Estudios

16 enero 2009

 

 

Vocabulario de Moral Cristiana

 

Hemos confeccionado este glosario para facilitar el estudio de la Teología Moral Fundamental, y también para los que deseen una descripción concisa de sus principales conceptos.

 

Los vocablos en cursiva remiten a términos mencionados en el cuerpo de los artículos.

 

Siglas empleadas en el presente documento:

Cat     Catecismo de la Iglesia Católica (1992)

Comp   Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005)

 

eros

estabilidad de las virtudes

esteticismo

eudemonismo

felicidad

fin último

formalismo

género

gracia

hábito

hábito entitativo

Hobbes, Thomas

hogar

indigencia constitutiva

intención del acto moral

intencional

intimidad

Kant

laicismo

ley

ley natural

Ley Nueva

libertad

libertad-de

libertad-para

moral voluntarista

moralidad

naturalismo

Nominalismo

objeto del acto moral

Ockham

opción fundamental

orientación al diálogo

pasiones

persona

pecado

pecado original

Proporcionalismo

pudor

pureza de corazón

sentimientos

sexo

sexuado

significado esponsal

sociologismo

tendencias naturales

Teología moral

transcendental

valor

vicio

vida

vida buena

vida lograda

virtud

virtudes infusas

vocación

vocación al amor

 

 

 

acto humano: Es el acto libre, que procede de la voluntad deliberada del hombre. Su estructura comprende objeto, fin y circunstancias.

actos intrínsecamente malos: Son aquellos que no pueden ordenarse de ningún modo al fin último, pues contradicen por sí mismos la dignidad de la persona. Son malos por su objeto, independientemente de las intenciones de quien actúa y de las circunstancias con que se realicen. Nunca pueden ser justificados. Las normas morales absolutas o absolutos morales prohíben estos actos. La Veritatis Splendor (cfr nn. 79 al 83) enumera algunos: «Todo lo que se opone a la vida, como los homicidios de cualquier género, los genocidios, el aborto, la eutanasia y el mismo suicidio voluntario; todo lo que viola la integridad de la persona humana, como las mutilaciones, las torturas corporales y mentales, incluso los intentos de coacción psicológica; todo lo que ofende a la dignidad humana, como las condiciones infrahumanas de vida, los encarcelamientos arbitrarios, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; también las condiciones ignominiosas de trabajo en las que los obreros son tratados como meros instrumentos de lucro, no como personas libres y responsables».

ágape: (del lat. «agápe», del gr. «agápë», amor). Amor desinteresado, que no busca el propio provecho sino el bien del prójimo. En este sentido coincide con lo que llamamos benevolencia, y también amor donal u oblativo. Se opone a eros en cuanto éste implica deseo, necesidad y posesión. ■ El contenido específico de esta palabra, sin embargo, hay que buscarlo en el contexto bíblico y cristiano. A la luz del designo salvador de Dios, En efecto, el ágape no se contrapone al eros, como si el primero fuera amor cristiano y el segundo amor pagano. Por el contrario, ambas formas se dan en Dios y se manifiestan en su plan redentor sobre los hombres. Cfr Deus cáritas est n. 9-15. Una descripción de este amor es la que realiza san Pablo en su célebre “himno a la caridad”: «La caridad es paciente, es benigna, no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, no es ambiciosa, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra por la injusticia, se complace con la verdad; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.» (1 Cor 13, 4-7).

alienación: Acción y efecto de alienarse[se]. Alienar (del lat. «alienäre») es transformar la conciencia de un individuo o colectividad de modo que pierda su propia identidad. Es un concepto típico del análisis marxista, utilizado también por Freud y Nietzsche.

amor: Tendencia a la plenitud existencial y a la felicidad inscrita en el corazón humano que, en la práctica, se realiza mediante la aceptación complacida de la existencia del otro. ■ Vocación común a todo hombre, el amor se percibe como sentido de la vida, que compromete todas sus dimensiones: lo corporal, lo psíquico, lo espiritual y lo social. ■ En su estructura íntima se distinguen dos intenciones complementarias: benevolente y unitiva:  ~  a) Intención benevolente: es la que mueve a querer a alguien por sí mismo, por ser quien es, y no por sus méritos o cualidades. La benevolencia procura el bien del prójimo desinteresadamente y no por la satisfacción subjetiva que ello pueda reportar. No requiere por tanto la correspondencia de la persona amada (redamare), la cual es tratada en tercera persona (como un él o un otro) y no todavía en segunda (un ), como sucede en el amor unitivo o íntimo. Ejemplo de amor benevolente es el buen samaritano de la parábola evangélica (Lc 10, 25-37). En el cristianismo el amor de benevolencia adquiere la forma característica que se conoce con el nombre de ágape. ~  b) Intención unitiva: La que lleva a la compenetración espiritual en el afecto con la persona amada, que da lugar a cierta inhabitación intencional por la que los que se quieren se son morada el uno para el otro. La tendencia unitiva caracteriza el amor íntimo, también llamado de amistad, cuya nota distintiva es la reciprocidad. Paradigma de amor unitivo es el erótico o esponsal, que une a varón y mujer en función de su condición sexuada. No obstante, la tendencia unitiva es inherente a todo amor verdadero, aunque se despliega según la naturaleza propia de cada relación. Por ejemplo entre amigos la unión no es en función de la sexualidad sino de otros valores. A diferencia del amor benevolente, en el unitivo desempeñan un papel imprescindible la belleza, la fiesta, el juego, el arte y el drama.

amistad: Trato de afecto y confianza recíprocos entre dos personas, del mismo o distinto sexo, fundado en un valor compartido: un mismo ideal, una afición, un proyecto o un compromiso común. Esta comunión en lo valioso da lugar a cierta inhabitación recíproca que ensancha la perspectiva vital y les permite ver el uno por los ojos del otro. Tal entendimiento mutuo es una experiencia contemplativa, y en esa medida no puede programarse, aunque sí propiciarse mediante las virtudes y, una vez nacida, sostenerse mediante la sinceridad, la lealtad y la pureza de corazón. La amistad se configura como un diálogo incesante en que la ausencia, no sólo no lo interrumpe, sino que lo purifica y ahonda, y lo mismo cabe decir de las eventuales crisis, tensiones y desgracias. ■ Esta noción de amistad hay que distinguirla cuidadosamente del concepto clásico, mucho más amplio, de amor amicitiae o amor íntimo o de amistad, que comprende tres especies: a) la amistad propiamente dicha, que acabamos de describir, b) el amor erótico o esponsal, que se establece en función del significado esponsal del cuerpo; c) el amor paterno-filial.

