosa foz, y que desemboca, para dejar clara su casta, en el río Aragón. Tanto dentro como fuera de sus aguas el Veral rebosa vida. Sus peces gustan de nadar contracorriente y en su ribera pulula una fauna inquieta, menuda, incansable y —¿por qué no decirlo?— bastante ruidosa. Más discretos en cambio son los cangrejos, que se recogen al final de la jornada en su pequeña casa. En el cielo campan majestuosos el águila real, el alimoche y el halcón peregrino. El Veral discurre entre frondosos cedros y pinos silvestres los cuales, como el árbol de Jeremías, tienden sus raíces hacia la corriente y no temen cuando llega el estío. También se arriman a sus aguas el tilo, el fresno, el arce, el abedul y, en los tramos más áridos, el chinebro, la sabina, el aladierno, el lentisco y la coscoja. Crecen asimismo especies endémicas como el célebre ajo del Pirineo, la Petrocoptis pirenaica, la corona de rey o la oreja de oso. Flores no las hay grandes ni vistosas, pues lo propio del Veral son las plantas sencillas y ordinarias pero eso sí, de intensa fragancia, tales como el cantueso, las santolina, la salvia, el orégano, el té de roca, el romero y la hierbabuena. Al fondo del valle El Veral se remansa en una fértil vega donde se cría bien hermosa la lechuga pirenaica, el repollo, la coliflor, la borraja, el cardo, el pimiento colorao y la oronda berenjena. Calabazas no se dan muchas aquí, posiblemente por lo recio del clima. El Veral es en definitiva un río enérgico y generoso, fuerte pero delicado, que administra el agua pura de las cumbres para regar hasta la brizna más insignificante. Porque el Veral nunca pasa de largo sino que busca, ante todo, que la tierra dé su fruto. 

 

  

 

(Foto: succ-olds.com. Texto: Obdulio de la Mopa)

 

 

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