Echar raíces

11 diciembre 2006

 

 

El Calvario

  

 

Salió fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura (Jn 19, 5).— Qué burla tan misteriosamente seria, qué fingimiento tan extrañamente verdadero. Representando el papel que los hombres le asignamos, Jesús representa al mismo tiempo el de Dios. Dios se nos revela en la misma burla que le hacemos. La máscara con que nos escondemos, jocosos, de su presencia, resulta que es su misma cara, ay, pegada a la nuestra.

 

* * * * * * * *

 

Salió fuera llevando…(Jn 19, 5).— Mezcla inefable de coacción violenta y rendido abandono. ¿Lleva estos aparejos porque le obligan o los asume por lo que significan, más allá de su carácter infamante? En Él puede más su realeza que la farsa con que intentan anularla. Es tanta su majestad, que los signos empleados para ultrajarla la testifican. Cristo hace que los símbolos ignominiosos (corona, andrajos, caña) se desdigan de su significado y proclamen, con hiriente lucidez, justo lo contrario: la augusta soberanía del Redentor.

 

* * * * * * * *

 

Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena (Jn 19, 25).— El moribundo parece solo, pues la muerte misma es la forma máxima de soledad. Pero las tres Marías le asisten iuxta crucem, iuxta mortem: en la orilla de acá de la vida, en el borde mismo, allí donde la barca del que muere suelta amarras y se va…

 

Porque asistir es más que despedir. Es participar misteriosamente en la muerte del que muere. Si el niño nace en y desde una mujer, ¿no es lógico que también desde una mujer iniciemos el viaje definitivo?

 

* * * * * * * *

 

Ahí tienes a tu madre (Jn 19, 27).— Ahí te doy de quién nacer y de dónde comenzar. Ahora que acabo mi vida te doy su comienzo. Ahí tienes mi origen, para que llegues a mi fin.

 

* * * * * * * *

 

Ahí tienes a tu madre (Jn 19, 27).— ¿Y dónde está la otra madre de Juan? Ahí mismo: es Salomé. Y seguro que aceptó con agrado ser reemplazada por María.

 

En María están todas las Salomés. Todas las madres de la tierra prolongan y acrecientan su maternidad en María, y a través de María quieren más y mejor a sus Juanitos. En María San Juan no sólo recibe a su madre Salomé sino a todas las madres del mundo.

 

* * * * * * * *

 

Tomaron su ropa e hicieron cuatro partes (Jn 19, 23).— Sin embargo no puedes repartirte a Cristo,: o lo tomas o lo dejas, pero siempre entero.

 

* * * * * * * *

 

Hicieron cuatro partes (Jn 19, 23).— Reducir para dominar; partir y sortear, para poseer.

 

“Más vale túnica en mano que mesías volando —dicen los pragmáticos—. La teoría está en la Cruz, la práctica está aquí, entre nuestras manos”.

 

Muchos listillos de este mundo razonan del mismo modo.

 

“Lo que me dices de Dios, de la santidad, del sacrificio, me parece muy bonito pero a la hora de la verdad, en la práctica, todo se queda en un poco de ropa, y además manchada”.

 

Prefieren lo que agarran con sus manos, aunque sean despojos, que abrir el corazón, aunque sea a la verdad.

 

* * * * * * * *

 

¡Revestíos de Cristo! —dice san Pablo (Rom 13, 14)—, cubríos con su Sangre redentora.

 

¡Pobres desgraciados, estos hombrecillos al pie de la Cruz! La sangre que les juzgará en el último día, la que acusa y oprime sus conciencias, se la visten. ¡Ay del hombre vestido de Cristo pero sin Cristo!

 

* * * * * * * *

 

Echemos suertes para ver de quién será (Jn 19, 24).— Los dados y la Cruz: el juego de los hombres y el de Dios. Él juega con ventaja pues sabe qué pasará, pero a diferencia de nosotros, Dios no apuesta algo sino todo: se entrega para que lo ganemos.

 

* * * * * * * *

 

Uno de los soldados le abrió el costado (Jn 19, 34).— Este soldado quiere dejar “su marca” personal, culminar con “su firma” la horrible obra de esta tortura.

 

“Por aquí pasé yo” escriben los gamberros en las paredes de los monumentos o en la corteza de los árboles. Sí, Jesús, justamente por aquí pasé yo, aquí estuve…

 

* * * * * * * *

 

En la Pasión del Señor se confabulan todos los pragmáticos biempensantes.