amor de amistad o íntimo:  Forma de amor caracterizada por la correspondencia recíproca (redamatio) y la consiguiente unión afectiva, signo y fruto del don de sí personal. En este sentido amplio el amor de amistad comprende tres especies: a) amor esponsal o erótico, que es el paradigma; b) amor amistoso o amistad stricto sensu; c) amor paterno-filial.

benevolencia: Forma de amor que se caracteriza por buscar desinteresadamente el bien del amado. Se manifiesta en el sacrificio, la abnegación y el don de sí. En términos generales coincide con lo que la tradición cristiana llama cáritas o dilectio. La benevolencia es el rasgo característico del ágape, aunque este concepto es más amplio y complejo.

circunstancias: Condiciones accidentales que modifican la moralidad substancial que, sin ellas, tenía ya el acto humano. Se trata de elementos a los que tiende la acción por sí, pero no en primer lugar. Se suelen enumerar las siguientes: quién, qué, dónde, con qué medios, cómo y cuándo. El por qué —que es el fin también podría considerarse una circunstancia, pero la teoría moral prefiere definirlo como un elemento específico del acto moral, es decir, la intención.Sobre las circunstancias afirme el Cat (n.1754): «Son los elementos secundarios de un acto moral. Contribuyen a agravar o a disminuir la bondad o la malicia moral de los actos humanos (por ejemplo, la cantidad de dinero robado). Pueden también atenuar o aumentar la responsabilidad del que obra (como actuar por miedo a la muerte). Las circunstancias no pueden de suyo modificar la cualidad moral de los actos; no pueden hacer ni buena ni justa una acción que de suyo es mala.»

complementariedad: Cualidad propia de la condición sexuada del hombre, en virtud la cual cada persona se encuentra ordenada a la de sexo opuesto, y sólo logra su plena realización asumiendo, valorando y promocionando tanto la diferencia como la igualdad. El paradigma de esta complementariedad física, psíquica y espiritual se da en el matrimonio, pero no se limita a él, sino que impregna todos los ámbitos de la cultura y confiere a la convivencia social un clima de respeto y admiración entre hombres y mujeres.    ~    La complementariedad varón-mujer, en sentido estricto, no se reduce al apoyo psicológico que se presta la pareja, ni al enriquecimiento afectivo, espiritual o cultural que reciben el uno del otro. La expresión no tiene aquí el mismo sentido que cuando se dice de dos personas que se complementan bien por sus caracteres o forma de ser. No, la complementariedad varón-mujer no es de orden psicológico sino estrictamente personal. En el sexo la complementariedad se percibe en forma de llamada al don de sí esponsal. Quien falsea o traiciona esta llamada, por ejemplo cosificando o utilizando al sexo opuesto, renuncia a conocerse a sí mismo y, sencillamente, se aniquila como persona. En el matrimonio la complementariedad se configura como conyugalidad. Llamamos cónyuges al varón y la mujer que viven su complementariedad en el matrimonio.

comunión de personas: Aquella unión efectiva y afectiva que resulta de darse y recibirse por amor un determinado grupo de personas, a través del diálogo, el servicio mutuo y el intercambio de bienes. Constituye como el horizonte al que tiende toda relación humana auténtica. ■ Hay diversos tipos de comunión de personas, según sea la cultura que se comparte y la intensidad con que se vive. La más perfecta de todas y como su paradigma es la familia.

conciencia: Desde un punto de vista psicológico, es la presencia que uno tiene de sí mismo y de lo que hace. La conciencia moral añade a eso el conocimiento de sí mismo en el actuar libre, mostrando a la persona la bondad o maldad de sus acciones. También podemos definirla como «juicio del entendimiento práctico que determina como bueno o malo el obrar propio.»

concreto: De concretum, participio de concresco, que significa crecimiento orgánico de un ser vivo, por ejemplo el árbol. Lo concreto por antonomasia sería así el fruto, en el cual el árbol se condensa y culmina. Análogamente, el hombre se concreta en su corporeidad y en su conducta externa, en los cuales se encarna, se da a los demás y despliega su espíritu en el espacio y el tiempo. Importa mucho distinguir lo concreto (que alude al ámbito de lo personal, lo existencial, lo vivo) de lo práctico (que representa el mundo de los medios: lo instrumental, lo útil, lo económico). La reducción de lo concreto a lo práctico, y la hipertrofia de esto último, es la nota distintiva del pragmatismo contemporáneo.

contemplación: Conocimiento intuitivo, desinteresado y sabroso de la realidad. ■ La contemplación implica un respetuoso asentimiento a la totalidad del ser, que interpela al hombre en forma de belleza. Por eso toda auténtica contemplación posee necesariamente una componente estética. ■ Por referirse a la verdad, la contemplación es, por un lado, asunto del intelecto, y así lo entiende la filosofía clásica al definirla como simplex intuitus veritatis, mirada directa a la verdad, sin mediación de razonamiento o discurso alguno. Por otro lado, como vivencia que es, la contemplación expresa y acentúa la unidad de cuerpo y espíritu que es la persona, unidad que la tradición judeocristiana denomina ‘corazón’. En este sentido la contemplación es ante todo incumbencia del corazón: esa bodega íntima donde el saber se torna sabor, donde lo inteligible se vive como gozo, fiesta, deleite. “Noticia sabrosa” llaman a la contemplación los místicos. En ella el hombre pregusta, siquiera fugazmente, la plenitud a que ha sido llamado, atisba el sentido último de su existencia, preludia, en una palabra, la felicidad.

