Novena en honor de la Inmaculada Concepción de María

17 junio 2006

 

 

 

Textos: Eduardo Camino

© Capellanía Colegio Sansueña

 

 

El 8 de diciembre de 1954 el Papa Pío IX instituyó el dogma y la fiesta de la Inmaculada Concepción de María al declarar que ésta “fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios”.

 

Cada año la Novena es, por tanto, una nueva oportunidad que nos brinda la Iglesia para que redescubramos la belleza que se esconde en su persona; es decir, en alguien que nunca le ha negado nada a Dios, en alguien cuya unión con Dios es plenamente limpia, en alguien que posee todas las riquezas del amor y ninguna de las sombras del egoísmo o la traición.

 

Dicha belleza no es fácil de captar. Para ello necesitamos tiempo -de ahí los ocho días que dura la Novena- y formación. Esta formación la adquiriremos meditando en el Evangelio los principales pasajes de su vida. Lo intentaremos hacer como si los leyésemos por vez primera; con humildad, dejándonos impresionar una vez más por el Espíritu Santo.

 

Captar la belleza física, externa o superficial de una persona, resulta sencillo; es algo perceptible a primera vista. Sin embargo, sentirse atraído por la belleza de María es algo más profundo: su belleza es más preciosa, más preciada, algo que pertenece exclusivamente a la vida. Por eso, para hacernos cargo de ella, sobran las explicaciones. No la podemos percibir sólo con palabras. Es algo que toca a cada uno descubrir meditando su vida, sus reacciones, sus palabras; algo que aparece “poniéndose en camino”. Para captarla, por tanto, nos ayuda más el “venid y lo veréis”, de Jesucristo a aquellos discípulos de Juan el Bautista o,  el “ven y verás” de Felipe a Natanael, que lógicos razonamientos.

 

Estas páginas pretenden ser una ayuda para que tú también te pongas en camino; para que te metas cada día en una de las escenas de su vida y no tengas prisa por salir de ahí. Piénsala despacio. Dale vueltas en tu corazón. De esta manera, al final, tú y yo, con la ayuda de nuestra Madre, nos sentiremos también arrebatados por su vida limpia y santa y sacaremos propósitos de ser más generosos, de vivir plenamente entregados -alegremente entregados- a los demás.

 

 

 

30 de noviembre. VOCACIÓN: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra

 

1 de diciembre. FE: “Bienaventurada tú que has creído

 

2 de diciembre. HUMILDAD: “Porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava; por eso desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones”.

 

3 de diciembre. PRESENCIA DE DIOS: “Guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón”.

 

4 de diciembre. SACRIFICIO: “Una espada traspasará tu alma”.

 

5 de diciembre. OBEDIENCIA: “¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre?”.

 

6 de diciembre. VOLUNTAD DE DIOS: “Haced lo que él os diga”.

 

7 de diciembre. ORACIÓN: “Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan”.

 

8 de diciembre. MI MADRE: “He ahí a tu madre”.

 

 

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