 

Hagamos cálculos, señores —dijeron los pontífices—, es mejor que uno muera por el pueblo, pues de ese modo quedamos los demás, que somos más cantidad (cf Jn 11, 50).

 

Seamos realistas —dijeron los previsores—,  si no acabamos con éste vendrán los romanos, destruirán nuestro lugar y acabarán con nuestra nación (Jn 11, 47).

 

Promovamos la concordia, la paz y la unidad —dijeron los políticos—, que el mutuo aprecio presida nuestras relaciones. Y entonces Herodes y Pilato se hicieron amigos aquel día, pues antes eran enemigos entre sí (Lc 23, 12).

 

Seamos serios por favor, —exclamó Pilato—, yo fundo mis decisiones en pruebas rigurosas, no en mojigaterías mujeriles.  Y apartó a su esposa que venía diciendo: no te mezcles en el asunto de ese justo; pues hoy en sueños he sufrido mucho por causa suya (Mt 27, 19).

 

¡Seamos tolerantes! —se dijo Pilato—. Yo sé que es inocente, por supuesto, pero no voy a imponer mi moral privada al pueblo, que me grita lo contrario.

 

¡Seamos clementes y benévolos! —suplicaba la multitud—. ¡Pobre Barrabás!, en el fondo es un buen chico.

 

Seamos científicos —gritaban los espectadores—, atengámonos a la demostración empírica del dato. Que baje ahora de la cruz y creeremos en él (Mt 27, 42).

 

Seamos fuertes y varoniles —exhortaban los oficiales—, duro con él, no os dejéis ablandar por estas lloronas, ¿qué esperáis que hagan, si son mujeres?

 

La justicia, qué gran virtud —exclamaban los soldados—; repartamos, por consiguiente, sus ropas de forma equitativa.

 

Obedezcamos como Dios manda —decían los diligentes guardianes—, dejar las cosas a medias es una chapuza. Y se sentaron al pie de la cruz, a vigilar que el reo agonizara con la debida lentitud (Mt 27, 36).

 

* * * * * * * *

 

Era discípulo de Jesús, aunque ocultamente por temor (Jn 19, 38).— Discípulos secretos: uno pide el permiso, otro trae ungüentos. Lo escondido sale a la luz. Oculta en la tierra, la semilla ha tardado en despuntar y ahora asoma, tímidamente.

 

La fe germina inopinadamente, cuando parece demasiado tarde.

 

* * * * * * * *

 

Aunque ocultamente por temor (Jn 19, 38).— Lo temes pero lo escuchas; lo niegas pero lo sigues; lo evitas pero lo observas. Gancho inesquivable, la verdad involucra, pringa, constriñe, desenmascara. Te metes de puntillas y al punto pierdes pie y tienes que nadar. Temes ahogarte pero te adentras en el lago. Temes lo que haces pero insistes en hacerlo…

 

¿Qué tiene Cristo-Maestro que puede con lo más inexpugnable de nuestro corazón, que es el temor?

 

* * * * * * * *

 

Ocultamente… Hay muchos Nicodemos y Arimateos agazapados. ¿Dónde están? Como la crisálida en su capullo están madurando su trasformación…

 

* * * * * * * *

 

Una mezcla de mirra y áloe (Jn 19, 39).— Lo primero que encontrará al resucitar serán estos perfumes y estos lienzos: el contacto de los que le aman, las caricias piadosas y bienolientes de sus fieles. Y así por siempre.

 

* * * * * * * *

 

El Cuerpo del Señor exhala el bálsamo de la esperanza que nos preserva de la corrupción, a nosotros, que somos sus miembros.

 

* * * * * * * *

 

El Cuerpo de Cristo, o sea la Eucaristía, huele a eternidad. La resurrección futura flota entre nosotros como un perfume. Se presiente, inaprensible inquietante, y  nos cautiva como el amor, que es el aire que respira todo enamorado.

 

* * * * * * * *

 

María de Betania unge muerto al que un día lo ungió vivo. Completa ahora lo de entonces: Al derramar ella sobre mi cuerpo este perfume se anticipó a mi sepultura (Mt 26, 12). Porque el perfume se difunde a entrambos lados de la muerte. Acá ya se huele lo de allá.

 

* * * * * * * *

 

Página principal

darfruto.com