corazón: En la tradición cristiana de occidente el corazón simboliza la intimidad de la persona y su tensión dramática, que acontece de tres modos simultáneos: darse por el amor, conocerse por el diálogo, e integrarse por las virtudes. Esta noción de corazón-intimidad es mucho más rigurosa y fina que la de corazón-afectividad o “conjunto de estados anímicos”, muy cargada de psicologismo naturalista, y que predomina en el mundo contemporáneo. El corazón-afectividad o noción débil envuelve cierto menosprecio hacia el modo femenino de entender y querer: integrador, concreto, personalista y existencial. Porque el auténtico corazón no es propiamente la afectividad sino la intimidad, siendo la intimidad el sentido de la afectividad: su verdad, su lógica, su fin. Ello implica reconocer en los sentimientos cierta “transparencia”, fundada en la unión substancial (córpore et ánima unus), por la cual las realidades más netamente espirituales comparecen sensiblemente: la vocación, la gracia, la fe, el compromiso, el pecado. Es pues, el órgano del sentido, con el que se alcanzan niveles de verdad inaccesibles a la razón discursiva. Y más allá de los conceptos, el corazón alberga ante todo a las personas mismas que se aman, constituyéndose en morada primordial, y en lugar de encuentro y alianza.

costumbre: Inclinación estable a actuar de un determinado modo, originada por la repetición externa de ciertos actos y por las convenciones sociales. ■ Es fruto de la estabilidad extrínseca de los hábitos, mientras que la estabilidad intrínseca es el rasgo que caracteriza al hábito operativo más auténtico y humano, que es la virtud. La costumbre, pues, se parece a la virtud en que también es una disposición estable que inclina a obrar de una manera determinada. Pero mientras la costumbre nace de las convenciones sociales y la repetición de actos, la virtud puede surgir al margen o incluso en contra de tales convenciones, y crecer no sólo por repetición de actos sino por otros factores (por ejemplo la acción de la gracia).

cuerpo: Símbolo real de la persona o palabra total con que cada cual se conoce, se expresa, se sitúa en el mundo y lo transforma. Se da únicamente en dos formas, irreductibles y complementarias: varón y mujer. ■ La peculiar compenetración entre cuerpo y espíritu, inexistente en los animales, confiere al cuerpo humano dignidad personal y lo dota de una plasticidad expresiva única. ■ El hombre es persona corporal, o lo que es lo mismo, es y se hace persona según el cuerpo, lo que implica una ineludible tarea pedagógica, ética y estética: si el cuerpo no se humaniza mediante las virtudes y el arte, es la persona misma quien se degrada. ■ Además de palabra, el cuerpo es en sí mismo un lenguaje natural del cual son prolongación cultural todos los demás. Hay, pues, en el cuerpo una significación originaria e inalterable, que no depende de culturas, épocas o creencias. Según ella, el hombre se hace visible en el mundo como un ser llamado a la comunión interpersonal mediante el don amoroso de sí, lo que se traduce en una configuración morfológica y fisiológica típicamente humana (bipedismo, frontalidad, rostro, mano, cutis, etc.). ■ Esta vocación al amor inherente a la corporeidad humana es lo que se conoce con el nombre de significado esponsal. El cuerpo, en efecto, no sólo representa a la persona sino sobre todo la dice, y la dice amorosamente, pues hace a la persona susceptible de darse. Toda verdadera presencia corporal incoa cierto don de sí, que culmina en la entrega amorosa según el cuerpo, como sucede en el matrimonio, (y análogamente en el celibato y el martirio). No obstante, la capacidad comunicativa del cuerpo es limitada pues depende, entre otras cosas, de las opciones libres del individuo, que pueden tornarlo opaco y alienante.  

erosEn la tradición platónica eros es aquella pasión despertada en el alma por la contemplación de la belleza, que impulsa tanto a la superación moral como a la creación poética. Inspirada por esta conmoción amorosa el alma se encuentra como fuera de sí (éxtasis), endiosada (entusiasmo), arrebatada más allá de este mundo caduco y efímero, donde reinan las apariencias. Eros se inflama ante lo corporalmente bello, comprometiendo la fuerza vital del sujeto, su pasión, pero asciende enseguida a formas más puras de belleza, llegando a la contemplación de lo divino. Por lo que eros aúna lo más bajo y lo más alto, lo sensual y lo espiritual, lo natural y lo ético. Platón lo define como afán de engendrar en la belleza según el cuerpo y según el alma. ■ En perspectiva cristiana, eros representa aquella experiencia en la cual la vocación divina se vive como semilla y revelación de un amor que, aunque divino, debe purificarse y madurar hasta conciliarse con el ágape. Cfr Benedicto XVI, Deus Cáritas est n. 6.

estabilidad de las virtudes: La verdadera virtud tiene una estabilidad intrínseca al modo de un tentetieso: aunque las circunstancias lo derriben y zarandeen, al final recupera su verdadera posición, pues tiene dentro de sí el principio de su rectitud. La estabilidad extrínseca, en cambio, que deriva de las costumbres y convenciones sociales, se quiebra cuando se alteran éstas.

esteticismo: El esteticismo es fruto de la tendencia típicamente moderna a disociar utilidad y belleza, técnica y arte, ciencia y sentimiento, eficiencia y gozo, pose bohemia y vida cotidiana, etc. De lo que resulta una belleza desligada de la verdad y cosificada en el objeto artístico. De éste lo que importaría no es tanto la verdad que trasluce o significa sino la sensación o estado anímico que despierta, y que llamaríamos “placer estético”. La contemplación queda así reducida a disfrute, replegándose el espectador sobre la propia subjetividad. En la raíz de esta pose solipsista está la ruptura entre belleza y verdad. Entre sus consecuencias podemos enumerar las siguientes: ~ a) Al margen de la verdad, la contemplación esteticista se cierra al devenir biográfico de las personas y pierde de vista el resplandor de la conducta, la virtud, el heroísmo, el sacrificio, etc. Se limita a la belleza de los productos artificiales postergando la belleza dramática. b) Como consecuencia la contemplación esteticista no alumbra el sentido de la vida, perdiendo así su conexión con la ética. De hecho es característico de la pose esteticista su aire pretendidamente transgresivo e inmoral.

eudemonismo: Tendencia a poner como fin último de la vida y de los actos humanos el bienestar terreno del hombre, entendido como felicidad subjetiva. ■ Una forma inferior de eudemonismo es el hedonismo, que pone el fin último en el placer sensible: "bueno es lo que me hace sentir bien y malo lo que me desagrada". ■ El error del eudemonismo estriba en procurar directamente la felicidad, pretendiendo alcanzarla como un objeto, cuando en realidad es el efecto subjetivo de otra cosa, el fruto de algo que viene de más allá de nuestras fuerzas: es regalo, gracia. Más que conseguida, la felicidad ha de ser donada y recibida, pues de otro modo no es perfecta.

