Vía Crucis

14 enero 2007

 

 

 

T E R C E R A  E S T A C I Ó N

 

 

CAE JESÚS POR PRIMERA VEZ

  

Se veía venir. Tanta pena, tanto agotamiento, tanta sangre derramada pasa al fin factura al destrozado cuerpo de Jesús. El gentío que se agolpa a su paso, y que le insulta sin descanso, calla por un momento. Los legionarios se detienen. Se hace un silencio inesperado. Benjamín y Cayo, valientes, aprovechan la circunstancia y se acercan a Jesús. Antes de que nadie reaccione le acarician las manos y el rostro, y le dicen algo al oído...

 

Un oficial, de pronto, comienza a chillar y la emprende a patadas con los niños, que corren dando traspiés hasta esconderse entre la multitud. Benjamín y Cayo se miran satisfechos, y observan sus manos y sus pequeñas túnicas llenas de la sangre de Jesús. No les da asco, no ponen mala cara. Se sienten mejor que nunca. Entre tanto dolor van descubriendo una felicidad desconocida. ¡Qué gran milagro es el poder hablar con Él!

 

Jesús parece que no puede más. Está molido, completamente destrozado. Algunos piensan que puede morir allí mismo. Pero no. Con un esfuerzo enorme de su naturaleza humana tensa cada uno de sus músculos y se levanta. Encorvado bajo el peso de la Cruz da el primer paso, y después otro, y otro más.

 

Entre los que miran no todos escupen insultos. También hay gente buena, mujeres y hombres, que observan aquella tortura mudos de espanto. Ha tenido que ser el ejemplo de dos niños el que haya despertado en ellos de nuevo la  esperanza.

 

Cayo y Benjamín siguen ahí, quieren recorrer el mismo camino de Jesús. Hasta el final. Están empeñados en ello. Han comenzado a quererle. Es la aventura del Amor.

 

 

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