felicidad: Vivencia subjetiva del fin último, que se anticipa mediante la contemplación de la belleza y el ejercicio de las auténticas virtudes. ■ Caben tres formas de entender la felicidad: a) La buena vida es la que se reduce en última instancia a un placentero estado psicológico, un pasivo “dejarse llevar”. b) La vida buena, por el contrario, es auténtica actividad, un asentimiento gozoso a toda la creación, que deriva de ejercitar las virtudes. c) En perspectiva vocacional, que es la propia del cristianismo, la felicidad aparece como vida lograda, es decir, la consecución del designio divino que recae sobre cada persona y que da sentido a todos los acontecimientos de su vida. Este concepto de vida lograda incluye el de vida buena evitando, además, que ésta caiga en el peligro del eudemonismo.

fin último: En el hombre, plenitud a que tiende su naturaleza y horizonte último en el que se insertan todos sus actos libres. Por así decir, es la intención total, que engloba las intenciones particulares. Esta plenitud consiste en la comunión interpersonal con Dios y con los demás hombres, mediante el don de sí amoroso. El amor, en efecto, es la vocación fundamental de todo hombre. ■ A la luz de la fe cabe hacer a este concepto dos precisiones fundamentales: a) El fin último para el que hemos sido creados, es decir la communio con Dios y con los hombres, es de índole propiamente sobrenatural, pues consiste en una participación de la vida divina. Esto implica que no existe una felicidad puramente “natural”, como tampoco hay ni ha habido nunca un estado de “naturaleza pura”.  b) La mencionada communio se hace posible mediante Cristo, en cuya persona somos injertados por la gracia. ■ El fin último, es decir, la comunión con y en Cristo, nunca se alcanza en esta tierra, pero el corazón la pregusta y anticipa contemplativamente. Condición, adiestramiento y fruto de esta contemplación son las auténticas virtudes.

formalismo: Planteamiento moral de Kant, que se resume en el llamado “imperativo categórico”. Éste admite dos formulaciones: a) «obra de tal manera que tu norma de conducta pueda ser considerada como norma de conducta para todos los hombres», y b) «obra siempre por deber». De este modo la bondad o malicia del acto no estaría en el acto, sino en algo externo a él, que es el deber.

género: El concepto sociológico de género (gender) procede de los estudios sobre el rol social de la mujer realizados en Universidades anglosajonas e inspirados por la ideología de Mayo del 68. Más allá de sus elementos útiles, este concepto envuelve una idea reductiva de la naturaleza humana que es incompatible con la verdadera promoción de la mujer. La mujer no sería más que “hombre hembra”, y todas las actitudes, formas de comportamiento y sensibilidad que normalmente le atribuimos no serían más que imposición arbitraria y coercitiva, puro aditamento postizo de una cultura contrapuesta a la naturaleza.

gracia: Participación en la vida divina comunicada al hombre, en primer lugar por su creación a imagen y semejanza de Dios, y después en virtud de la Redención obrada por Cristo. La gracia perfecciona y eleva la naturaleza humana y de ella emanan las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad. ■ El Comp (n. 423-424) la define así: «La gracia es un don gratuito de Dios, por el que nos hace participes de su vida trinitaria y capaces de obrar por amor a Él. Se le llama gracia habitual, santificante o deificante, porque nos santifica y nos diviniza. Es sobrenatural, porque depende enteramente de la iniciativa gratuita de Dios y supera la capacidad de la inteligencia y de las fuerzas del hombre. Escapa, por tanto, a nuestra experiencia. Además de la gracia habitual, existen otros tipos de gracia: las gracias actuales (dones en circunstancias particulares); las gracias sacramentales (dones propios de cada sacramento); las gracias especiales o carismas (que tienen como fin el bien común de la Iglesia), entre las que se encuentran las gracias de estado, que acompañan al ejercicio de los ministerios eclesiales y de las responsabilidades de la vida.»

hábito: Cualidad estable de las potencias del hombre, que las dispone e inclina en un determinado sentido. El término proviene del hábitus, y este a su vez de hábeo, tener, poseer, lo que indica que se trata de un modo de haberse uno a sí mismo, de “habérselas” con la realidad. En este sentido los animales no tienen verdaderos hábitos, pues al carecer de libertad, son incapaces de la mencionada autoposesión. ■ Los hábitos permiten actuar con facilidad y prontitud, y al mismo tiempo con precisión y firmeza. No obstante, estas características psicológicas no pertenecen a la esencia del hábito. Prueba de ello son las virtudes sobrenaturales, verdaderos hábitos incluso en el bebé, por más que éste no pueda todavía ejercitar los actos correspondientes. Importa tenerlo en cuenta para distinguirlo cuidadosamente de la costumbre, que desde el punto de vista ético es una realidad netamente diversa. ■ Hay dos clases de hábito: el entitativo, que inhiere en la naturaleza misma, como la salud, la complexión física o la gracia habitual, y el operativo, que reside en la inteligencia y la voluntad, orientándolos establemente hacia una cierta conducta. Si no se indica otra cosa, la palabra ‘hábito’ designa normalmente a éste último, el operativo, por su mayor relevancia ética. ■ Los hábitos (operativos) arraigan en las tendencias naturales, integrándolas y modelándolas de modo consciente y libre. ■ El hábito (operativo) más auténtico es la virtud, mientras que el vicio lo es en un sentido menos riguroso, pues no presenta el carácter de autoposesión mencionado arriba. El vicio, en efecto, implica en el individuo una cierta renuncia a la vocación, un abandono de la soberanía interior y de la tarea de ser uno mismo.

Hobbes, Thomas: Filósofo inglés (1588-1679), autor de Leviathan (1651) y discípulo y amigo de Bacon, que llevó el empirismo hasta sus últimas consecuencias. Fundó su moral sobre un concepto pesimista del hombre (homo hómini lupus). El estado natural de la sociedad sería el de la guerra de todos contra todos, y para evitarlo el hombre crea el Estado, el cual asume todo el poder y acaba por ser un Leviatán que devora a sus súbditos. La sociedad sería un artificio, el consenso y la simbiosis de todos los egoísmos. En consecuencia, las leyes que impone el Estado no son más que un marco general para que pueda desarrollarse sin conflictos el individualismo de los ciudadanos, pero sin referencia alguna a la ley natural ■ En este contexto “la” virtud —en singular— no es otra cosa que la disposición para cumplir la ley, lo que se traduce en una exaltación de las actitudes meramente sociales: buenas costumbres, decencia, formalidad, honradez, seriedad, civismo, etc. ■ Como es evidente, este planteamiento de fondo encaja perfectamente con la ética calvinista o victoriana, tan difundida en el ámbito anglosajón. ■ Ver artículo Hobbes y el empirismo utilitarista.

hogar: Forma de vida propia de la familia, y al mismo tiempo su bien común, su autoconciencia y su revelación. El hogar se manifiesta como un bullir incesante: palpita en cada uno de sus miembros, crece y evoluciona con ellos, asimila las diferencias mediante el diálogo, y aúna las diversas trayectorias en una historia común. En una palabra, el hogar es encarnación de la familia, lugar donde ella se realiza históricamente y se concreta.

intención del acto moral: En moral es la tendencia al fin_ultimo, según la terminología escolástica, en cuanto late en las elecciones particulares. El “fin último” subjetivo es la felicidad, y el objetivo es la comunion_de_personas: con los demás y a través de los demás, con la persona de Dios. A pesar de estar deformada por el pecado, esta tendencia a la comunión personal mantiene su estructura, en el sentido de que hemos sido creados no para hacer algo sino para amar a alguien: o se tiende a la persona del prójimo o uno se repliega de modo egoísta sobre sí mismo. En toda intención por tanto, late una tendencia a alguien, nunca simplemente a algo. ■ También podemos decir que la intención moral es todo aquello que se quiere de corazón, es decir desde y hacia la integridad de la persona; la intención implica por tanto cierta entrega a la persona, está intrínsecamente orientada a la comunión. ■ La describe así el Cat: «Frente al objeto, la intención se sitúa del lado del sujeto que actúa. La intención, por estar ligada a la fuente voluntaria de la acción y determinarla por el fin, es un elemento esencial en la calificación moral de la acción. El fin es el término primero de la intención y designa el objetivo buscado en la acción. La intención es un movimiento de la voluntad hacia un fin; mira al término del obrar. Apunta al bien esperado de la acción emprendida. No se limita a la dirección de cada una de nuestras acciones tomadas aisladamente, sino que puede también ordenar varias acciones hacia un mismo objetivo; puede orientar toda la vida hacia el fin último. Por ejemplo, un servicio que se hace a alguien tiene por fin ayudar al prójimo, pero puede estar inspirado al mismo tiempo por el amor de Dios como fin último de todas nuestras acciones. Una misma acción puede también estar inspirada por varias intenciones como hacer un servicio para obtener un favor o para satisfacer la vanidad.» (n. 1752). «Una intención buena (por ejemplo: ayudar al prójimo) no hace ni bueno ni justo un comportamiento en sí mismo desordenado (como la mentira y la maledicencia). El fin no justifica los medios. Así, no se puede justificar la condena de un inocente como un medio legítimo para salvar al pueblo. Por el contrario, una intención mala sobreañadida (como la vanagloria) convierte en malo un acto que, de suyo, puede ser bueno (como la limosna; cf Mt 6,2-4).» (n. 1753).

intimidad: Conciencia que tiene la persona de su propia unicidad y excelencia, que le lleva a ejercitar su libertad radical por la cual se hace fiel a sí misma, al tiempo que se descubre inagotable, inabarcable, irreductible a las cosas. Aquí estriba la esencia de la autoestima, que no es otra cosa que el recto amor de sí, premisa y fundamento de todos los demás amores. La intimidad representa, pues, la distancia irreductible entre lo que se es y lo se aparenta pues, a diferencia del animal, el hombre nunca está completamente “dado”. Esta inadecuación entre ser y aparecer, entre dentro y fuera, es el fundamento antropológico del pudor, el arreglo, el vestido, la elegancia. Paradójicamente tal distancia exige que el hombre tenga que actuar si quiere ser auténtico, que deba interpretar el papel de sí mismo, hacer de sí. Ahora bien, no vale cualquier papel: tiene que ser aquel que la persona deduce de su propia intimidad mediante tres operaciones simultáneas: a) tomarse, adueñarse de sí mediante las virtudes y el temple moral; b) confrontarse con los demás mediante el diálogo sincero; y c) inventarse el personaje que le cuadra en función de la escena social, eligiendo en todo momento la mejor versión de sí mismo: en esta autoelección estriba, precisamente, la elegancia, que proviene de elígere, elegir.

Kant: ver Formalismo.

laicismo: Ideología que lleva gradualmente, de forma más o menos consciente, a la restricción de la libertad religiosa hasta promover un desprecio o ignorancia de lo religioso, relegando la fe a la esfera de lo privado y oponiéndose a su expresión pública.

ley natural: Participación del orden divino impresa en el corazón del hombre que le hace entrever su fin último y a realizar los actos necesarios para alcanzarlo. Se percibe, pues, en el orden práctico, es decir, mediante una connaturalidad afectiva con el bien, que es despertada y fortalecida en la conciencia por acción de las virtudes.

ley: Ordenación racional y práctica de la conducta del hombre, establecida por la autoridad legítima, en orden a la consecución de un fin. La ley nueva es la gracia: “la caridad de Dios que ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo” (Rom 5, 5). Procede de la libre e inmediata donación de Dios comunicada y promulgada al hombre por la divina revelación en orden al fin sobrenatural.

libertad: Fuerza de crecimiento y maduración del hombre que radica en su capacidad de asentir a la verdad, creer en la bondad y celebrar la belleza. Esta libertad esencial o interior, que también puede llamarse libertad-para, se distingue de la libertad-de o exterior, que consiste en la posibilidad de elegir entre muchas opciones haciendo abstracción de su valor ético, como en un supermercado. Esta libertad-de o externa es característica de la vida política y constituye el requisito para que se desarrolle plenamente la otra, la libertad-para o interior, a la cual está supeditada.

moralidad: Calidad específicamente humana de la conducta, en virtud de la cual pueden ser calificada de buena o mala.

naturalismo: Doctrina antropológica que interpreta al hombre desde el punto de vista exclusivamente zoológico, reduciendo en él lo natural a lo animal. Respecto a esta base meramente biológica la cultura no sería más que un suplemento añadido, que habría adoptado formas diversas según las épocas históricas y los lugares. Ver artículo La mentalidad naturalista. ~ Buen ejemplo de naturalismo es la “información sexual” de ciertos colegios e institutos, con visos de objetividad científica e imparcialidad moral. La sexualidad así presentada, sin conexión con la verdad de la persona, o sea la moral, se queda en pura genitalidad, en la mecánica biológica. Y tal planteamiento está lejos de ser moralmente neutro: con ello se está inculcando (con medios públicos) un principio bien determinado: el dogma del relativismo moral, según el cual es necesario ser relativista para poder ser pluralista. Hoy el naturalismo presenta un tono profiláctico, pues encuentra su mejor expresión en el preservativo: higiénico, práctico, barato y asequible, cualidades todas no sólo de esa prótesis, sino de ese otro objeto en que se ha convertido el propio cuerpo: un autojuguete, un artículo más de este gran supermercado en que vivimos. El naturalismo profiláctico perjudica seriamente al amor porque falsifica su lenguaje, que es el cuerpo; el amor entonces se infecta de mentira; los gestos de cariño pierden paulatinamente significado; para sentir el amor se requiere experiencias más fuertes cada vez; los sentimientos degeneran en sensaciones sin ternura; el corazón se abotarga, se desliza en el tobogán del desencanto, y todo aceleradamente.

Nominalismo: ver Ockham

objeto del acto moral: Lo que llamamos objeto o materia del acto corresponde a la pregunta ¿qué hago? Se trata siempre de un comportamiento concreto: servicio, robo, limosna, fornicación, etc. Como realidad humana que es, este comportamiento siempre está provisto de una moralidad intrínseca. No es posible, por tanto, describirlo en términos puramente físicos, como un simple proceso mecánico o fisiológico. ■ Lo define el Cat del siguiente modo: «El objeto elegido es un bien hacia el cual tiende deliberadamente la voluntad. Es la materia de un acto humano. El objeto elegido especifica moralmente el acto del querer, según que la razón lo reconozca y lo juzgue conforme o no conforme al bien verdadero. Las reglas objetivas de la moralidad enuncian el orden racional del bien y del mal, atestiguado por la conciencia.» (n.1751).

Ockham, Guillermo de: Filósofo y teólogo inglés (1295-1350). Desarrolla una teoría del conocimiento conocida como nominalismo. Según ella la razón por sí sola no puede alcanzar un verdadero conocimiento de las cosas, ni hay nada plenamente demostrable, y en cuanto a la fe, ésta se encuentra divorciada de la razón. Creer es atenerse ciegamente a una voluntad divina arbitraria, que no admite una análisis racional. La tesis de Ockham, por tanto, supone un escepticismo cognoscitivo que implica a su vez desconfianza en la naturaleza humana. ■ De esta incapacidad del hombre respecto a la verdad deriva una moral voluntarista, centrada en el concepto de obligación. Las virtudes, cuyo organismo estudiaron los clásicos (Aristóteles, Séneca, Tomás de Aquino) se reducen ahora a la virtud, una sola: la obediencia a la ley, tanto a la divina, procedente, como hemos dicho, de la pura arbitrariedad de Dios, como a la humana en la medida en que representa a la divina. La obediencia sería tanto más pura y meritoria cuanto menos racional es aquello que se acata, cuanto más ciega es la sumisión. La conciencia no sería pues una voz del corazón que señala un límite entre el bien y el mal, pues esta voz sería subjetivismo poco fiable, sino la pura libertad incondicionada, para la cual todo objeto es igualmente elegible. Ver artículo Ockham y la libertad de indiferencia.

opción fundamental: El teólogo Karl Rahner, inspirado en el existencialismo de Heidegger y la fenomenología de Husserl, distingue dos niveles en el el obrar moral:  a) transcendental: el estrato más íntimo del hombre en el cual se da la relación con Dios y desde el cual se piensa en términos generales para toda la vida, y  b) periférico, categorial y contingente: el estrato donde se da la relación del hombre con lo limitado, con lo mundano, con una existencia limitada.  ~  En el nivel transcendental se hallaría la libertad fundamental, aquella por la cual el hombre dispone de sí mismo de cara a la eternidad. En el nivel periférico se da la libertad categorial, aquella por la que se regula el comportamiento del hombre con su entorno.  ~  Apoyándose en lo anterior, ciertos moralistas (Joseph Fuchs, Franz Böckle) hablan de la opción fundamental como la disposición (no una elección) que el hombre hace de sí mismo de tal modo que abarca la globalidad de su existencia y la dirige hacia una meta determinada. Esta disposición es atemática e irrefleja. Es el acto básico de la libertad. Atemática significa que no se trata de un acto concreto, sino de una disposición en una dirección. ~ Cuando hay una actitud interior de apertura y disposición hacia Dios (opción fundamental), ésta influiría en los actos de la persona de tal modo que ninguno de sus actos concretos (que se dan a nivel periférico) rompen esa opción porque no abarcan a toda la persona. Los actos concretos no “atacan” a la opción fundamental y por tanto no pueden ser pecado como la tradición de la Iglesia afirma de ciertos actos. (Por ejemplo, los pecados individuales contra la castidad en una persona que frecuenta sacramentos e intenta vivir las virtudes). Estos autores distinguen entre pecados mortales, graves y veniales.

pecado: Según San Agustín, todo dicho, hecho o deseo contra la ley eterna de Dios. Santo Tomás en cambio lo define como aversio a Deo et conversio ad creaturas , o sea, rechazo o apartamiento de Dios y conversión al bien creado, que se quiere desordenadamente. Estos son los dos elementos que se dan en todo pecado: el constitutivo material es la conversión al bien temporal que se quiere desordenadamente, y el constitutivo formal, que es el rechazo de Dios.

pecado original: El Comp resume la doctrina sobre el pecado original en los dos puntos siguientes: «El pecado original, en el que todos los hombres nacen, es el estado de privación de la santidad y de la justicia originales. Es un pecado “contraído” no “cometido” por nosotros; es una condición de nacimiento y no un acto personal. A causa de la unidad de origen de todos los hombres, el pecado original se transmite a los descendientes de Adán con la misma naturaleza humana, “no por imitación sino por propagación”. Esta transmisión es un misterio que no podemos comprender plenamente.» (n. 76). ■ «Como consecuencia del pecado original, la naturaleza humana, aun sin estar totalmente corrompida, se halla herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al poder de la muerte, e inclinada al pecado. Esta inclinación al mal se llama concupiscencia.» (n.77).

persona: Sujeto único, irrepetible, valioso por sí mismo, original, irreductible a mero animal, como quiere el naturalismo que a veces impera en las ciencias biomédicas; es prometedor aunque impredecible, simultáneamente encarnado y espiritual, que despliega la complejidad de su ser en las mil direcciones de la cultura, pero manteniendo sin embargo su raíz espiritual irreductible; cada persona, en fin, lleva consigo su nombre, su historia, su dolor, su vocación, su misterio, y por eso, más allá de cualquier ley positiva, es acreedor de derechos y deberes inalienables. En definitiva, la persona es aquel sujeto que tiene su ser en propiedad, que sabe y dispone de sí, o lo que es lo mismo, es libre. En el caso del hombre, esta afirmación implica dos cosas: a) Que la identidad de la persona subsiste más allá de sus operaciones y de las circunstancias en que se mueve: es siempre "la misma", aunque no siempre sea "lo mismo". b) Que, aun permaneciendo idéntica, la persona está siempre por hacer, es tarea de sí misma; más aún, puede logarse o malograrse, ganar su vida o perderla. Entre los rasgos esenciales de la persona humana podemos enumerar los siguientes: ▶ Corporeidad: El hombre sólo existe como persona en y por el cuerpo, lo cual condiciona toda su actividad. Es alguien corporal (J. Marías). ▶ Dignidad: Ser dueña de sí implica que cada persona es única y fin en sí misma. Esta excelencia y dignidad, por tanto, no deriva directamente de los méritos del sujeto sino que se funda en su estructura ontológica. ▶ Intimidad: Es la conciencia que la persona tiene de dicha unicidad y excelencia, la cual suscita el deber de ser fiel a sí misma. La intimidad, por tanto, es al mismo tiempo vivencia subjetiva y cultivo interior. ▶ Orientación al diálogo: La persona se conoce y se realiza en diálogo con los demás. Ser persona es ser alguien para otro. Esta carácter dialogal se manifiesta en la configuración morfológica del cuerpo (frontalidad, bipedismo, etc.), en el lenguaje y en el arte. Éste último, el arte, reviste especial importancia, pues la persona sólo se presenta como tal en términos estéticos. ▶ Vocación al amor: Además de orientada al diálogo, la persona está destinada vocacionalmente al amor. En otras palabras, sólo alcanza su perfección en el don de sí al prójimo, cuyo fruto es la comunión interpersonal. ▶ Condición biográfica: La persona no es una cosa (objeto físico, dato empírico) ni un caso (puro devenir, fenómeno contingente), sino un ser que, manteniendo su identidad sustancial, va modelándose a sí mismo en el transcurso del tiempo. Su vida es historia, no simple duración. Por eso el modo adecuado de acercarse a ella es la narración. Dualidad esponsal: Sólo existe en dos versiones complementarias e irreductibles: persona femenina y persona masculina. ▶ Indigencia constitutiva: Por estar entregada a su propio albedrío, la persona no puede confiar su vida, ni biológica ni espiritual, a los mecanismos automáticos del instinto, sino que tiene absoluta necesidad de ayuda, diálogo, aprendizaje, familia y, en definitiva, cultura.

Proporcionalismo: Doctrina moral, sostenida entre otros por R. Mac Cormick, según la cual lo que debe hacerse hay que averiguarlo mediante un balance entre las consecuencias buenas o malas de una acción, pasando por alto, por tanto, la bondad objetiva de los medios.

pureza de corazón: Virtud que dispone a la persona entera —alma, cuerpo, psique— para el amor esponsal. Sin ella es imposible acceder a la intimidad de la otra persona y elegirla por sí misma, más allá de sus cualidades y circunstancias. ■ Incluye la virtud de la castidad, pero la rebasa. Mientras la castidad es la parte de la templanza que modera el apetito sexual, la pureza afina el corazón, síntesis del hombre entero, inclinándolo al don de sí esponsal. A diferencia de la mera castidad, la pureza intensifica la condición sexuada, es decir, hace al varón más masculino y a la mujer más femenina. En este sentido Juan Pablo II la ha definido como «gloria de Dios en el cuerpo humano, a través del cual se manifiestan la masculinidad y la feminidad.» (Aloc. 18-03-81)

sentimientos: En un sentido personalista, sentimiento es toda realidad espiritual vivida por la persona en el plano corporal, o lo que es lo mismo, toda experiencia específicamente humana. El sentimiento se distingue de la mera sensación en que aquel es intencional, pues mediante él se quiere o se conoce algo, y el hombre se proyecta fuera de sí. En los sentimientos el querer y el entender humanos se encarnan y concretan, se insertan en el espacio y tiempo de la persona, se inscriben en su historia. ■ En un sentido más genérico y menos personalista, sentimiento equivale a lo que llamamos pasiones, es decir, la reacción de las tendencias sensitivas —sentidos internos y externos—ante la percepción de un objeto como conveniente o disconveniente. ■ Sobre la moralidad de las pasiones afirma el Cat (1768): «Las pasiones son moralmente buenas cuando contribuyen a una acción buena, y malas en el caso contrario. La voluntad recta ordena al bien y a la bienaventuranza los movimientos sensibles que asume; la voluntad mala sucumbe a las pasiones desordenadas y las exacerba. Las emociones y los sentimientos pueden ser asumidos en las virtudes, o pervertidos en los vicios

sexo: Dimensión de la persona en virtud de la cual el hombre existe únicamente según dos formas, irreductibles y complementarias: varón y mujer. El sexo pertenece primariamente al núcleo ontológico de la persona antes que a su configuración psicológica, su género sociológico o su estructura fisiológica. El sexo se manifiesta en todos estos órdenes pero sin reducirse a ninguno de ellos.

sexuado: Adjetivo que se aplica a la persona en su totalidad, que siempre es femenina o masculina, Lo sexuado se distingue de lo sexual, en que esto último se limita a la función orgánica correspondiente, mientras que el mundo de lo sexuado abarca todos los ámbitos de la cultura, incluida la esfera religiosa. Feminidad y masculinidad por tanto son valores personales, de modo que cuanto más femenina es ella y masculino él, tanto más personas. Lo sexuado admite grados y calidades: una mujer siempre puede modelar e intensificar su feminidad. En cambio lo sexual no cambia en cuanto tal sino en cuanto a la posibilidad de su ejercicio, según la edad, salud y circunstancias externas.

significado esponsal: Más allá de sus mensajes particulares, el cuerpo manifiesta a quien los emite, o sea a la persona de cada cual, lo cual tiene lugar del modo más pleno en las relaciones interpersonales: el diálogo, la amistad, y muy particularmente en el amor erótico. En otras palabras, el cuerpo humano no sólo revela a la persona sino que lo hace en su tensión amorosa, ordenada vocacionalmente al don de sí. Este significado esponsal (de spondeo, prometerse) está ciertamente inscrito en la complementariedad sexual, pero va más allá de lo estrictamente matrimonial o conyugal, que es sólo una concreción particular de la vocación universal al amor.

sociologismo: Hipertrofia de la Sociología en el pensamiento contemporáneo, que pretende deducir la moralidad de la conducta del análisis estadístico de los hechos sociales. El sociologismo interpreta lo generalizado como normal, y lo normal como normativo, proponiendo el consenso como dogma de fe. Con ello se desvirtúa la auténtica Sociología, ciencia que trata sobre la estructura y funcionamiento de las sociedades humanas, que no tiene por objeto señalar el sentido último del obrar humano ni marcar el límite entre el bien y el mal.

tendencias naturales: Conjunto de todos los bienes a que aspira espontáneamente el corazón humano, cuya armonía constituye lo que denominamos “la vida”. En ellas están representadas todas las dimensiones de la persona: la salud corporal, la cultura, la amistad, la familia, el sexo, el juego, la religión, la belleza, etc. Vivir plenamente implica asumir responsablemente tales bienes y ordenarlos en función del objetivo total, que es la vocación personal. Este cultivo de las tendencias es tarea de las virtudes, y su resultado es lo que llamamos vida lograda, es decir, felicidad.

Teología moral: Parte de la Teología que tiene por objeto la conducta humana a la luz de la Revelación. Su objeto es la conducta humana a la luz de la Revelación. No se estudian los actos humanos en cuanto tales, sino en relación con Dios, es decir, si conducen o apartan al hombre de su fin último sobrenatural, que es la unión con Dios.

valor: En la antigüedad latina valer (valeo) es verbo empleado para saludar. El vale! latino viene a significar: “que vivas, que florezcas, que llegues a tu sazón, que tú seas más tú…” Y como todo saludo, vale! sirve para celebrar la existencia del otro, congratularse de ella. Esta pista etimológica insinúa que el concepto de valor se refiere ante todo a la persona, realidad valiosa por excelencia y fuente de todo valor ~ Valores son pues aquellos aspectos de la realidad que provocan en mí una reacción específicamente personal: tiran de mí hacia lo mejor  El valor me impresiona por sí mismo con independencia de que satisfaga mi tendencia o apetito. Por eso lo vivo como gracia o don, y no como conquista que dependa de mis fuerzas, no como resultado de una búsqueda, sino como sorpresa que me saca de mí. El valor se me hace presente por vía afectiva pero reconozco sin embargo su objetividad, como algo verdadero y bueno que reclama de mí una respuesta, suscita el sentido del deber: debo ser yo mismo, auténtico, debo encarnar este valor, etc. El valor toma cuerpo en las virtudes, respecto a las cuales funciona como fin; si la virtud no está orientada hacia un valor, se queda en “buenas costumbres”, formalismo, etc. Los valores se captan con el corazón, las virtudes se ejercitan con la voluntad: los valores son la luz con que veo, las virtudes los músculos con que puedo. Los valores guardan estricta jerarquía entre sí; "valen" en cuanto ordenados unos a otros.

virtud: (de virtus, fuerza). Hábito operativo bueno. Orientación estable de la totalidad de la persona (soma, psique, espíritu) a unos fines buenos y, en última instancia, al fin total o último. La virtud no sólo dispone a él sino que lo anticipa integrando todas las dimensiones de la persona: lo corporal, lo psíquico, lo espiritual y lo biográfico. ■ Es autoconocimiento y autodominio, y por tanto ganancia en libertad. ■ Implica un progreso simultáneo del autodominio, el autoconocimiento y la autodonación. ■ Fruto de las virtudes es el apersonamiento de los sentimientos, su integración en la persona. En cuanto apertura y aceptación de la belleza, la virtud también podemos definirla como disposición estable a responder a un valor. En cualquier caso no pertenece a la definición de virtud la facilidad para ejecutar actos buenos: eso suele acompañar a la virtud pero no le es esencial. ■ Lejos de contraponerse a las tendencias naturales, las virtudes arraigan y crecen en ellas como su humus nutricio. ■ La virtud se diferencia de las “buenas costumbres” porque éstas vienen de fuera, no las inventas creativamente, y pueden degenerar en rutina, alienación, conformismo y autojustificación farisaica, como ocurre en la llamada “moral victoriana” y en otras formas de puritanismo. Por desgracia “virtud” suena hoy en muchos oídos como equivalente a “buenas costumbres”, pero nada más lejos de la realidad. ■ La virtud posee una estabilidad intrínseca de que carece la costumbre. Mientras ésta es repetitiva, la virtud creativa, pues ésta virtud consiste en mantener el mismo ideal en circunstancias cambiantes, y eso requiere creatividad. La costumbre es rígida, la virtud es flexible. Ver artículo Vocación cristiana y moral.

virtudes infusas: Hábitos operativos infundidos por Dios en las potencias del alma para disponerlas a obrar sobrenaturalmente. Son, pues capacitativas de nuevas operaciones: no sólo facilitan la acción, como en el caso de las virtudes naturales. Se dividen en teologales y morales, según se refieran directamente a Dios o sólo a los medios para alcanzarle. ■ Junto con las virtudes naturales, las infusas forman una unidad: no son dos “colecciones” de virtudes yuxtapuestas.

vocación: Llamada que Dios dirige a cada persona para encaminarla a su perfección, que es la santidad, otorgándole las gracias necesarias. ■ La vocación es el horizonte de toda vida humana. El hombre, que según Nietzsche es un ser capaz de prometerse, puede tomar su vida con sus manos y hacer de ella lo que quiera: tener el coraje de ser él mismo, superarse, o bien engañarse, desistir de sí. En la vocación, pues, está comprometida la propia identidad. ■ La vocación es el sentido de la vida, y una vida con sentido es mucho más que una vida buena. En esto se distingue la ética cristiana de una ética sólo de virtudes, como el eudemonismo clásico. Vocación cristiana y moral.

 

 

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